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  FIRMAS: JAIME YANES GUZMÁN CD
 
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Educación
Publicado el 17 de Octubre de 2007
 

Liderazgo, Educación y Debate: la autonomía del alumno en su aprendizaje

Jaime Yanes Guzmán
Licenciado en Ciencia Política. Doctor en Filosofía
Profesor Universidad de Chile y de la Universidad Tecnológica Metropolitana Virtual

Jaime Yanes Guzmán La sociedad actual vive el paradigma de la sociedad de la información con base microelectrónica y computacional, de la producción tecnotrónica, de la información electrónica manipulada, procesada y codificada y de los flujos y redes de energía.

El aumento de la información está cambiando la percepción del modo de actuar que tiene la gente sobre la sociedad, modificando también el ritmo de nuestros propios archivos de imágenes, la forma de pensar, de sintetizar y de la manera de prever las consecuencias de nuestra acción. En definitiva, está creando un mundo simultáneo, próximo e interdependiente, obligando a las personas a interrelacionar grandes cantidades de relaciones causales.

La innovación ha transformado la actividad diaria de cada sociedad. El conjunto de millones de combinaciones que provoca el constante destello de información, le está poniendo su impronta al perfil del trabajo y del trabajador.

En la actualidad el grado de modernidad de las empresas, instituciones y las personas está definido por el grado de incorporación de tecnología y de valor intelectual agregado a la producción de acontecimientos y fenómenos.
En este marco, moderno es quién maneja y selecciona información y tiene habilidad para fundamentar su saber y debatir utilizando los diversos lenguajes que hoy día existen, como la cibernética, informática, algebras modernas y sistemas de gestión y organización flexible del conocimiento. Aquellos que no poseen este perfil y no manejen las lógicas del nuevo intercambio simbólico, tienen serias dificultades para participar en el mundo del intercambio de ideas, siendo brutalmente marginados de los beneficios que la cultura entrega a las personas.

SOCIEDAD

Todo sistema social de la época contemporánea o sociedad del conocimiento, es extraordinariamente complejo. Esta situación se debe a que en la actualidad la diversidad y pluralidad de componentes de una estructura impide que éstos tengan una relación directa entre todos ellos, como sucedía en la sociedad industrial. Es así entonces, que hoy día, el sistema social no es una simple suma de relaciones.

Su complejidad nos muestra que existe dificultad de contacto entre los componentes de una estructura por sobreabundancia de relaciones, dando con ello a los acontecimientos un excedente de posibilidades y de nuevas potenciales conexiones. En este marco, reducir esa complejidad pasa por su temporalización o contextualización, por su readecuación permanente a las exigencias tanto internas como externas del sistema.

La sociedad actual está compuesta de estructuras demasiado plásticas y dinámicas, de complejidad creciente donde más que simples causas, lo que motivan las transformaciones son patrones de cambio. Esto obliga a modificar nuestro modo de pensar, conocer y debatir pasando de modelos mentales dominados por causas/hechos a otros que reconozcan patrones o tendencias de desarrollo y aquello que lo genera.

Esta reducción de la complejidad obliga a la creación de un renovado y pertinente cuerpo conceptual elaborado científicamente, de conocimientos pertinentes que expliquen las tendencias de cambio y la complejidad. Dicho de otra manera, las bases teóricas del conocimiento deben ser permanentemente renovadas para fijar y establecer lo que aparece complejo e indeterminado.

LOS PROFESIONALES Y EL NUEVO LIDERAZGO

Frente a la complejidad de los fenómenos de la sociedad y de los procesos y estructuras que se imponen en la producción y la gestión, el objetivo principal en la educación en todos sus niveles se traslada a terminar con la visión fragmentaria, casual y equivocada que hoy día tienen las personas respecto del presente, y fundamentalmente del futuro de la sociedad.

La revolución de las comunicaciones está entregando todas las posibilidades para que los cambios lleguen a cada una de las personas. Está cambiando su mente, su forma de pensar, de plantear y debatir los problemas, de sintetizar y de anticiparse a lo que viene. La actual tecnología está potenciando los conocimientos y el poder intelectual de la gente, los está transformando en creadores, con pensamiento a gran escala y teórico general, con capacidad para que ensamblen las piezas dispersas, generalicen pero al mismo tiempo sinteticen la realidad con una visión de futuro.

El ordenador facilita la profundización sintetizadora del conocimiento y del planteamiento de problemáticas novedosas, debido a que puede recordar e interrelacionar gran número de fuerzas relacionales, profundizando toda la concepción que se tenía respecto a la causalidad de los temas en debate. Esto permite perfeccionar, como señala Alvin Toffler, nuestra comprensión del carácter interrelacionado de las cosas y nos ayuda a sintetizar todo lo que tiene de significativo a partir de datos aparentemente inconexos y arremolinados a nuestro alrededor. Estamos presenciando el surgimiento de una mente “postuniformizada”.

Nos encontramos formando parte de un sistema interconectado de la naturaleza, y a menos que informados líderes “generalistas” asuman la tarea de elaborar teorías sistémicas de las pautas de interconexión de los problemas que presentemos a la discusión abierta, nuestros proyectos pueden terminar en el más rotundo de los fracasos.

Lo que se plantea es entonces, que el líder debe invertir en analizar las tendencias de las cuales surgirán los escenarios en que tendrán que desenvolverse las organizaciones en el futuro, siendo más capaz de prevenir que de solucionar los problemas que se le presenten. Por ello el nuevo profesional-líder, debe ser un trabajador mucho más sensible a lo que viene, debido a la emergencia del nuevo paradigma tecnológico que está ampliando extraordinariamente las opciones personales.

Todo lo hasta aquí comentado nos demuestra que nos encontramos ante la presencia de un nuevo tipo de profesional y líder. Su característica fundamental no es, como se plantea, la especialización, sino que posea una gran propiedad generalizadora y sintetizadora.

Debe ser generalista. Su pensamiento no puede quedar reducido sólo a lo particular e individual. Tiene que ser capaz de conocer en profundidad las tendencias generales que se encuentran en la base del desarrollo de la sociedad y de las organizaciones, lo que le permitirá estar generando constantemente problemas nuevos.

El profesional moderno debe tener una gran capacidad para comprender la complejidad de las cosas, aceptando y conociendo el hecho de la multiplicidad de conexiones de todas las cosas y fenómenos que ocurren en la realidad. Incluso tiene que tener la suficiente visión y perspicacia para determinar aquellas relaciones que no son visibles pero que están latentes, y que sin duda influyen también en los fenómenos que se analizan.

El nuevo líder debe poseer características multidisciplinarias, porque es lo único que le permitirá una permanente atención a todo lo novedoso que ocurre en el medio en que se desenvuelve. La multidisciplinariedad va mucho más allá de la simple especialización. Es la multiespecialización, pero sobre una nueva base: capacidad generalizadora, analítica y sintetizadora, con grandes atributos en el conocimiento de lo complejo y poseedor de una gran cultura.

El profesional y líder de la época contemporánea debe ser sensible a los problemas sociales que acarrea la propia modernidad en el plano de la cultura - y de la capacitación en particular- para enfrentar esta nueva situación. El cambio del trabajo manual a la actividad intelectual y supersimbólica es irreversible. Ello plantea una nueva forma de tratar a las personas, enfatizando el carácter singular de cada una de ellas más que si fuesen una masa.

El profesional moderno debe ser una persona que, conociendo el carácter y las necesidades de la época, sea capaz de construir el futuro anticipándose a lo que viene. Para asegurar este saber prospectivo, este saber pertinente, hay que desarrollar en ellos habilidades y conductas que los lleven a conjugar lo aprendido en la enseñanza superior, con la investigación científica de campo o en terreno.

Se trata de formar un líder que sea sujeto protagonista del desarrollo científico-tecnológico y social del país. Sólo en este marco son posibles profesionales y técnicos líderes capaces de generalizar su práctica en el marco de las tendencias actuales del desarrollo de la sociedad, produciendo nuevos conocimientos. En esta perspectiva se hace realizable el momento de la síntesis y la transmutación entre los conocimientos adquiridos en la enseñanza superior y los nuevos, los originales, los que crea el propio profesional y técnico en su experiencia de terreno y de investigación.

Para que lo anterior se cumpla, el líder debe poseer una doble visión de la dirección. Debe ser capaz de gestionar organizaciones en forma eficaz y, simultáneamente, crear condiciones para su constante transformación de acuerdo a las exigencias del entorno.

CULTURA Y ENSEÑANZA SUPERIOR

La modernización pasa por superar los problemas de atrasos científicos, tecnológicos, culturales y sociales que impiden que este país de los saltos cualitativos necesarios para pararse frente al mundo con seguridad y autoridad. Chile necesita de la energía que nos arrastre hacia el futuro. Esa energía es el desarrollo de las fuerzas productivas, -en especial la ciencia y la tecnología- de la cultura y de la equidad social. Lograr estas metas nos permitirá transformarnos en una sociedad madura, libre y soberana capaz de hablar con potente voz en el concierto de naciones.

El desarrollo científico exige ausencia total de administración del pensamiento y de cánones dogmáticos en el saber. Por el contrario, se debe facilitar la actividad creadora, el pluralismo y la libertad que permitan innovar en todos los ámbitos de la cultura. Para ello también deben suprimirse las restricciones sociales que impiden a las personas manifestar y desarrollar sus capacidades. No hay libertad donde hay hambre, ignorancia y miseria. El progreso presupone asegurar la existencia vital de todos los seres humanos en su aspecto físico e intelectual.

Las actuales condiciones han creado nuevas situaciones que han facilitado que el carácter del saber cambie. Los tesoros del saber ya no pueden entenderse como una ciencia dada para siempre, petrificada, guardada en un sarcófago y protegida por regularidades, conceptos, categorías, variables y juicios eternos. Hoy día la velocidad de la información y el destello incontrolable de nuevos datos ha trasladado los fundamentos de los nuevos saberes a la comunicación y sus distintos lenguajes.

Esta situación transforma también la educación. Esta hoy día se fundamenta en los permanentes avances y modificaciones continuas del conocimiento, que pervive sólo a través de sus mutaciones infinitas. Por ello, saber será en la actualidad, innovar y cambiar sin cesar, y sobrevivir en un mundo de estas características exigirá adaptarse fatalmente a los cambios permanentes de la sociedad.

La enseñanza superior debe propender a un aprendizaje activo de los alumnos a través de la investigación y el trabajo en equipo, colocando en el centro de éste el debate y los enfoques conversacionales, superando de esta manera el modelo de enseñanza limitado a traspasar y memorizar conocimientos. En este sentido, el proceso del aprendizaje debe estar centrado en el alumno con un trabajo exploratorio, cooperativo, explicativo, sistémico, de búsqueda y descubrimiento de nuevos conocimientos. Se trata, a través de la entrega de destrezas cognitivas, de crear un “currículo de vida” para la creación de puntos de vistas colectivos desarrollados en el intercambio de ideas entre los alumnos con el objeto de elegir los problemas a debatir, y solucionarlos.

Desde esta perspectiva, la Universidad y la enseñanza en general debe ser capaz de crear líderes que tengan visión sistémica, estratégica, de futuro, innovadores, de manejo de complejidades e incertidumbres, generadores de cambios culturales profundos en los ámbitos de la ciencia, la tecnología, la política, la economía y lo social.

La enseñanza superior, en fin, debe propender a la formación cultural integral de la persona, desarrollándola en su perspectiva humanitaria plena, constructora permanente de más cultura, tolerante en la diversidad, constructivista, innovadora, respetuosa de la ecología, del equilibrio de la naturaleza y de los derechos humanos y comprometidos con la equidad social.

METODOLOGÍA

Comprender estos nuevos rasgos de la sociedad actual obliga a elaborar metodologías que desarrollen nuevas formas de pensar basadas en las ciencias de punta y en la divulgación constante de nuevos conocimientos a través de los medios más modernos. Hay que partir integrando teoría científica, comunicaciones, práctica y contexto cultural.

Es fundamental integrar toda la ciencia y la innovación constante de ésta para que con un enfoque metodológico monista se logre una visión global y sintética de los problemas actuales que la humanidad debate y estudia, dando respuesta a las exigencias específicas de las necesidades de la sociedad. Con ello la metodología de la investigación científica sistémica se orienta directamente, con un enfoque creador, a la solución de los problemas prácticos en forma integral. En este sentido la metodología adquiere además un carácter continuo.

La metodología es además analítico-explicativa cuando se refiere a tendencias, relaciones causales mutuas, necesidad y azar que nos muestran acontecimientos que “saltan” constantemente a nuevos estadios de complejidad. Es predictiva o sintética cuando es asertiva acerca de lo que viene, cuando plantea las condiciones para construir ese futuro, porque es capaz de ver ese futuro dentro del acontecimiento, problema u objeto que investiga.

La metodología es un sistema de determinadas teorías científicas explicativas que cumplen el rol de principios dirigentes de la búsqueda y el debate, y de medios para la realización de las exigencias del conocimiento de un problema, acontecimiento o hecho. La metodología es una manera de abordar la discusión de la realidad y debe reflejar las tendencias del desarrollo de esa realidad. Sólo el conocimiento de esas regularidades, necesidades, conectivas, patrones de conducta y mutuas relaciones, nos permite aproximarnos al fenómeno que nos interesa conocer a través del debate. Ello exige crear y desarrollar un marco teórico pertinente para avanzar en el esclarecimiento del objeto de investigación.

La metodología conlleva la necesidad de “construir el futuro”, la idea de anticipación de un horizonte de posibilidades ilimitadas y de saberes prospectivos. El marco teórico ayuda a decidir cómo que se ha de realizar el debate. Sólo el descubrimiento de algún principio formal universal podría conducirnos a resultados seguros en la discusión. Siempre es indispensable una idea general del objeto a fin de “fijar los hechos”, a fin de marchar adelante. Los hechos no iluminados por la teoría se conservan opacos. Según una regla antigua y juiciosa las verdades se presentan contextualizadas; los errores, en cambio, aislados. (Luhmann).

Lo anterior nos lleva a plantear el marco teórico del debate como una sistema de variables, patrones de cambio y redes conceptuales y de relaciones causales que nos explica los por qué de hechos determinados, que nos ayuda a comprender acontecimientos y fenómenos de la actualidad, a representarnos un mundo de experiencias posibles en la perspectiva de su desarrollo futuro. Esto exige la permanente actualización de los conocimientos, la búsqueda de la regulación racional a través de debate crítico, la propia experiencia y el entendimiento la comprensión de un entorno en el que siempre está pasando algo, que siempre cambia e innova.

Una metodología del debate con un marco teórico de estas características permite desarrollar capacidad de observación comprensiva que explique los hechos, acontecimientos, problemas o fenómenos desde su autorreferencia, es decir, que a pesar de que se refieren a sí mismos, incluyen además el entorno en la medida de su propia forma de operar. Entonces comprender y explicar es observar en relación al manejo de la autorreferencia, de cómo el entorno “cargado” de futuro se manifiesta en los componentes del sistema (fenómeno) que se investiga (Luhmann).

Este tipo de marco teórico fortalece la posición de los debatientes. Si a todo lo hasta aquí planteado, se asume también que las teorías científicas que sostienen el debate deben adecuarse a los hechos, y que ningún hecho es aceptado como controlado científicamente a menos que tenga cabida en alguna parte del edificio teórico establecido, se debe reconocer el papel relevante que ocupa la “observación del observador”, del debatiente, en todas las etapas del proceso del conocimiento.

La investigación asume como otro principio metodológico que la observación no es sólo igual a experimento o percepción sensible, que capta exclusivamente los fenómenos manifiestos, sus externalidades. Tampoco se supone que es desde el campo de experimentación desde donde se derivan concepciones y teorías por vía de la inducción.

La metodología sistémica para el debate nos obliga a establecer una correspondencia entre una figura conceptual o marco teórico y el fenómeno sensible, confirmando este último al primero, enriqueciéndolo además. El lugar que la metodología le da al análisis no sólo es de buscar datos, sino que construir una figura conceptual con la cual comparar el fenómeno sensible.

Esto crea condiciones para la modificación de nuestro modo de pensar, que permitirá pasar de modelos mentales dominados por los hechos a modelos mentales basados en patrones de cambio de largo plazo y las estructuras subyacentes que generan esos patrones. Entonces lo que pensamos será una disciplina de ver totalidades, de ver interrelaciones en vez de cosas, de ver patrones de cambio en vez de “instantáneas” estáticas. (Peter Senge).

Todos estos fundamentos de la metodología en el debate nos llevan al planteamiento de una metodología continua sostenida en el proceso del cognotivismo sistémico. Esto ayuda a crear nuevos conocimientos a partir de un enfoque total, no fragmentario, de los problemas y de entornos innovadores, que es la nueva fuente de poder. Porque es el entorno inteligente el que crea personas inteligentes. En esta perspectiva, una metodología moderna para la discusión exige entornos que faciliten la expansión de la capacidad para crear futuro, que opte por el aprendizaje generativo que aumenta la capacidad creativa basada en una visión compartida, que potencia el entorno inteligente y renueva energías para el aprendizaje continuo. (Senge).

EL DEBATE DENTRO DEL AULA

La utilización del debate por parte del profesor en el proceso de aprendizaje en el aula, supone la confrontación sobre la base de sólidas bases argumentales con el fin de conocer problemas y superarlos. Implica desarrollar capacidades en los alumnos para asumir ideas y visiones propias de la realidad, de disentir y de ser tolerantes con los demás.

El desafío principal del debate es la respuesta creativa de los alumnos a las cada vez mayores exigencias del entorno. Para ello es necesario comprender este entorno como un mundo complejo, cambiante, diverso, simultáneo, próximo e interdependiente. La complejidad debe ser entendida como un excedente de posibilidades, como una interrelación continua de relaciones causales y de nuevas potenciales conexiones.

En la búsqueda de la argumentación necesaria para convencer a través del debate, es necesario reconocer que el contexto que condiciona los problemas posee patrones de cambio como base de las permanentes transformaciones, comprender la interdependencia entre la disolución y la reproducción de los componentes de los sistemas, aceptar la existencia de relaciones que no son visibles pero que están latentes y que en determinadas condiciones se transforman en procesos y estructuras nuevas de mayor calidad.

Con problemas de estas características incorporados en el debate, se obliga a crear en los participantes una nueva mentalidad de carácter ecológica que comprenda la relación y la diferencia de las cosas en un sentido más global, que obliga al análisis de dependencia mutua, al pensamiento en gran escala y el tratamiento de los problemas en un sentido total y no fragmentario, que ilumina las relaciones causales y el modo de superarlos. Esta nueva forma de pensar crea enfoques de comprensión que reconocen patrones de cambio más que hechos aislados, que ve interrelaciones en vez de cosas instantáneas y estáticas.

El debate en el aula crea una nueva mentalidad en relación con el futuro, buscando anticiparse a esos patrones de cambio que condicionan el surgimiento de nuevos acontecimientos. El debate permite incorporar al presente las consideraciones del devenir, futurizando el presente, entendiendo al entorno como “cargado” de futuro, satisfaciendo necesidades de lo que viene a través de soluciones prospectivas, de pensamiento sintético que “ve” lo que viene.

El debate en el aula empuja a los alumnos a adquirir mayor cultura, a “aprender a aprender”, a aprender de sí mismo, a saber pensar y expresarse, a observar acontecimientos que “saltan” constantemente a nuevos estadios de complejidad, a ser rigurosos y disciplinados en la búsqueda de datos e información para transformarlos en conocimientos sobre la sociedad. El debate condiciona a quienes lo practican a una mayor lectura, conversación, participación en intercambio de ideas e integración al despliegue de ideas relevantes en el seno de la familia.

La introducción del debate permite crear entornos inteligentes que renueva energías para el aprendizaje continuo y generativo, incrementa el pensamiento crítico, la relación de conceptos, el análisis interdisciplinario, la expresión eficaz de las ideas, fortalece habilidades comunicativas y expresivas en la oralidad, el lenguaje no verbal, la persuasión y la argumentación, desarrolla la capacidad de reflexionar y orientar el cambio, de vincularse a los acontecimientos concretos de la sociedad y proponer soluciones.

En fin, el debate en el aula ayuda a crear técnicas de argumentación para respaldar ideas, potencia el liderazgo, desarrolla aptitudes para tomar decisiones, trabajar en equipo, superar inseguridades, por último, resolver problemas emergentes con perspectiva social progresista.

BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA

Acevedo, Jorge. La Sociedad como Proyecto en la perspectiva de Ortega.
Editorial Universitaria.

Flores, Fernando. Creando Organizaciones para el Futuro. Inventando la Empresa del Siglo XXI. DOLMEN Economía y Gestión.

Forrester, Viviane. El horror económico. Fondo de Cultura Económica.

Habermas,Jurgen. El discurso filosófico de la modernidad. Taurus Humanidades.

Koyré, Alexandre. Pensar la ciencia. Paidós ICE/UAB.

Luhmann, Niklas. Sociedad y Sistema: la ambición de la teoría. Teoría de la sociedad y pedagogía. Editorial Paidós Educador.

Maturana Humberto. El árbol del conocimiento. Varela Francisco Editorial Universitaria.

Parra, Fredy. Modernidad y Postmodernidad: Desafíos Fundación Educacional Roberto Belarmino.

Picó, Josep. Modernidad y Postmodernidad. Compilación. Alianza Editorial.
Rubinstein, S. L. El Ser y la Conciencia Editora del Consejo Nacional de Universidades.

Soto, Viola. Teorías y enfoques del Currículum. Fotocopia. Magister UMCE.

Toffler, Alvin. La Tercera Ola. El Cambio del Poder. Las Guerras del Futuro. Plaza y Janes.

Rodríguez, Darío Sociedad y Teoría de Sistemas. Arnold, Marcelo Editorial Universitaria.

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Artículo escrito en colaboración con la doctora Virginia Catalán C.
 

 

 
             
 
 
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