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  FIRMAS: JAIME YANES GUZMÁN CD
 
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Educación
Publicado el 24 de Abril de 2008
 

Las TICs y las transformaciones en el ámbito societal y educacional

Jaime Yanes Guzmán
Licenciado en Ciencia Política. Doctor en Filosofía
Profesor Universidad de Chile y de la Universidad Tecnológica Metropolitana Virtual

Jaime Yanes Guzmán Como señala Castell y otros (1986, 13): "Un nuevo espectro recorre el mundo: las nuevas tecnologías. A su conjuro ambivalente se concitan los temores y se alumbran las esperanzas de nuestras sociedades en crisis. Se debate su contenido específico y se desconocen en buena medida sus efectos precisos, pero apenas nadie pone en duda su importancia histórica y el cambio cualitativo que introducen en nuestro modo de producir, de gestionar, de consumir y de morir".

El tema que nos planteamos es tratar de determinar como las nuevas tecnologías de la información y las comunicaciones que hoy día atraviesa toda la sociedad y afectan especificamente la problemática social y la educación. Es un hecho para todos que nada es igual al pasado reciente. La sociedad es una sociedad crecientemente tecnologizada e informatizada; los problemas sociales son problemas emergentes que van marginalizando a cada vez mayores sectores de la sociedad planetaria; y, la universidad dejó ya de ser una universidad plenamente presencial y local y se está convirtiendo en una universidad global, altamente sensible a las fluctuaciones de su entorno. ¿Cuál es el carácter de este nuevo proceso que vive la humanidad? En este asunto trataremos de avanzar en el desarrollo de estas ideas.

TECNOLOGÍA DE LA INFORMACIÓN Y SOCIEDAD

La UNESCO define las nuevas tecnologías de la información como "el conjunto de disciplinas científicas, tecnológicas, de ingeniería y de técnicas de gestión utilizadas en el manejo y procesamiento de la información; sus aplicaciones; los computadores y su interacción con hombres y máquinas; y los contenidos asociados de carácter social, económico y cultural" (Raitt, 1982).

¿Qué efectos está produciendo estas tecnologías en la sociedad? ¿Podemos afirmar que esta nueva situación implica el desarrollo de nuevas formas productivas que están produciendo serios cambios en la sociedad planetaria? En efecto, el aumento de la información está cambiando la percepción que tiene la gente sobre la sociedad, modificando también el ritmo de nuestros propios archivos de imágenes, la forma de pensar, de sintetizar y la manera de prever las consecuencias de nuestra acción.

Ciertamente podemos afirmar que la innovación tecnológica ha transformado la actividad diaria de cada sociedad. El conjunto de millones de combinaciones que provoca el constante destello de información, está poniendo su impronta al perfil del trabajo y del trabajador y de las organizaciones productivas. En la actualidad el grado de modernidad de las empresas, instituciones y de las personas está definido por el grado de incorporación de estas tecnologías y de valor intelectual agregado a la producción de acontecimientos y fenómenos. En este marco, moderno es quién maneja y selecciona información y tiene habilidad para fundamentar su saber, utilizando los diversos lenguajes que hoy día existen, como la cibernética, informática, álgebras modernas y sistemas de gestión y organización flexible del conocimiento. Aquellos que no poseen este perfil y no manejen las lógicas del nuevo intercambio simbólico, tienen serias dificultades para participar en el mundo de la generación de ideas, siendo brutalmente marginados de los beneficios que la cultura entrega a las personas.

La vida cotidiana de la actual sociedad informatizada y tecnologizada cambia en el sentido que plantea Koyré (1994). como dominio de lo mutable, del “más o menos”, del “aproximadamente”. Este autor señala que la sociedad entera está marcada por un sesgo de imprecisión, que dificulta aplicar a lo real incluso los puntos de vistas tan aparentemente exactos de las matemáticas. La sociedad actual tiene una evolución continua con un futuro abierto e impreciso. A diferencia del pasado, los actuales sistemas y subsistemas que componen la sociedad contemporánea no tienen movimientos periódicos simples, sino que, por el contrario, posee grados de sensibilidad que los transforman en estructuras de no-equilibrio, por lo tanto flexibles y cambiantes frente a los estímulos del entorno.

En este sentido, Ilya Prigogine (1993) nos dice que la vida -y la vida social fuertemente condicionada por el exceso de información- es el resultado de profundas transformaciones irreversibles, donde conviven en relación dialéctica el equilibrio y el desequilibrio, el orden y el desorden, componentes todos hoy fundamentales para comprender las nuevas realidades. La irreversibilidad del tiempo lleva siempre al surgimiento de nuevas estructuras. Esto se produce por fluctuaciones -así sean débiles- del medio externo que obliga a que los sistemas se adecuen a él. En este sentido, la evolución y el cambio de la sociedad van en la dirección del aumento de su complejidad.

Entonces todo sistema social de la época contemporánea es extraordinariamente complejo. Esta situación se debe no sólo a las mutaciones constantes de las estructuras, sino también a que en la actual sociedad fuertemente informatizada la diversidad y pluralidad de componentes de una estructura, según Niklas Luhmann (1990), impide que éstos tengan una relación directa entre todos ellos, como sucedía en la sociedad industrial. Es así entonces, que hoy día, el sistema social no es una simple suma de relaciones.

La reducción de la complejidad obliga al observador a la creación de un renovado y pertinente cuerpo conceptual elaborado científicamente, de conocimientos pertinentes que expliquen esas tendencias de cambio y la complejidad. Dicho de otra manera, las bases teóricas del conocimiento deben ser permanentemente cambiados para fijar y establecer lo que aparece complejo e indeterminado. En esta perspectiva, Luhmann (1990) enfatiza que el concepto de observación no es una simple actitud estática, sino que la antesala a la acción, a una comprensión comprometida de la complejidad y su transformación. En esta tarea, la universidad debe jugar un rol fundamental.

LA TECNOLOGÍA Y LO SOCIAL

¿Y en lo social, cómo se manifiestan estos cambios? Al permeabilizar las fronteras nacionales, la globalización de las comunicaciones y de los mercados están profundizando la amenaza a la existencia independiente de los Estados-naciones, agudizando los serios dilemas sociales ya existentes en las diversas regiones del mundo dependiente y dificultando a sus gobiernos la capacidad para superarlos.

En la lucha entre lo global y lo local, aún se privilegia lo primero, dificultando el fortalecimiento de lo pequeño. El intento de fortalecer la identidad de los grupos étnicos, religiosos, sexuales, juveniles, regionales y locales es reprimido. Se ponen innumerables barreras para desarrollar la particularidad. Los países se manifiestan en la arena internacional sólo como debilitadas expresiones nacionales que buscan alcanzar determinados objetivos, pero que fracasan ante la prepotencia de las corporaciones transnacionales y sus expresiones políticas: los países imperiales.

El desnivel en el uso de las tecnologías, los abismos culturales crecen exponencialmente, transformando cada vez más la conexión de grandes agrupaciones poblacionales de los países tercermundistas con el mundo desarrollado en una relación marginal. Se incrementa la contradicción entre formatizados y desinformatizados, entre los que manejan los códigos digitales y los analfabetos cibernéticos, en fin, entre los que agregan valor intelectual a su producción y aquellos que basan la suya sólo en una descarada y brutal explotación de la fuerza laboral.

La tecnología no es el diseño de cosas físicas, sino que busca crear proceso más prácticos, cambiando drásticamente lo que significa manejar y actuar en una organización: reduce la gestión y la naturaleza del trabajo. La tecnología con sus datos e ideas crea nuevas riquezas, es un salto importante hacia nuevas formas de producción y de organización del trabajo. Permite la creación de redes nerviosas de información ramificadas, sensitivas y abiertas, cambiando las relaciones entre las personas, el sentido de nosotros mismos transformado al ser humano en un ser en red.

Pero al mismo tiempo se está provocando una enorme disminución de los puestos de trabajo. Se lanza al abismo de la marginalidad y pobreza, del subempleo, del consumismo trivial, de la crisis ética, cultural, política y ecológica a la mayoría de los pueblos. Surge la paradoja que la “sociedad del progreso” empieza a estar inalcanzable para mayoritarios sectores de la población mundial.

Viviane Forrester (1997) denuncia que en la base del creciente desempleo se encuentra el “deber y la ética” empresarial que las empuja a obtener, en primer lugar, altas ganancias. En las actuales circunstancias, el trabajo representa un factor negativo y perjudicial para esas ganancias. Las empresas hoy día pagan por “los pocos puestos de trabajo aún necesarios el salario más bajo posible”. Esto está empujando a millones de jóvenes a dejarse explotar, a aceptar cualquier cosa para no ser excluidos, para no ser expulsados de la vida útil. Con ello se está anulando moral y físicamente a los trabajadores y preparándolos cuando deban enfrentar lo peor, justamente para que no enfrenten la situación, sino que anestesiados, se sometan pacíficamente a ella.

Según datos de la Cumbre Social (1998) organizada por las NN UU, los problemas sociales se agudizan: más de mil millones de habitantes del mundo viven en la pobreza extrema y la mayoría de ellos padecen hambre cada día. Las tendencias insostenibles del consumo y la producción, especialmente en los países industrializados, constituyen la principal causa del deterioro continuo del medio ambiente mundial. Más de ciento veinte millones de personas de distintas partes del mundo están oficialmente desempleadas y muchas más viven en una situación de subempleo. Más mujeres que hombres viven en la pobreza absoluta y el desequilibrio sigue aumentando con graves consecuencias para la mujer y sus hijos. Se incrementan los problemas de las drogas ilícitas, de la delincuencia organizada, la intolerancia, la incitación al odio por motivos de raza, origen étnico, religión u otros motivos y las enfermedades endémicas, transmisibles y crónicas.

A diferencia del pasado, ya las políticas neoliberales no buscan incorporar a toda la población planetaria a los beneficios de la tecnología, la ciencia, la educación, la vivienda, la salud y el bienestar en general. Está creando tremendas desigualdades y segmentaciones.

Para enfrentar esta situación tanto en América Latina como en nuestro propio país, es necesario diseñar planes para modernizar la sociedad que se planteen, al mismo tiempo, la incorporación de mejores tecnologías y la lucha frontal y decisiva contra la pobreza y la miseria. Pero asumir nuevas tecnologías sólo para el uso de algunos pocos implica profundizar diferencias entre los que aprenden a usarlas y los que son marginados de su utilización. Por el contrario, debe entenderse por progreso sólo cuando se incorpora a la modernidad a todos los ciudadanos, sino ningún país es factible y realizable económica, política, ética y culturalmente. De lo contrario, los problemas sociales pueden desestructurar seriamente a todas las naciones.

CULTURA Y ENSEÑANZA SUPERIOR

¿Y que desafíos plantean las TICs a las universidades? Como señala Jorge Valenzuela, (2002 ), “estamos viviendo un período de transición y cambio en el sistema de educación superior, en el cual la sociedad de la información ha condicionado el proceso a las exigencias que ésta demanda a mujeres y hombres del presente siglo. Asumir estas exigencias y transformarlas en atributos diferenciadores supone la permanencia de las universidades en el emergente mercado del conocimiento, donde podrán mantenerse vigentes y competitivas en el corto, mediano y largo plazo. Por el contrario, no adaptar las estructuras universitarias al contexto global supone un deterioro del posicionamiento institucional imposible de remediar”.

La universidad en esta nueva sociedad ha tenido que reconceptualizar su misión que la ocupaba fundamentalmente como formadora de profesionales. Hoy día tiende a ser una universidad global y flexible con capacidad de adaptarse rápidamente al acelerado ritmo de cambio, traspasando las fronteras locales con atributos diferenciadores que sólo poseen las organizaciones que aprenden. (Senge, 1995).

Si las personas, el desarrollo tecnológico y la cultura en general son la base del crecimiento de un país, mejorar la enseñanza superior constituye un imperativo estratégico. ¿Cómo influyen las tecnologías de la información y las comunicaciones en este proceso? Las actuales condiciones han creado nuevas situaciones que han facilitado que el carácter del saber cambie. Los tesoros del saber ya no pueden entenderse como una ciencia dada para siempre, petrificada, guardada en un sarcófago y protegida por regularidades, conceptos, categorías, variables y juicios eternos. Hoy día la velocidad de la información y el destello incontrolable de nuevos datos ha trasladado los fundamentos de los nuevos saberes a una relación dialéctica entre los conocimientos previos y la permanente y constante nueva información a través de los distintos lenguajes de la comunicación.

Ésta situación transforma también la educación. Esta hoy día se fundamenta en los incesantes avances y modificaciones continuos del conocimiento, que pervive sólo a través de sus mutaciones infinitas. Por ello, saber será en la actualidad innovar y cambiar sin cesar, y sobrevivir en un mundo de estas características exigirá adaptarse fatalmente a los cambios permanentes de la sociedad. En este aspecto, como denuncia Francisco Brugnoli (1997) las universidades chilenas están en crisis porque no desarrollan precisamente saberes, sino que repiten sólo cosas sabidas.

La enseñanza superior debe propender a un aprendizaje activo de los alumnos a través de la investigación y el trabajo en equipo, colocando en el centro de éste el debate y los enfoques conversacionales, superando de esta manera el modelo de enseñanza limitado a traspasar y memorizar conocimientos. En este sentido, el proceso de aprendizaje debe estar centrado en el alumno con un trabajo exploratorio, cooperativo, explicativo, sistémico, de búsqueda y descubrimiento de nuevos conocimientos. Se trata como plantea Habermas (1993), de crear un “curriculum de vida” a través de la entrega de destrezas cognitivas para la creación de puntos de vistas colectivos desarrollados en el intercambio de ideas con los alumnos, con el objeto de elegir los problemas a debatir y solucionar.

Otro de los orígenes de la crisis universitaria chilena, en la visión del profesor .Grinor Rojo y algunos importantes académicos de diversas universidades (1997), es precisamente que el estudiante ha sido rebajado al grado de “cliente”, los profesores buscan afanosamente ser contratados y las instituciones transformadas en simples estructuras copiadas de modelos empresariales, donde las decisiones son tomadas las más de las veces por cúpulas gerenciales que persiguen la tan ansiada rentabilidad que las hagan “viables” en el mercado, más que la excelencia propia del carácter de una institución de enseñanza superior. Por el contrario, el rol y las funciones de los profesores deben cambiar con los nuevos entornos tecnológicos. Los profesores hoy día deben ser utilizadores de las herramientas tecnológicas, fortalecedores del trabajo colaborativo, deben asumir el teletrabajo y la tele-autoformación, tienen que ser facilitadores del aprendizaje de sus alumnos, poseedores de visión constructivista y supervisores académicos de sus estudiantes, entre tantos otros roles.

Es así entonces, que muchas de las universidades tienden a ser manejadas sólo desde principios económicos, y esto contradice la idea de una universidad que piensa en el futuro, que desarrolla la crítica a la sociedad actual, que se plantea desarrollar una persona distinta a la que hoy día existe, perdiendo con ello la universidad su capacidad de ensueño y de visión, de definición de lo que todavía no se realiza, de nuevas formas sociales de existencia.

La educación no ha escapado al vértigo de la ideología postmoderna en sus aspectos éticos. La ausencia de fundamentos axiológicos supone el signo más inequívoco de su crisis, amenazando con ello su propia entidad. La educación se desarrolla hoy día en función del poder político, económico-social y cultural, reproduciendo constantemente el orden social existente y distribuyendo los bienes culturales de acuerdo a los intereses de los grupos dominantes. La educación estructura una vida plenamente mecánica que tiene como producto inmediato sólo el trabajo, el éxito, el dinero, ocio y consumismo, poniendo evidentemente en peligro la propia libertad del ser humano.

Para superar esta crisis, la educación superior debe ser capaz de superar la actual rigidez de sus curriculum. Debe desarrollar la capacidad de los alumnos para adaptarse a los procesos globalizadores, los cambios más intensos e imprevisibles, el tratamiento a la explosión informativa y el continuo avance tecnológico.

La educación superior debe enfatizar la disposición de ánimo para adaptarse a todas las nuevas formas de organizar el trabajo que emergen junto al desarrollo de nuevas tecnologías: organizaciones horizontales, atención personalizada, productividad permanente, innovación constante, alto rendimiento, etc.

Pero los objetivos educativos, las tecnologías pedagógicas, la capacidad del docente y la propia organización institucional deben tener un profundo sentido humanista. Porque educar es “aprender a aprender”, es enseñar a saber como conocer más, es aprender el mismo de sí mismo. El educando debe ser capaz de explicar, comprender y prever lo que viene.

Viola Soto (1998) señala que el curriculum no puede ser desagragado y jerarquizado, con materias aisladas entre sí y sobrevaloradas unas respecto a otras, dando por supuesto departamentalizaciones dogmáticas, sesgadas, con jerarquías rígidas y carentes de visión holística. Ello rebaja la educación a un mero valor agregado de la producción que genera “recursos humanos” aptos sólo para la “dura batalla de los mercados”, legitimando todo lo existente desde el punto de vista de la contradicción progreso tecnológico/regreso social.

El desarrollo de las comunicaciones facilitan la transversalización del conocimiento, y por ello los nuevos curriculum deben ser integrados. Este nuevo tipo de curriculum puede entregar contenidos que permita la comprensión por parte del alumno de la complejidad del mundo actual. La Universidad debe ser capaz de crear líderes que tengan visión sistémica, estratégica, de futuro, innovadora, de manejo de complejidades e incertidumbres, generadores de cambios culturales profundos en los ámbitos de la ciencia, la tecnología, la política, la economía, lo social y cree entornos favorables al desarrollo científico-tecnológico, económico y la justicia social en la perspectiva del florecimiento integral de todos los integrantes de la comunidad nacional.

Hoy como nunca, el surgimiento de las nuevas fuerzas productivas emblematizadas en las Nuevas Tecnologías de la Información y las Comunicaciones puede facilitar una enseñanza superior que propenda a la formación cultural integral de la persona, desarrollándola en su perspectiva humanitaria plena, constructora permanente de más cultura, tolerante en la diversidad, innovadora, respetuosa de la ecología, del equilibrio de la naturaleza y de los derechos humanos y comprometida con la equidad social.

BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA

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