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  FIRMAS: JAIME YANES GUZMÁN CD
 
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Sociedad de la Información
Publicado el 4 de Noviembre de 2007
 

Sociedad, Ciencia y Enseñanza Superior

Jaime Yanes Guzmán
Licenciado en Ciencia Política. Doctor en Filosofía
Profesor Universidad de Chile y de la Universidad Tecnológica Metropolitana Virtual

Jaime Yanes Guzmán GLOBALIZACIÓN DE LAS COMUNICACIONES

El acelerado incremento de las comunicaciones ha convertido al mundo en una unidad: lo que ocurre en cualquier parte del planeta se conoce al instante en otros lugares. Con ello se ha iniciado la era de la información electrónica, de los flujos y redes de energía, de la producción descentralizada y tecnotrónica y la diversidad de las unidades productivas. Esto ha desarrollado nuevas formas de trabajo: la cooperación igualitaria, el cambio y la innovación permanente, el trabajo en equipo, el teletrabajo y la calidad total, entre otros.

Nuestra civilización es la sociedad de las comunicaciones. La red comunicacional está refundando la gran urbe planetaria que tiende a superponerse sobre todo, recreando los viejos conceptos de tiempo y espacio, mutando constantemente las relaciones entre lo local, lo regional, lo nacional y lo universal y dando paso a nuevas formas de relaciones entre los seres humanos: la soledad del individualismo y al mismo tiempo, el incremento de los lazos a través de pulsaciones electrónicas impersonales.

Las comunicaciones, la información, los datos, la innovación, la imaginación han transformado a los recursos humanos en el principal factor de la producción. Ha surgido una nueva economía de la indagación, de la búsqueda, de la investigación persistente y tesonera. Vivimos en la sociedad del valor agregado, anexo, añadido, con el conocimiento interviniendo directamente en la producción. Las autopistas de la información complejizan aún más las comunicaciones, pasando a primer plano la gestión de la información que la propia informática. En este marco, las nuevas tecnologías de las comunicaciones tienen como norte la utilidad, subordinando con ello a la propia ciencia que le dio vida, tecnologías que sólo crean procesos y esquemas y se alejan cada vez más de los valores de la vida, deshumanizándola. La universidad puede ayudar a revertir esta última situación.

EL MERCADO

La economía de mercado se ha formado por medio de la destrucción de todos los controles que pudieran impedir su licencioso desempeño. En este plano, la relación economía-política ha variado substancialmente, independizándose la primera de la segunda, siendo subordinada la política a la economía. Es la propia economía la que se “autocontrola”, permeabilizando con ello también las fronteras nacionales.

Hoy día vivimos un mundo en que los mismos fenómenos se desarrollan casi simultáneamente en todas partes. La globalización de los mercados no es obra de las administraciones locales, sino de los intereses transnacionales que controlan las comunicaciones. Son estas fuerzas las que vinculan el comercio y las finanzas, las estrategias empresariales, el cambio tecnológico y la movilidad de los capitales, especialmente los especulativos.

La mundialización de la economía está creando criterios comunes para racionalizar mercados, establecer relaciones económicas, asociar progreso exclusivamente con crecimiento tecnológico, criticar y debilitar el Estado e integrar económicamente a diversas regiones. La lucha es entonces, por nuevos mercados, intensificándose con ello la búsqueda de la reciprocidad económica, la competitividad, la necesidad de alianzas y la terciarización de la economía.

Pero como señala Igor Saavedra, premio nacional de ciencias, los dueños del mercado siempre piensan a corto plazo, especialmente cuando se trata de ganancias. Por esta razón, la política debe recuperar su preocupación por lo público, por el destino de toda la sociedad, y en primer lugar por el papel que en ella juega la economía. El mercado no puede ser entendido como un fin en sí mismo. Es un instrumento que mide eficiencia y debe tener por objetivo el bienestar popular, la modernización pertinente de la comunidad , la equidad social y el desarrollo sustentable. Para lograr esto, el mercado debe ser puesto de cara al pueblo.

El mercado no puede actuar ciegamente, debe ser regulado desde los gobiernos centrales y locales, donde este último también se haya desarrollado. No pueden quedar a merced del mercado por ejemplo, los proyectos científico-tecnológicos de largo plazo, el desarrollo de la cultura y de la ciencia, el rol de las universidades en el desarrollo del país, los programas sociales y ecológicos, etc.

LA TECNOLOGÍA Y LO SOCIAL

Al permeabilizar las fronteras nacionales, la globalización de las comunicaciones y de los mercados está profundizando la amenaza a la existencia independiente de los Estados-naciones, agudizando los serios dilemas sociales ya existentes en las diversas regiones del mundo dependiente y dificultando a sus gobiernos la capacidad para superarlos. Y por el momento esta situación no tiene ninguna posibilidad de ser detenida a través de organizaciones internacionales.

En la lucha entre lo global y lo local, se privilegia lo primero, dificultando el fortalecimiento de lo pequeño. El intento de fortalecer la identidad de los grupos étnicos, religiosos, sexuales, juveniles, regionales, locales es reprimido. Se ponen innumerables barreras para desarrollar la particularidad. Los países se manifiestan en la arena internacional sólo como expresiones culturales que buscan alcanzar determinados objetivos, pero que fracasan ante la prepotencia de las corporaciones transnacionales.

Los abismos culturales crecen exponencialmente, transformando cada vez más la conexión de grandes agrupaciones poblacionales de los países tercermundistas con el mundo desarrollado en una relación marginal. Crece la contradicción entre formatizados y desformatizados, entre los que manejan los códigos digitales y los analfabetos cibernéticos, en fin, entre las naciones que agregan valor intelectual a su producción y aquellas que basan la suya sólo en una descarada y brutal explotación de la fuerza laboral.

La tecnología no es el diseño de cosas físicas, sino que busca crear proceso más prácticos, cambiando drásticamente lo que significa manejar y actuar en una organización: reduce la gestión y la naturaleza del trabajos. La tecnología a través de datos e ideas crea nuevas riquezas, es un salto importante hacia nuevas formas de producción y de organización del trabajo.

Pero al mismo tiempo, junto al progreso tecnológico y material que tiende a favorecer sólo a minorías privilegiadas, se está provocando una enorme disminución de los puestos de trabajo. Se lanza al abismo de la marginalidad y pobreza, del subempleo, del consumismo trivial, de la crisis ética, cultural, política y ecológica a la mayoría de la nación. Surge la paradoja que la “sociedad del progreso” empieza a estar inalcanzable para mayoritarios sectores de la población mundial. El propio Norbert Wienwr, inventor de la cibernética al señalar las propiedades de esta nueva ciencia, al mismo tiempo pronosticó sus consecuencias allá por 1948: la extinción del trabajo, las características del nuevo poder en base a la tecnología, las transformaciones de la inteligencia y los nuevos parámetros del espacio, el tiempo y los cuerpos. Ningún gobierno lo tomó en serio.

Según datos de la última Cumbre Social organizada por las NN UU, los problemas sociales se agudizan: más de mil millones de habitantes del mundo viven en la pobreza extrema y la mayoría de ellos padecen hambre cada día. Las tendencias insostenibles del consumo y la producción, especialmente en los países industrializados, constituyen la principal causa del deterioro continuo del medio ambiente mundial. Más de ciento veinte millones de personas de distintas partes del mundo están oficialmente desempleadas y muchas más viven en una situación de subempleo. Más mujeres que hombres viven en la pobreza absoluta y el desequilibrio sigue aumentando con graves consecuencias para la mujer y sus hijos. Aumentan los problemas de las drogas ilícitas, de la delincuencia organizada, la intolerancia, la incitación al odio por motivos de raza, origen étnico, religión u otros motivos y las enfermedades endémicas, transmisibles y crónicas.

A diferencia del pasado, ya las políticas neoliberales no buscan incorporar a toda la población planetaria a los beneficios de la tecnología, la ciencia, la educación, la vivienda, la salud y al bienestar en general. Está creando tremendas desigualdades y segmentaciones.

Para enfrentar esta situación tanto en América latina como en nuestro propio país, es necesario diseñar planes para modernizar la sociedad que se planteen al mismo tiempo la incorporación de mejores tecnologías y la lucha frontal y decisiva contra la pobreza y la miseria. Asumir nuevas tecnologías implica profundizar diferencias entre los que aprenden a usarlas y los que son marginados de su utilización. Por ello el progreso exige la incorporación a la modernidad de todos los chilenos, sino el país no es factible y realizable económica, política y culturalmente. De lo contrario, los problemas sociales pueden desestructurar seriamente a toda la nación. No más soslayar, trasvestir y aceptar ciegamente esta situación.

Es necesario reivindicar una visión política, económica, ética y espiritual del desarrollo social que esté basada en la dignidad, los derechos humanos, la igualdad, el respeto, la paz, la democracia, la responsabilidad mutua y la cooperación y el pleno respeto de los diversos valores religiosos y éticos y de los orígenes culturales de la gente. En este plano la universidad tiene mucho que decir y hacer.

LO ÉTICO

Vivimos en el mundo de la cibernética, las tecnologías de punta y la velocidad que tiende a provocar exclusión y precariedad, donde lo cotidiano se divorcia de lo continuo y se busca gestionar la incertidumbre que depara el futuro. En este marco la valoración de la actividad humana y la regulación de la conducta de la gente se trastoca. Cambian los principios e imperativos de la conducta de la gente unos respecto a otros. No puede ser de otra manera porque los seres humanos derivan sus ideas y valores morales y éticos en última instancia de las condiciones prácticas en que se basa su situación objetiva: las nuevas relaciones sociales que la época actual ha instalado en la sociedad.

La crisis de lo ético se fundamenta en que ya no existe un estado social en que a cada uno le son reconocidos sus derechos y la satisfacción de sus necesidades sin atropellar las de los demás. El propio Estado no asegura a la sociedad una eticidad viviente en el ideario de Hegel. Por el contrario, éste se limita a ser funcional a la nueva ideología neoliberal y cómplice de la ruptura del mundo ético.

El mundo actual no permite la preocupación por el otro, no hay presencia del otro para los demás que se manifiesta en la constante violación de los derechos humanos de grandes mayorías. Esta alarmante situación es producto del desarrollo contradictorio entre el enorme avance tecnológico y la capacidad de la sociedad para orientarlo al servicio de todos los integrantes de ella. Hoy día predomina el individualismo egoísta, el aislamiento, la soledad, la angustia, la incertidumbre, la desintegración cultural, el engaño. Todo ello sobre la base de una ética racionalizada, desencantada y sin moral.

La ciencia dejó de ser un instrumento liberador del hombre y es sólo fuente de productividad y mayor consumo. La ética se relativiza al extremo que sólo importa lo que es más cómodo y rentable: el costo/beneficio es el nuevo patrón en que se miden los valores. La calidad de vida se confunde con cuánto tienes y cuánto puedes aparentar.

La macroética debe ser reconstruida. Ello se debe hacer sobre la base de reconocer en todos los miembros de la saciedad interlocutores válidos con derechos a la libertad, al desarrollo personal, a la satisfacción de todas sus necesidades, -tanto materiales como espirituales-, que le permitan un crecimiento pleno e integral como seres humanos. Es una ética recontextualizada para los tiempos actuales, cuyo fin será superar la amenaza que significa hoy día el desarrollo tecnológico para la humanidad. Una ética sobre principios morales nuevo que asegure a la persona humana su desarrollo normal, sin exclusiones y brutales marginalizaciones. Esto no puede ser indiferente a la comunidad universitaria.

EL NUEVO PROFESIONAL

A diferencia de la economía industrial basada en la organización racional, contabilizada, centralizada, uniformizada, concentrada, con altas especializaciones, con producción en cadena y economía a escala, la actual economía de servicios se está construyendo sobre cimientos distintos. Hoy día impera la producción descentralizada, las formas de trabajos integrales, las redes igualitarias de cooperación, los cambios en los factores de producción, los valores intangibles, la desmasificación, la innovación permanente, la aceleración, el trabajo en equipo, la calidad total, el enfoque hacia el cliente, el trabajo flexible, etc.

Un cambio de estas proporciones en el entono económico-social impone profundas transformaciones en los roles que cada uno ejecuta en su vida diaria. La actual economía impone a los profesionales una mayor creatividad, inspiración, adaptación rápida, innovación, conocimientos amplios, iniciativa, flexibilidad, el saber, el conocer como conocer permanentemente.

Los nuevos profesionales y trabajadores en general no sólo deben saber utilizar eficientemente la tecnología de la información, sino fundamentalmente deben ser capaces de gestionarla efectiva y en forma pertinente. Tienen que tener habilidades y conocimientos para analizarla, explorarla, ver el futuro, lo que viene en cada información, porque lo que se busca en un mundo caótico y desconcertante de datos es aquella averiguación que nos entregue lo necesario para tomar decisiones acertadas de acuerdo a las tendencias del progreso.

El recurso humano del futuro debe comprender y enfatizar en su contexto, en una visión holística y relacional y no fragmentaria de los distintos problemas que debe enfrentar. Debe optar por disipar y eclipsar la complejidad de las incertidumbres y reparos que le plantea el medio y conocerlo en sus posibilidades de desarrollo a través de la interrelación indirecta de sus elementos. El nuevo profesional debe potenciar sus aptitudes de elaboración de pensamiento teórico y a gran escala, que le permite acoplar los distintos componentes disgregados aparentemente y desarrollar un pensamiento analítico, sintético, proactivo, próximo, que vea lo que se impondrá.

El profesional debe recuperar su capacidad intelectual como personaje con capacidad de crítica y problematizadora del marco social y político donde desarrollará su actividad. No debe aceptar dejar de pensar y de abdicar de sus capacidades críticas atraídos por las seducciones de la mercadotecnia del trabajo (García Canclini) que los transforman en meros administradores de lo actual.

En definitiva, se trata de un nuevo profesional y trabajador que salga de la, como señala Ortega y Gasset “barbarie del especialismo”. La característica fundamental del nuevo recurso humano será su multifuncionalidad y multiprofesionalidad que va mucho más allá de la simpleza y torpeza de la especialización. Es un profesional multifacético pero sobre la base de una gran cultura, con grandes atributos en el conocimiento de lo intrincado y de lo holístico, de la generalización, observación, análisis, síntesis y atisbo y percepción del futuro. Pero al mismo tiempo, con una gran sensibilidad social que entienda que la modernidad no es sólo progreso tecnológico, sino que además este progreso debe estar al servicio del perfeccionamiento constante e integral del ser humano.

El nuevo profesional debe ser capaz de jugársela por una adecuada justicia económica y social, por un mejor modo de vida que garantice el desarrollo integral de la persona, por la libre circulación de ideas e información, la solidaridad entre la gente, asegurar bienestar, compatibilizar progreso tecnológico, desarrollo social y ecológico y democracia para todos, que respete los derechos humanos de regiones, provincias, localidades, géneros, etnias e ideas diversas, además de otros. La Universidad debe asumir este proyecto.

LA PERSONA

Hoy día las capacidades intelectuales de las personas están potenciadas por la permanente utilización del ordenador, lo cual permite conocer aspectos de la realidad antes impensables y manejar, entonces, variables innumerables en breves períodos de tiempo. De esta manera se ha ido creando un entorno de inteligencia artificial que permite a la persona añadir “extrainteligencia” constantemente a la información que le llega, cambiando con ello tanto el carácter de la cultura como la velocidad de sus transformaciones.

Edelman sostiene que son el contexto y la historia del desarrollo celular lo que en gran medida acelera las mutaciones de la estructura celular. Como entorno hoy día se define fundamentalmente la información, que en forma permanente crece exponencialmente, siendo ya prácticamente inmanejable. De ahí la necesidad de la creación de enormes bases de datos y de conocimientos (Viola Soto) que empujan a la persona a una actividad y recreación constante, continua. Surge la nueva cultura de la informática.

Se fortalece con ello la diferenciación pronunciada del individuo, que con su tecnología personalizada fortalece su yo y su intelecto, la indagación individual, los recursos mentales e intelectuales del sujeto. Se desarrolla lo que Alain Touraine plantea como el concepto personal de sujeto. En la perspectiva de Toffler, está emergiendo una civilización practópica que da acogida a las diferenciación individual que se transmite además a la variedad racial, regional y subcultural. Todo lo anterior fundamenta la necesidad de desarrollar una educación basada en la individualización, en la diversidad de los educandos. Este desafío debe ser definitivamente asumido por la Universidad.

EL NUEVO CARÁCTER DEL CONOCIMIENTO

Toffler anunció ya hace algunos años que el entorno inteligente crea personas más inteligentes. Con esto anunciaba el nuevo carácter del conocimiento. El conocimiento hoy día ya no se desarrolla fundamentalmente a través de la técnica, sino por medio de entornos innovadores o ambientes nuevos. La creación de nuevo conocimiento es propio del cognotivismo sistémico (Colom y Mélich).

A diferencia de los pensadores cartesianos que centraban el conocimiento en el análisis de las partes a expensas del contexto, la nueva forma de pensar enfatiza en el enfoque total no parcializado de los problemas, poniendo en primer plano la interrelación mutua de los distintos subsistemas. Se trata de entender el conocimiento como un universo abierto en el sentido de Prigogine, donde el azar y la necesidad se entrelazan en un sistema flexible hasta saltar a un nuevo estadio de complejidad.

No hay saberes petrificados, y el proceso del conocimiento está sustentado en la actualidad en un entorno de comunicaciones veloces compuesto de complejos y diversos lenguajes. (Lyotard). En esta perspectiva, será analfabeto aquel que no sepa donde ir a buscar la información pertinente. Es el acelerado cambio cultural -basado en la información- el factor determinante en las mutaciones del resto de los componentes de la sociedad. La persona culta será entonces aquella capaz de conocer lo adecuado en el momento preciso, aquella que entienda la realidad en su dinamicidad, en el acontecer mismo, en su apertura a la novedad (Fredy Parra). Hay que abrir lo existente a otras posibilidades, ampliando lo posible (Luhmann). La Universidad debe impregnarse de ese espíritu.

CULTURA Y ENSEÑANZA SUPERIOR

La modernización pasa por superar los problemas de atrasos científicos, tecnológicos y sociales que impiden que este país de los saltos cualitativos necesarios para pararse frente al mundo con seguridad y autoridad. Chile necesita de la energía que nos arrastre hacia el futuro. Esa energía es el desarrollo de las fuerzas productivas, -es especial la ciencia y la tecnología-, de la cultura y de la equidad social. Lograr estas metas nos permitirá transformarnos en una sociedad madura, libre y soberana capaz de hablar con potente voz en el concierto de naciones.

El desarrollo de toda ciencia exige, como lo señala Dmitri Furman, teórico de la perestroika rusa, creación, por lo tanto debe existir pluralismo y libertad de innovar en todos los ámbitos de la cultura, sin ningún asomo de “administración del pensamiento ni cánones dogmáticos”. Debe existir al mismo tiempo en el innovador libertad de acceso a la creación tecnocientífica y cultural en general. Y por último, deben suprimirse las restricciones sociales que impida a las personas manifestar y desarrollar sus capacidades. No hay libertad donde hay hambre, ignorancia y miseria. El progreso presupone asegurar la existencia vital de todos los seres humanos en su aspecto físico e intelectual.

Si los recursos humanos, el desarrollo tecnológico y la cultura en general son la base del crecimiento de un país, entonces las opciones para mejorar la enseñanza superior constituyen un imperativo estratégico. En esta perspectiva debe ser mirada toda la enseñanza superior, entendida como aquella que se imparte en los Institutos Profesionales y las Universidades. El destino del país no está sólo ligado a lo que suceda en las Universidades, siendo éstas por supuestos fundamentales en el desarrollo cultural de la nación, sino que compromete a todas las esferas de la formación técnico-profesional.

Colom y Mélich en “Después de la Modernidad” plantean que la educación no ha escapado al vértigo de la ideología postmoderna. La ausencia de fundamentos axiológicos supone el signo más inequívoco de su crisis, amenazando con ello su propia entidad. La educación se desarrolla hoy día en función del poder político, económico-social y cultural, reproduciendo constantemente el orden social existente y distribuyendo los bienes culturales de acuerdo a los intereses de los grupos dominantes. De acuerdo a Krishnamurti, la educación estructura una vida plenamente mecánica que tiene como producto inmediato sólo el trabajo, el éxito, el dinero, ocio y consumismo, poniendo evidentemente en peligro la propia libertad del ser humano.

La educación superior debe ser capaz de superar la actual rigidez de las clases con metodologías atrasadas e ineficaces. Por el contrario, debe buscar desarrollar la capacidad de los alumnos para adaptarse a los procesos globalizadores, los cambios más intensos e imprevisibles, el tratamiento a la explosión informativa y el continuo avance tecnológico.

La educación superior debe enfatizar la disposición de ánimo para adaptarse a todas las nuevas formas de organizar el trabajo que emergen junto al desarrollo de nuevas tecnologías: organizaciones horizontales, atención personalizada, productividad permanente, innovación constante, alto rendimiento, etc.

Pero los objetivos educativos, las tecnologías pedagógicas, la capacidad del docente y la propia organización institucional deben tener un profundo sentido humanista. Porque educar es “aprender a aprender”, es enseñar a saber como conocer más, es aprender el mismo de sí mismo. El educando debe ser capaz de explicar, comprender y prever lo que viene.

Las nuevas tecnologías pedagógicas deben encontrar la forma de crear nuevas redes conversacionales entre educador y educando que introduzca a éste último en el mundo abstracto, heterogéneo, diverso, inconmensurable, pluriunívico, cibernético, cambiante e incierto actual. El profesor debe crear las condiciones para que el alumno desarrolle su propia manera de ver el mundo y entenderlo.

En esta perspectiva, el curriculum no puede ser desagregado y jerarquizado, con materias aisladas entre sí y sobrevaloradas unas respecto a otras (Viola Soto), dando por supuesto departamentalizaciones dogmáticas, sesgadas y carentes de visión holística y jerarquías rígidas. Ello rebaja la educación a un mero valor agregado de la producción que genera recursos humanos aptos sólo para la “dura batalla de los mercados”, legitimando todo lo existente desde el punto de vista de la contradicción progreso tecnológico/regreso social.

Por el contrario, los nuevos curriculum deben ser integrados, que favorezca la horizontalización de la participación de los profesores y una mayor conversación y diálogo de éstos y los alumnos. Esto cuestiona por supuesto toda la actual estructura de la educación superior, en especial los amurallados y monodisciplinarios departamentos, que no son capaces hoy día de ver la interrelación de los diversos problemas, haciéndose cómplice con ello de la profunda marginalización cultural que viven cada vez mayores sectores de la población de nuestro país.

El curriculum y las nuevas tecnologías pedagógicas debe permitir la comprensión por parte del alumno de la complejidad del mundo actual, donde tecnología no da igualdad social, sino creciente marginalidad. Pero al mismo tiempo se debe buscar una metodología continua, que basada en análisis sistémicos y prospectivo no sólo denuncie el estado actual de las cosas, sino que además ayude a buscar soluciones que permitan el desarrollo integral del ser humano.

Para cumplir con esta misión la Universidad se debe democratizar profundamente, garantizando la participación de todos sus estamento -incluidos la totalidad de sus profesores- en la discusión, diseño, ejecución y control de las políticas universitarias. Debe ser autónoma del poder político y económico, rechazando legitimar los actuales desequilibrios y buscar formas nuevas de democracia que garantice el desarrollo integral de las personas. Se debe insertar en la creación e innovación permanente, fortaleciendo su capacidad prospectiva, adelantándose al futuro y desarrollando conocimientos pertinentes y necesarios al desarrollo de nuestra sociedad. La crítica debe ser uno de los pilares esenciales de la universidad, permitiéndole crear valores que impregnen la conciencia de sus componentes y que moldeen la búsqueda incesante de formas sociales más justas. En fin una Universidad comprometida con las artes, la ciencia y la cultura en la búsqueda de conocer los problemas del país y abrir constantemente nuevas posibilidades de desarrollo a la comunidad nacional.

La Universidad debe ser capaz de crear líderes que tengan visión sistémica, estratégica, de futuro, innovadora, de manejo de complejidades e incertidumbres, generadores de cambios culturales profundos en los ámbitos de la ciencia, la tecnología, la política, la economía, lo social y cree entornos favorables al desarrollo económico y la justicia social en la perspectiva del florecimiento integral de todos los integrantes de la comunidad nacional.

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