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| Archivología |
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| Publicado el 21 de Julio de 2008 |
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Los Archivos.. a cuidar
Edgar Espinosa Osorio
Estudiante Escuela Nacional de Biblioteconomía y Archivonomía (ENBA)
Diplomado en Autogestión Cooperativa, en la Universidad Autónoma de la Ciudad de México (UACM). urbietorbiarchivonoma.blogspot.com
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¿Ha tenido una especie de comezón pica-pica cuando tas parao frente a un montón de documento desordenaos?, me pregunta un compañero estudiante de Semiótica. ¿Te revuelca de coraje cuando te da cuenta de cada animalejo que ta en los archivos?, dejo ver una especie de risa burlona que se forma de inmediato en las comisuras de mi rostro, solo atino a contestarle con una mueca ligera para expresarle mi total acuerdo. |
El semiotista se ha referido a la pérdida de tiempo que le ha significado presentarse en “algún” archivo de una entidad pública en la ciudad. Con la tropicosa voz que lo caracteriza continua señalándome los enredos burocráticos inmersos en ella y la franca desatención que transfiguran las acciones de los encargados, según me cuenta.
Hoy todavía sabemos que ni María, ni Rómulo, ni Lencho, Ni la Teresita han funcionado en los archivos, porque fueron enviados a “esos” pasillos oscuros y poco visitados por los empleados, algo así como “castigo” por retardo a su hora de entrada laboral; por tomar minutos de más a la hora de los alimentos o, porque no fueron “acomedidos” con su “Jefe”, etc., etc.
Por extraño que parezca aquí y allá, sigo escuchando comentarios al respecto, sin dejar de soltar una risotada de indignación ante siniestro homenaje a la rusticidad, ¿será que para algunas personas todavía los archivos representan únicamente un montón de “papeles”?, ¿un manojo arbitrario de material impreso?
En las profundidades que encumbran la suerte de nuestros archivos, habitan intereses ajenos a su conservación y custodia, desaparece en el firmamento parte del acervo archivístico sin que nadie explique de manera satisfactoria el paradero de tan lamentables actos, esto es, tratándose de documentos archivísticos que den cuenta de malos manejos en la administración pública gubernamental, ¿qué se logra?, un rompimiento en el esquema general de planificación oficial; de rendición de cuentas ante la federación en sus operaciones administrativas y logísticas; de cegar la memoria institucional y por ende, la nuestra. Se sabe que con ello se busca detener y desaprovechar el importante sentido de “orientación” que pudiera dar certeza a los actos ilícitos de funcionarios públicos. Gabriel Zaid (Letras Libres, Junio, 2008), nos dice en su ensayo “Hay una cerrazón recíproca: la imposición del cambio, desde arriba o desde afuera. Desaprovecha el capital físico y cultural existente, rompe la estabilidad de la forma de ser, desquicia el sentido de orientación para actuar, inhibe la creatividad y destruye la autonomía.”
Cuando uno contempla frente así el panorama archivístico en México, se desprenden muchas hebras del tejido viscoso que las une y las nutre, por un lado, la población y los supuestos representantes de la misma han decidido que parte de la solución que agobian a las instituciones gubernamentales, reside en un segmento pequeño para solucionarlo, esto es, la transparencia de las funciones del quehacer público en sus distintos niveles de poder (Federal, Estatal y Municipal), con un propósito esencial: “el bien común de su población”, si bien queda claro, reglamentar el devenir de la “actuación” de los funcionarios y las instituciones públicas tanto en sus instrumentos administrativos como operativos mediante una ley de transparencia ayudará en buena medida a mirar con lupa cada movimiento burocrático, toda vez, que la elite oficial estaría obligada a sujetarse a las reglas de la transparencia e imparcialidad que exige cualquier acto de justicia y de gobierno; por el otro lado, la organización de los archivos serán la columna vertebral en este infausto capitulado de los perversos hábitos del poder, ya que, echarían a andar –razonablemente-- el ambicioso proyecto de la transparencia y rendición de las cuentas públicas, ¿pero si a la vista de todos se sigue rebuscando en los archivos para sustraer piezas documentales que puedan “incomodar” a una administración en turno?, ¿si a la vista de todos se sigue contraviniendo lo que establecen las leyes en materia de transparencia y rendición de cuentas?, ¿si a la vista de todos no se llevan a cabo los elementales procesos archivísticos para su “organización” a la que tanto damos notoriedad?, preguntas aún sin una bienhechora contestación. Respuestas deshilachadas que nos deparan.
En eso andaba cuando la mirada un tanto extraviada en estas disertaciones internas se posó en una información que me dejó sumamente frío. Según consta en estudios como la Calidad Jurídica de las resoluciones del Instituto Federal de Acceso a la Información Pública Gubernamental (IFAI), llevado a cabo por la Asociación Civil Libertad de Información –México (Limac) y, donde Yenise Tinoco lo retoma en su análisis “pierde transparencia el IFAI” (Contralínea, enero, 2008), la autora sustenta en base a algunos estudios como el ya mencionado y, La Cultura de los Servidores Públicos alrededor de los temas de transparencia y acceso a la información; que lo abordó el Centro Internacional de Estudios de Transparencia y acceso a la Información (CETA), siendo testigo ocular y emocional del estudio ahí presente, hasta donde se ensamblan las estrategias gubernamentales con un claro propósito: desatender las solicitudes de acceso a la información pública, con respuestas vagas y difusas que avergonzarían a nuestros niños de 10 años. Dice la autora “revela las estrategias que las unidades de enlace de las dependencias usan para negar el acceso a la información” y da a conocer una serie de información plagada de irregularidades por las personas al frente de tan bondadosa institución, irregularidades que están debidamente documentadas por estudios de asociaciones civiles.
¿La transparencia de la Información alejada de las complicidades del poder económico y político?, es recomendable, ¿es posible esa partición?, se asoman las reservas y las dudas. Ahora me encuentro en un tercer nivel del edificio de la Universidad recorriendo sus pasillos lentamente, me doy cuenta de que el compañero se encuentra a mi costado porque percibo una palmada en mi hombro, aún se muestra vivaz, quizá me descubre ausente o distanciado porque me pregunta en un tono socarrón si “la puerca torció el rabo”, solo miro como se oscurece de manera sorpresiva la tarde ante la llegada del aguacero.
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