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Profesionales de la
Información y Documentación

Directora del Museo de la Palabra del SODRE (Servicio Oficial de Difusión, Radiotelevisión y Espectáculos) del Uruguay.
¿Cómo y cuándo nace el Museo de la Palabra del SODRE? ¿Cuáles son sus orígenes?
El Museo de la Palabra del SODRE (Servicio de Radiodifusión del Estado) surge en el año 1959, estamos a mitad de cumplir 50 años, como Archivo de la Palabra del SODRE y se crea a imagen y semejanza del Archivo de la Palabra de Madrid. Justamente para preservar las voces locales de personajes, de personalidades que tuvieran que ver con el quehacer cultural del país. Surge en el ámbito de la Radio Oficial, en el SODRE, donde operadores de grabaciones de radio, cuando grababan charlas interesantísimas a juristas, doctores, cientistas, escritores, científicos; para después ser emitidas por radio en “charlas magistrales” que tenía el SODRE, les daba lástima que se perdiera eso, que fuera solamente aprovechable en el momento de la emisión; de alguna forma capturar esas conferencias y guardarlas. Empezaron a archivar las grabaciones, en cintas magnetofónicas muy similares a las que tú ves acá, en el sector de grabaciones para crear después ese Archivo de la Palabra. O sea, que surge institucionalmente en el 59’, pero la idea era anterior, por sensibilidad de esos funcionarios del SODRE, que decidieron no borrar, ni volver a grabar sobre esas cintas.
¿Existe ese material en la actualidad? ¿Dónde está?
Sí, sí. Está acá en el SODRE. Parte, en el depósito de la radio y otra parte, está acá a la vista. Es un material que ya está respaldado, ya está digitalizado, pero como documento original están esas cintas, esas grabaciones. Hay un material que se ha perdido, porque el SODRE ha tenido varias mudanzas desde esa época hasta ahora. Esa diáspora ha quedado, se han recuperado muchas que habían ido a otras secciones y después vuelven al Museo de la Palabra. Ese es el origen, en el 59’ como Archivo de la Palabra. Después, cerca de la década del 70’ el Archivo de la Palabra deja de existir. Queda solamente como un depósito de grabaciones. En ese momento el SODRE deja su vieja dirección de Mercedes y Andes. La radio se va a la planta emisora y allí, hay que suspender determinadas actividades por falta de lugar de trabajo. Una de las que se suspende es el Radioteatro. Deja de trabajar porque no había lugar para ensayar. No había cabina de grabación. Era prácticamente aire todo. Y uno de los lugares que deja de existir es el Archivo de la Palabra. Ese material queda archivado en cajas. En el 83’, la radio pasa para este local de la Ciudad Vieja y acá, se comienzan a juntar las secciones que se habían separado. Vuelven a funcionar áreas que estaban sin funcionar, como era el caso del Archivo de la Palabra. Con una idea errónea se le cambia el nombre a Museo, para que sea abierto a todo público. Es a partir de fines del 84’ que el Archivo de la Palabra, se transforma en Museo de la Palabra.
Si tuviese que hablar del acervo, ¿qué destacaría, qué joyitas tiene el museo?
Hay varias joyitas, algunas con símbolo positivo, otras con símbolo negativo, pero hay varias. Fíjate que acá estamos hablando de grabaciones, lo que tenemos es la palabra, la voz hablada, la palabra hablada. Están los discursos políticos, por ejemplo, de Terra del 38’, cuando deja Terra y asume Baldomir, la transmisión de mando, de ese momento a la fecha. Creo que hay dos extraviadas, dos transmisiones de mando que no las tenemos; pero son documentos que se guardan, que están acá, donde no solamente escuchas la palabra, sino que puedes analizar el discurso político, qué diferencias y qué similitudes.
Por eso debo deducir que entre los usuarios hay muchos semióticos
Sí, porque el nombre de Museo de la Palabra para muchas personas no es algo claro. Vienen a preguntar qué tenemos acá. Justamente si bien no fue esa la idea original; la idea original era escuchar de su propia voz a los hacedores. Tú, escuchar a Juana de Ibarbourou en su propia voz. Puede ser, un Benedetti o un Galeano, que los tenemos, que están en los medios de comunicación y es más fácil. Pero escuchar a un Felisberto (refiriéndose a Felisberto Hernández) escuchar voces que no son cercanas, voces que no existen. Dijera Paco Espínola: “que el hablante haya enmudecido ya”, tener la voz, la cercanía de algo tan personal, como la huella digital, tan personal como es la voz que nos transmita su obra. Esa era la idea fundamental, que las generaciones siguientes pudieran conocer la obra en la voz de sus autores. Pero sin embargo, está esa otra área, que vienen, de repente, a buscar los politólogos, a ver cómo ha cambiado el discurso, pero también cómo ha cambiado el lenguaje, el uso del lenguaje, cómo han cambiado las metáforas, cómo han evolucionado. Uno se involucra también con el usuario que no es un usuario común, éste no es un museo de tiempo libre, no es un museo para el ocio, es muy difícil que vengan grupos un fin de semana. Si bien es abierto a todo público, el público que viene acá es el estudiante, y el estudiante avanzado, tampoco es el estudiante joven, es el universitario, terciario, es el productor, el periodista y es el investigador, el investigador literario y también el investigador de su propia historia. Hay gente que viene a escuchar el discurso de personajes que ni siquiera le son afín políticamente, partidariamente. Pero dicen: “Quiero escuchar la voz de Fulano, porque cuando yo era chica mi padre me llevó a un acto donde hablaba…” O “Quiero tener la voz de Fulano de Tal que era mi profesor…”
¿Podríamos decir que es una especie de Genealogía de la palabra?
Sí, me doy cuenta que sí, que hay un público que viene buscando su propia memoria; no es la memoria colectiva de un lugar, la identidad de una población, viene buscando su propia historia.
Y ¿con fines terapéuticos?
Y bueno, los sonidos tienen esa finalidad. Hay palabras que te causan mucha paz, palabras que te llenan de una sensación de placer, más allá de lo que digan, sin prestar atención al contenido, son palabras que son muy agradables de sentir, no con el oído, de sentir ampliamente. Como hay otras que no, que decís: “Por qué lo habré escuchado, era más lindo leerlo”, es una voz que distrae, no podés llegar al contenido porque la voz interfiere con lo que está diciendo.
De la época de la dictadura, ¿qué podemos encontrar?
Poco, porque en ese momento el Museo de la Palabra estuvo cerrado. Un tema de memoria también. Lo que hay de la época de la dictadura fue conseguido en forma posterior, por donaciones, por archivos privados que se acercaron. Entonces sí, hay algunas joyitas, como la voz de determinadas autoridades que son utilizadas para estudios posteriores. Pero no que las haya recolectado el Museo. En ese momento lo que existía, más que nada, era el cuidado de la parte literaria. Se siguieron entrevistando o haciendo programas de radio con los archivos del Museo de la Palabra con grabaciones, que tuvieran que ver con el ámbito literario, no político.
¿Los docentes son usuarios del museo?
Los docentes, poco. Los docentes que tenemos se repiten, son los mismos.
¿Es porque no saben o es por falta de interés?
Puede ser falta de interés, pero sobre todo es un problema de difusión también. Nos vamos manejando siempre con los mismos. Ahora, Primaria y Secundaria están trabajando con una página para acercar material a los mismos docentes, un centro de información para los docentes. Descubrieron que existía el Museo de la Palabra y vinieron a buscar material para que los docentes pudieran saber que, por ejemplo, los mismos autores que ellos trabajan, algunos nacionales y otros latinoamericanos, están y que ellos puedan trabajar con un Felisberto Hernández, un Paco Espínola, que puedan trabajar con un Borges, o con un Cortázar, o con un Neruda del Museo de la Palabra.
Aporta calidez humana
Sí, el leer un cuento y escucharlo es muy diferente, a veces te aporta y a veces no. Hay autores como Paco Espínola que es un placer escuchar, escucharlo a él enriquece; por más imaginativa que yo pueda ser, su palabra me aporta muchos más datos que sus textos. En cambio hay autores que no, que prefiero leerlos.
Pero conocer al autor a través de su voz, lo vuelve más tangible…
Exacto, eso es lo que buscamos también. Esa era un poco la idea original. Se van ampliando a medida que las necesidades surgen también. Pero esa era la idea original. Retomando el tema de los usuarios docentes, lo que tenía para comentar es que entre los usuarios del Museo de la Palabra tengo más usuarios del exterior del país que del interior.
¿Cómo se enteran esos usuarios del exterior?
Se enteran por “tradición oral”, el boca a boca; sobre todo de centros universitarios, centros de estudio donde han estado uruguayos, donde han estado exiliados, donde han estado como docentes, o como estudiantes, comentan del Museo de la Palabra y cuando vienen a Uruguay buscan dentro del circuito de museos y llegan al Museo de la Palabra. La gran ventaja de este museo es justamente encontrarse en la Ciudad Vieja, en un centro donde hay muchos museos históricos, antropológicos, y está también el Museo de la Palabra en la zona geográfica de Montevideo. Entonces es fácil para los extranjeros venir, es decir, conocen la existencia de este museo y vienen a buscar material.
Pero siempre a través del boca a boca, ¿no figuran en alguna guía o en Internet?
No, ¿en alguna guía del exterior? No. Estamos en Internet desde hace muy poco. En este momento la página web del SODRE se está reestructurando y eso también hace que en poco tiempo tengamos el material del museo en la página. Por lo menos, un buen catálogo para que puedan acceder a ver qué material hay.
Cuando hablamos de servicio al usuario, ¿qué es lo que vienen a buscar y qué es lo que se llevan, qué soporte?
La gente viene a buscar, grabaciones de determinado personaje o personalidad, o grabaciones que hablan de determinados temas. De repente, piden: “Me interesa la obra de… o lo que haya grabado”, como decíamos, “Paco Espínola, los cuentos de Paco Espínola, tal y tal cuento, llevarlo para escucharlo en casa o para trabajarlo con mis alumnos o porque lo voy a utilizar en un programa de radio o en un programa de televisión”. Pero también está el otro usuario que viene a buscar temas: “quién habló del voto femenino”, o “qué grabaciones tenés donde se hable del aborto” o “quién habla de la obra de Vaz Ferreira.” Ahí tenés que buscar por tema, más que por voz. Ubicado el material que quieren, hacen su pedido, dejan un CD y se les entrega una copia del material solicitado en 24 horas. Esa entrega de material es sin costo. El usuario tiene que traer tiempo y un CD.
¿Trabajan con un software a medida?
Sí, a medida, primero porque trabajamos con sonido, no olvidemos que esto es una sección de la radio del SODRE. Así que también trabajamos con programas que tienen sonido.
¿Por ejemplo, puede venir alguien que está pensando en una película?
Siempre y cuando sea parte del acervo, sonidos, palabras. Muchos vienen a buscar efectos de sonido, que no tenemos, o vienen a buscar campañas publicitarias, o jingles. La parte musical no está en el Museo de la Palabra.
Me decía que está todo digitalizado
Sí, hay una parte que no está digitalizada, que son grabaciones que estaban en muy mal estado y preferimos no manipularlas y esperar a tener las condiciones que nos permitan manejar con más seguridad esa parte.
¿Si me tuviera que decir en cantidad de voces?
En cantidad de voces… porque acá manejás: horas de grabación, cantidad de voces y cantidad de grabaciones. Porque cantidad de voces, tenemos unas 1.147, eran hasta hace un par de semanas. Como esto se va actualizando semanalmente, porque tenemos las grabaciones de los programas de radio de las emisoras del SODRE, que es una incorporación semanal, no quedó encausado en determinada época. Mil ciento y pico de voces eran hasta hace un par de semanas, pero en grabaciones hay muchas más, porque hay personas que las tenemos grabadas en distintas épocas. De un Mario Benedetti tengo grabaciones del 60`, del 70’, del 80’ y del 90`’, diferentes momentos de su vida; y hay otros, que es el caso de Joaquín Torres García, que no llega a un minuto la grabación, son 59 segundos. A veces no es el número de personas, ni el número de voces, u horas de grabación. Sí, hay cosas que están grabadas dos veces, porque nos llegan por dos vías. Por ejemplo, la grabación que hace el SODRE de un acto en el Paraninfo de la Universidad, de repente ya lo tenemos porque el SODRE lo grabó, pero el Paraninfo nos acerca una grabación. Ese material lo tenemos dos veces y es el mismo evento o acto.
Independientemente de la política de grabar todo lo del SODRE, ¿hay otra política para captar otras voces o es simplemente lo que se acerca?
No, lo fundamental es lo que obtiene el SODRE. Que lo obtiene aquí en sus estudios, estudios de grabación o por entrevistas, o sus programas de radio, pero también las transmisiones que hace el SODRE. Por ejemplo, el SODRE va a transmitir un encuentro de Ministros en el interior del país, ahí graba el SODRE, es el material que ingresa. También hay instituciones que donan el material, son pocos los casos que hay, pero sí, han donado. Por ejemplo, la Alianza Francesa hace un par de años hizo todo un estudio, digitalizó material que tenían en discos y en cintas; parte de esos discos y esas cintas vinieron para el SODRE. La parte musical, para la discoteca; la parte hablada pasó para el Museo de la Palabra.
De todo lo que tienen acá, ¿hay respaldo? ¿Dónde se encuentra?
Sí, hay respaldo de todo el material. No en este espacio físico. Está dentro del SODRE pero en un depósito que hemos cuidado, que no esté afectado por luz, por humedad, cuidado. Hay respaldo porque no se manipula el material original. Una de las cosas que llama la atención del Museo de la Palabra, es algo tan mágico y tan humano como es la cercanía con la voz. Acá hay mucha gente que escucha a alguien, no por el contenido, se emociona por escuchar la voz de… Vaz Ferreira, porque fue su profesor, o de Clemente Estable. No es que está admirando lo que está diciendo, se emociona a punto de llorar.. Yo he terminado llorando de repente porque alguien se emocionó escuchando la voz de quien fue su profesor o que fue amigo de su padre. Esa cercanía a mí, me maravilla porque no es solamente la finalidad de estudio o la finalidad intelectual, sino es el rescate de relaciones muy personales.
Como que hay también un lazo afectivo allí. Lo que hablábamos anteriormente de buscar las raíces, de nuestro pasado reciente
Sí, por supuesto. Está muy marcado por lo afectivo, por las emociones. No es tan frío como el investigador frente a un documento. Que quizás sea mi juicio, pero imagino que hay una cuestión más de lejanía. Acá se da como una cercanía. No es la grabación de esa persona hablando en una plaza pública. No. Es la voz de esa persona cerquita, ya casi ahí en el oído de ese otro usuario, es casi personal, es como el contacto con la radio. El locutor en la radio no le habla a las masas, le habla a aquél que tiene el auricular puesto, que va escuchando la radio.
¿Más voces de hombres que de mujeres?
Sí, muchísimas más voces de hombres que de mujeres.
¿Niños?
No, niños, no tengo. Niños no vienen tampoco. No es un material atractivo para el niño. El niño está más habituado al videoclip. Muchos sentidos puestos en juego en un tema. El escuchar solamente lo hace muy poco tiempo. Pero sí, los docentes. Porque pueden dosificar esa grabación y pueden mostrar parte. Trabajamos más que nada con chicos grandes, de secundaria, después que empiezan a tener, por ejemplo, Literatura. Se acercan, un poco como fastidiados, “Me mandó la profesora” y nos ponemos a conversar… Hay algo en lo que ha avanzado el Museo de la Palabra, que es el archivo de grabaciones de Radioteatro, el Radioteatro del SODRE. Entonces, cuando les digo a los chiquilines que hay radioteatro, que no lo conocen, porque no lo escucharon; no sabían que era un género también para llegar con un mensaje de una forma más telúrica y hacen planes para hacer un radioteatro con los temas que ellos mismos eligieron. En fin, se van con otra cara.
Para concluir, esta oportuna reflexión:
“Sin documento no hay historia” ha sido la respuesta a cualquier esfuerzo por incluir fuentes orales en investigación histórica. Sin embargo en esta era moderna de cambios rápidos como consecuencia del advenimiento de las telecomunicaciones, computadoras y tecnologías de la información, correo electrónico e Internet, ya no podemos continuar sosteniendo eso. Solía suceder que las cosas cambiaban diariamente, semanalmente o mensualmente pero ahora estamos hablando de información al instante que cambia a la hora o al minuto. Irónicamente, los estudios han demostrado que el “boca a boca” ha estado con nosotros desde tiempos inmemoriales. Parece ser como un círculo vicioso, debido a la velocidad de la comunicación, la palabra hablada está cobrando importancia nuevamente.
Lily Tan
Estrategias Archivísticas para fuentes orales en el Sudeste Asiático.
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Entrevistadora: Vilma Castro
Archivóloga (egresada de la UdelaR). Técnica en Comunicación Social (egresada de UTU). |
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