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  ENTREVISTA CARLOS PARODI TRECE CD
 
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Carlos Parodi Trece

Master of Arts en Economía, Georgetown University, Licenciado y Bachiller en Economía por la Universidad del Pacífico. Jefe del Departamento Académico de Economía e Investigador Principal del Centro de Investigación de la Universidad del Pacífico. Profesor principal del curso Economía I y de Microeconomía I, en el pregrado, y de Análisis Económico y Competitividad y Decisiones Económicas para la Empresa, en la Escuela de Postgrado. Sus áreas de interés son la política económica, la política social, las crisis financieras internacionales, el desarrollo económico de América Latina, la gerencia social y la economía de la educación, temas sobre los cuales ha publicado diversos libros y artículos.

Profesor mejor evaluado por los alumnos del Departamento Académico de Economía de la Universidad del Pacífico en los años 1998, 2002, 2003, 2004, 2005, 2006, 2007 y 2008 (PERÚ)

Estamos en los inicios de una crisis global, mundial, de proporciones sospechadas pero no cuantificadas. Esta entrevista pretende un intento de aproximación a la realidad.

Parece estar claro que el detonante fue la crisis inmobiliaria de las subprime, tanto en USA como en Europa… pero la situación podría remontarse a la Edad Media, al origen del dinero y del crédito. ¿Estas de acuerdo con esta introducción?

Desde mi punto de vista sugeriría dos maneras de comenzar: una primera, definiendo qué se entiende por crisis financiera para luego darle un marco histórico y asociarla con la evolución del capitalismo. Otra forma de comenzar, a lo mejor, muy normativa, enfocar la crisis actual como una crisis inherente al sistema capitalista. En lo personal me inclino más por la primera de ellas, pues es más neutra, sin dejar de lado que la crisis actual es una crisis del capitalismo (con lo cual la primera engloba a la segunda). Para llegar a esta conclusión estuve pensando y haciendo una ligera pesquisa, de la cual obtuve la siguiente información:

El primer banco fue creado en 1609 (el Banco de Amsterdam, con la garantía de la ciudad), como la “solución” a los frecuentes fraudes y falsificaciones de monedas. Aceptaba monedas a su valor intrínseco y deducía únicamente lo necesario para cubrir el gasto de acuñación y otros gastos administrativos; el valor restante era acreditado en libros y contra estas reservas de monedas, el banco emitía papel moneda o “dinero bancario”. Luego vendrían el Banque Royale de Paris, fundado en 1716 por un inmigrante escocés llamado John Law, banco que emitía billetes respaldados en las inversiones de Law en la Compañía de Mississippi, una empresa dedicada a buscar oro en Lousiana, Estados Unidos. Gradualmente el público fue dándose cuenta que los billetes emitidos por este banco no tenían respaldo, por lo cual muchos perdieron fortunas y en especial se generó una enorme desconfianza del público en los bancos y en los billetes. La primera experiencia bancaria exitosa fue la del banco de Inglaterra, fundado en 1694. El Banco se ganó la confianza del público y de a poco se convirtió en el guardián de la creación del suministro de dinero al gobierno inglés. De ahí que el problema, más que el crédito, sea la regulación del mismo.

Lo que constituye un problema mayor es la definición del dinero. Puede definirse a partir de sus tres funciones básicas: unidad de cuenta, medio de pago y depósito de valor. En términos históricos, y de acuerdo con Herodoto, el primer acuñamiento de monedas ocurrió en Lidia, entre los siglos VI y VII A.C.

Por lo tanto comenzaría así:

Nadie duda que el mundo está en crisis; tampoco que la crisis se originó en el sistema financiero de los Estados Unidos y de ahí se propagó, primero al resto del mundo occidental (Europa Occidental y Japón) y luego a las economías emergentes. Vayamos por partes. Comencemos por precisar el concepto de crisis financiera. Se trata de un concepto que a su vez necesita de algunas precisiones previas. En primer lugar, los mercados financieros cumplen un rol fundamental en la economía: canalizar los fondos a aquellos individuos o empresas que tienen oportunidades productivas de inversión. Si el sistema financiero no es capaz de cumplir ese rol, entonces se verán afectadas, tanto la eficiencia como el crecimiento de la economía. Para colocarlo en términos más simples, las entidades financieras se encargan de colocar los recursos ahí depositados por los ahorristas, a aquellos que deseen invertirlos; ello ha constituido el motor del crecimiento económico. Sin embargo, debe notarse que en el proceso descrito, quienes prestan deben emitir una opinión, un juicio de valor respecto de cuáles oportunidades de inversión son más riesgosas, pues a mayor riesgo, menor capacidad de repago y por ende mayor riesgo para aquellos que depositaron su dinero en el sistema financiero.

Este problema es lo que en economía se denomina “información asimétrica”, es decir, una situación en la cual en un contrato una parte tiene mayor información que la otra. Por lo general, quienes piden el préstamo tienen mayor información sobre el uso que le darán al dinero recibido, es decir, con el riesgo y los retornos de la inversión que van a realizar.

¿Cómo podrías definir esta situación?

A partir de lo anterior, puede definirse un período de inestabilidad financiera, como aquel donde algún evento (los economistas los denominan “choques”; pienso que en la crisis actual, hubo varios choques simultáneos: los cambios en tasas de interés y la creación rápida de productos financieros complejos) que afecta al sistema financiero interfiere con los flujos de información, de modo que el sistema ya no puede cumplir su rol de canalizar los fondos hacia oportunidades productivas de inversión.

¿Y es entonces cuando empezamos a entrar en una crisis?

Si la inestabilidad es severa, entonces se convierte en una crisis financiera, caracterizada por la incapacidad total del sistema financiero de operar y materializada en una pérdida de confianza, tanto de los ahorristas como de los inversionistas en el sistema, y por ende, dependiendo de la integración con otras instancias, caída de los índices bursátiles, restricciones del crédito, etc. Luego de ello viene el impacto del “crack financiero” sobre el sector real o productivo de la economía, que entra a un período de recesión. De ahí que una crisis financiera sea difícil de definir pero fácilmente reconocible cuando ocurre.

¿Qué relación tiene lo anterior con la crisis actual?

Toda crisis tiene un período de gestación, es decir, no se produce de la noche a la mañana; además, toda crisis ocurre dentro de un sistema determinado. Resulta más simple responder a la segunda pregunta: la crisis ha ocurrido dentro del sistema capitalista o para ponerlo en otras palabras, dentro de un sistema económico de libre mercado, sistema del cual es parte, un mercado financiero global; de ahí que no sea sorprendente que las zonas más afectadas hayan sido Estados Unidos, como origen de la crisis, la unión Europea y Japón, que juntos contribuyen con casi el 70% de la producción mundial. Esto no necesariamente descalifica al capitalismo; simplemente es la descripción de una realidad. Respecto de la primera pregunta, para que las entidades financieras presten más, deben contar con mayor liquidez y las personas deben estar dispuestas a gastar más (de modo que pidan prestado más a los bancos). Esto fue exactamente lo que ocurrió en los Estados Unidos.

Apuntaría las siguientes razones:

a. Las causas profundas de la crisis tienen relación con los enormes desequilibrios, tanto externos, como fiscales de los Estados Unidos en lo que va del siglo XXI. Dicho de otro modo, el país importó más que lo exportó y sus gobiernos gastaron más de lo que recaudaron, en ambos casos en exceso. Ello permitió un período de bonanza, dentro del cual las personas optaron por comprar inmuebles, pues se consideraban activos seguros. El sueño de la “casa propia” se convertía en realidad, para todo tipo de personas, incluidas aquellas que no tenían empleo, ni ingresos (fueron estas hipotecas las llamadas subprime, que representaron el 20% del total de las hipotecas hacia el año 2005). Para muestra un botón: entre el cuarto trimestre de 1996 y el primer trimestre de 2006, los precios de las viviendas en Estados Unidos, en términos reales, aumentaron en 86%. Esto es difícil de explicar por los “fundamentos” de la economía, pues los costos de construcción apenas subieron. Más aún, en el mismo período, el precio de los alquileres aumentó solo en 4%: ya estábamos ante una burbuja especulativa. Relacionando esto con lo esbozado líneas atrás aparece una pregunta: ¿cómo el sistema financiero de los Estados Unidos pudo prestar dinero a quienes no tenían respaldo para devolver los préstamos?

b. Ello nos lleva a la segunda razón: la tenue regulación exigida a los bancos y en paralelo el impresionante desarrollo de los productos financieros, que hacía que muchos de ellos quedaran fuera de la regulación. Las operaciones de securitización y varias más, tornaron tan complejo el sistema financiero, que resultaba muy difícil de entender. Y en esa coyuntura, de complicación y confusión es que debemos entender la siguiente causa.

c. La abundancia de liquidez fue generada por la brusca reducción en las tasas de interés de la Reserva Federal (FED), el equivalente al Banco Central, que en su afán de estimular la economía, luego de la recesión de 2001, redujo la tasa de interés en 27 oportunidades entre 2001 y 2003 hasta llegar a 1%. Las personas pedían prestado, compraban casas con el dinero recibido, lo que contribuía a que la propiedad aumentara de valor y por ende pidieran otro préstamo a otro banco, colocando como garantía la propiedad comprada (hipotecada) antes. Para complicar las cosas, en 2003, por los temores inflacionarios, dado el aumento de la capacidad de gasto, la FED decidió subir la tasa de interés en solo dos años hasta 5%, con lo cual aquellos que habían pedido préstamos, en la medida que lo habían hecho a tasas de interés variables, enfrentaron severas dificultades de repago. Los precios disminuyeron y se produjo el crack del sistema financiero, pues los endeudados ya no podían pagar. Lo demás es historia conocida: la FED revierte la subida y comienza a bajar en forma desesperada las tasas de interés, que llegan a 1% nuevamente, pero en un entorno de desconfianza, con lo cual los afectados ya no son sujetos de crédito. Entonces recurren a herramientas fiscales inyectando liquidez de todas las formas. Si bien es cierto esta última es la receta correcta (política anticíclica se diría en economía), para que funcione debe hacerse de manera regulada y en un entorno de confianza.

Tengo la impresión de que toda nuestra actividad económica ha estado equivocada, en el sentido que lo explica Annie Leonard en “La Historia de las Cosas”. ¿Es posible sostener una economía lineal con tendencia a infinito en un mundo finito?

Annie Leonard alude al exceso de consumismo y a la falta de visión de desarrollo sostenible, entendido este como la capacidad de generar altos niveles de crecimiento hoy sin afectar el crecimiento de mañana. Ciertamente todo el sistema económico parece estar orientado a aumentar el consumo, como si el bienestar material fuera el parámetro central para evaluar el grado de felicidad o bienestar de las personas. Ciertamente las personas requieren de cosas materiales, pues son un vehículo a través del cual se sienten mejor; pero ello es cierto siempre y cuando no se abandonen otras cosas tanto o más importantes, como la solidaridad, el cuidado del medio ambiente, etc.

Y ello, coincidiendo con Leonard sólo puede comprenderse a partir de una visión multidisciplinaria de las cosas. La historia económica no ha sido lineal, si por lineal entendemos una trayectoria constante; por el contrario, ha estado sujeta a muchos ciclos de auges y caídas; a períodos de sobre optimismo seguidos por otros de pesimismo; pero debe aprenderse de la historia. En una acepción más estrecha, de hecho el aumento del consumo material pareciera que tiene un límite, límite que es derribado por el avance tecnológico, que permite ampliar los bienes y servicios disponibles a disposición de la población. Lo curioso es que en medio de este proceso, la quinta parte de la humanidad es considerada pobre extrema.

Esto nos lleva a considerar si es posible entender la economía sólo desde una perspectiva económica …

No es posible entender la economía desde la economía, sino que se requieren conceptos extraídos de otras áreas como la historia, la demografía, la sociología, la antropología, etc. Es claro que en la crisis actual, la economía no se arregla desde la economía, pues el problema tiene un componente sicológico grande: la gente simplemente no cree. Dicho de otro modo, asistimos a una crisis de liderazgo, que es el camino para superar una crisis de confianza. De ahí que las inyecciones de liquidez, aunque necesarias, deben ser parte de un programa más integral. Además, si la crisis es global, la solución debe ser global.

¿Cuando hablamos de crisis global, nos estamos refiriendo a una crisis económica solamente? ¿No es parte esta crisis económica de una crisis de valores, de ideologías, en resumen, de una crisis de nuestra cosmovisión occidental?

La economía es una ciencia social, que tiene al ser humano como centro de estudio. La finalidad de cualquier estrategia económica es elevar el bienestar de las personas. Los resultados económicos son solo un medio, pues el fin es el desarrollo, entendido este en la versión de Sen, como la expansión de las libertades reales de los individuos. De ahí que la crisis global, no sólo sea económica, sino que debe analizarse desde una postura más global: es una crisis de “no saber qué hacer para ser feliz” y ello tiene relación con el excesivo afán resultadista y consumista al cual hemos sido conducidos. Falta ver más los procesos, los afectados por cualquier decisión, la solidaridad, etc. De hecho el mundo occidental está en crisis, más allá de lo económico y ello ocurre por la falta de una visión más amplia, es decir, no solo economicista, sino también valórica. Falta más humildad, más autocrítica; el desarrollo, y esto lo demuestra la historia, es un proceso endógeno, es decir, parte del interior de cada sociedad y no viene mágicamente desde fuera.

No quiero parecer pesimista, pero una mirada alrededor, a nuestro entorno, me dice que estamos viviendo otra crisis que podríamos llamar geoecológica, algo que James Lovelock describe con aterradora habilidad en The Revenge of Gaia. ¿Estas crisis (económica, ideológica y ecológica) están relacionadas, se retroalimentan, o podemos enfrentarlas con independencia unas de otras?

Desde mi punto de vista es imposible la separación de las ciencias sociales; la crisis es transversal y como tal debe enfrentarse con una visión integral, adaptado a la realidad de cada país. Justamente por querer enfrentarla desde la perspectiva de una de ellas, es que no es posible aún superarla. La realidad nos muestra el mejor ejemplo.

Las crisis siempre han existido y se dice que son cíclicas. Hay ejemplos en la Historia de la Humanidad de crisis económicas tan complejas, tan imbricadas con cambios geológicos, sicológicos y sociológicos?

De hecho sí; Kindleberger (1978) describe e interpreta la historia de las crisis financieras en Europa Occidental desde el siglo XVII. Sostiene que los excesos especulativos, que denomina “manías” y el ajuste luego del mencionado exceso, en la forma de crisis, ocupa un lugar común en la historia. En otras palabras, las crisis financieras han estado asociadas a burbujas especulativas (esto es, aumento de ciertos precios de activos, más allá de los fundamentos que los subyacen), pero de hecho para que ello ocurra debe haber un componente indispensable: la mayor liquidez, generalmente en la forma de créditos otorgados por el sistema financiero. Ello siempre ha ocurrido. La diferencia con la crisis actual puede observarse en dos niveles: la complejidad de los instrumentos financieros que dificultan su regulación y la presencia de gobiernos que actúan como prestamistas de última instancia, es decir, como “inyectores de liquidez”. Inicialmente se pensó que la crisis estaba localizada en el sector hipotecario, pero luego se expandió al sistema financiero, no solo de los Estados Unidos, sino de todo el mundo. Para algunos investigadores es comparable con la crisis de 1929 o la de 1908; sin embargo ellas estuvieron confinadas a lo que conocemos como “civilización occidental”; hoy, como consecuencia de la integración financiera (la denominada globalización financiera), los impactos de la crisis han ido más allá; de ahí, la aparición de los planes anticrisis, planes de países aún no afectados, que esperan los coletazos de la crisis. Nadie sabe cuándo terminará.

Durante la crisis de los petrodólares en España se discutía si esa crisis tendría forma de V (una caída seguida de una rápida recuperación), o de U (una caída con un período más o menos corto de depresión y luego la recuperación), o de L (es decir, una caída seguida de una larga o muy larga depresión). ¿Cómo podríamos representar a la actual crisis económica? ¿O lo que es casi lo mismo, cuánto durará esta crisis?

Aunque sea muy complicado aventurarse, considerando que la crisis aún no se revierte, me parece que tendrá forma de L; desde que comenzó la crisis, el número de desempleados, consecuencia de la misma y solo en los Estados Unidos, ya supera los 2 millones. Estamos en plena crisis; podría decirse que, con seguridad durará todo el año 2009 y casi todo el año 2010; puede ser más, pero no me atrevería a afirmarlo; pero menos, no lo creo. Fíjese que las políticas anticíclicas ya han sido aplicadas en Estados Unidos y Europa, sin éxito. Y eso ocurre porque en una crisis de confianza no se trata de un tema solo técnico, sino de confianza; y la confianza se recupera con liderazgo, que no existe en la actualidad.

La famosa crisis del 29 realmente se hizo sentir en la población uno o dos años después de la caída de la bolsa y se aplicaron recetas keynesianas para salir de ella. ¿Siguen siendo válidas estas recetas? ¿O será necesario repensar toda la Economía?

A mí me parece que la confianza en un libre mercado autorregulado se ha terminado; la edad de oro del capitalismo ocurrió durante la vigencia de los acuerdos de Bretton Woods, entre 1945 y 1971: en términos simples, libre comercio internacional de bienes y servicios pero flujos de capital privados altamente controlados. La gran duda hoy, dado el avance tecnológico, será como recrear el sistema anterior, de origen keynesiano, pero tomando en cuenta los adelantos en la tecnología de la información, que permite mover dinero (aunque sea solo contablemente) de un país a otro apretando la tecla de un ordenador personal. De ahí que en general, las recetas keynesianas son válidas, pero se hace necesario repensar cómo pueden aplicarse a un mundo tecnológicamente más avanzado. Temas como ¿quién supervisa o quién regula? Estarán en la palestra en los siguientes años.

¿Cómo afectará esta crisis a las economías ‘emergentes’ de América latina? ¿Hay alguna posibilidad de encontrar oportunidades en las amenazas?

Los canales son los siguientes:

a. Recorte de líneas de crédito del exterior, de bancos privados fuera a bancos privados dentro. Por lo tanto, menor nivel de actividad económica. La última predicción del Banco Mundial, de diciembre 2008, alude a un crecimiento de la región de solo 2.1% en 2009. En el caso peruano, comenzamos con una proyección pre-crisis de 9%, para luego bajar a 7%, a 6.5% y la última proyección es de 5.2%. El mayor desempleo será la expresión más evidente de lo anterior. Esto habla por si solo de la magnitud de la crisis.

b. Disminución de las exportaciones, no solo de materias primas, sino también de productos con valor agregado, como los espárragos. El cobre está a la mitad de su precio histórico, han caído todos lo metales, la harina de pescado, los espárragos, etc. Está claro que las economías que crecen son aquellas que diversifican, no las que se especializan.

c. Menores precios de las materias primas.

d. Menores remesas, como consecuencia de lo anterior.

Esto plantea un problema externo; es decir, es esperable que la región importe más de lo que exporte, revirtiendo la tendencia 2004-2007. Mientras existan reservas, es posible mantener esta situación, pero llegado un momento podría requerirse de un crecimiento menor aún, para importar menos. El gran problema está en que no se aprovecharon los momentos de auge para diversificar las exportaciones.

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Entrevista realizada por Máximo Kinast, corresponsal de la Revista Documentación en Perú.
 
 
             
 
 
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