Fundación Ciencias de la Documentación Implícate | Contactar  
 
La Fundación | Fines | Actividades | Publicaciones
     
  FIRMAS: MARÍA NELLY GÓMEZ CIRO CD
 
  La Fundación no se identifica necesariamente ni se hace responsable de las opiniones vertidas en la sección FIRMAS.  
Sociedad de la Información
Publicado el 7 de Diciembre de 2007
 

De los calabozos al ciberespacio

María Nelly Gómez Ciro
Archivera - Bibliotecaria
Instituto para el Desarrollo de Antioquía - IDEA

María Nelly Gómez Ciro La evolución de la escritura y la lectura es una huella que deja el paso del tiempo y la aparición de nuevas formas de comunicación entre los seres humanos de todos los tiempos. Es tan notoria la influencia que tienen estos dos elementos que incluso su aparición es la barrera sutil que partió la presencia de nuestra especie en pre e historia. Desde la comunicación mural en el antiguo Egipto, los códigos y pergaminos romanos y del medio oriente, hasta el sutil papel de seda de la china milenaria, hemos tenido los hombres y las mujeres privilegiados (aunque no debería ser tan excluyente ese derecho fundamental) en contar con formas en donde los símbolos y los gráficos se transforman en testimonios de evolución y legados de conocimiento.

Lo que también ha cambiado con el paso de los siglos es la forma como la humanidad preserva y accede a esos textos y amplía, verifica o renueva su visión del mundo. Templos, palacios, monasterios, antiguas universidades e incluso celdas y catacumbas han albergado los escritos y se convirtieron en santuarios para la lectura y la escritura. Con la aparición de la imprenta de Gutemberg la publicación de los libros pudo de alguna manera alcanzar un carácter más colectivo pues se amplio la capacidad de producir textos en diferentes idiomas y en una mayor cantidad reduciendo considerablemente el tiempo que acarreaba el proceso. De ahí que el libro se convirtió un una unidad de saber cuyo acopio y consulta dio lugar a la apertura de numerosas bibliotecas a lo largo del planeta.

Lo que resulta paradójico es que tan sólo hace 15 años (unas milésimas de segundo de nuestra edad como especie) se pudo superar la barrera de las distancias geográficas. No era raro entonces que un libro no pudiera ser leído simplemente porque su edición fue realizada en un sitio distante, no era extraño que los textos traspasaran latitudes luego de años e incluso décadas después de su publicación. La Internet dejó atrás esa limitante pues dio acceso a personas de todo el orbe a formas de conocimiento y a textos lejanos a los que tal vez de otro modo no hubiese conocido jamás.

Pero la Internet no sólo modificó la forma de lectura y la adquisición de textos. También transformó a las bibliotecas en un lugar mucho más dinámico. Las búsquedas de material a través de las bases de datos (no sólo en la biblioteca misma sino de manera remota) permitió a los usuarios tener dos condiciones preciosas: La certeza de saber en donde encontrar el material que buscaban y la reducción notoria del tiempo que esa tarea implicaba. Para quienes las bibliotecas son más que un centro de almacenaje de libros, para quienes son un sitio de servicios para el conocimiento, la Internet derrumbó otras distancias y les llevó de manera exacta al tema de consulta de su interés.

Agilidad, precisión, dinamismo, intercambio de conocimientos, en suma eficiencia en la búsqueda de la información, cambió la cara de las bibliotecas y multiplicó su capacidad de servicio. Los anaqueles y estantes ahora están por todas partes, a la espera de que muchos entremos al ciberespacio para seguir escribiendo y leyendo nuestro testimonio como género humano en el segmento del tiempo que nos corresponde.

Subir Subir

 
  ARCHIVO  
     
  De los calabozos al ciberespacio  
  7 de Diciembre de 2007  
     
  Ver otros columnistas  
Su click nos ayuda a seguir trabajando ¡¡¡GRACIAS!!!

 

 
             
 
 
© 2008. Fundación Ciencias de la Documentación