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| Bibliotecología |
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| Publicado el 6 de Junio de 2008 |
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Redes Bibliotecarias, aún sin red
Edgar Espinosa Osorio
Estudiante Escuela Nacional de Biblioteconomía y Archivonomía (ENBA)
Diplomado en Autogestión Cooperativa, en la Universidad Autónoma de la Ciudad de México (UACM). urbietorbiarchivonoma.blogspot.com
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¿A dos años de haber sido inaugurada la “Mega biblioteca Vasconcelos”, que panorama cultural se nos presenta?, ¿Qué pesquisas ha llevado a cabo la Procuraduría General de la República, para responsabilizar a las altas jerarquías en el poder de ese entonces?, difícilmente el Comisionado Presidente del Instituto Federal de Acceso a la Información Pública Gubernamental, Alonso Lujambio respondería con determinación, en un contexto jurídico que podría seguirse a los funcionarios involucrados y, aquí pisamos arenas movedizas. |
John M. Ackerman nos dice: “Hoy, ante el mandato constitucional de reformar la ley antes del próximo 21 de julio, la voz ciudadana empieza a articularse para defender el terreno ganado y proponer nuevas vías para consolidar nuestro derecho a la información” [1] , claro está, no ha sido en vano el terreno ganado en el ámbito de la transparencia gubernamental, luego de tanta ausencia de conocer el paradero de las partidas presupuestales destinadas a distintos rubros en materia social, educativo, cultural y, por añadidura el re-acomodo de las cifras por la contabilidad gubernamental que mañosamente se lleva a cabo en un laberinto de datos numéricos.
En un revelador reportaje de Judith Amador Tello, en el semanario proceso nos dice: ”En forma pretenciosa o devastadora…el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta) informó al término de las XXXIX Jornadas Mexicanas de Biblioteconomía, realizadas en la Universidad Autónoma de Chihuahua: ‘La Red Nacional de Bibliotecas Públicas (RNBP), en vías de ingresar a la sociedad de la información’. Pretencioso si se considera que la llamada RNBP obedece a un mecanismo administrativo, pero en materia de conectividad todavía no es una red, y la mayoría de las bibliotecas que la integran carece de los recursos tecnológicos y electrónicos que requieren los modernos sistemas de información” [2].
Dejando claro por ejemplo, que la primera fase de la Cumbre Mundial sobre la Sociedad de la Información (2003), países como los que integran la Unión Europea ya se ocupan – ahora – de un “marco jurídico, la seguridad de las redes, el comercio electrónico y la protección de datos” [3], en nuestro país, aún se emplea el concepto de “sociedad de la información”, cuando en voz de la antropóloga Lourdes Arizpe – Integrante de la junta de gobierno de la Biblioteca de Alejandría – que la clave del desarrollo es la que denomina “producción científica” y la “producción de saberes locales”, esto es, generar conocimiento, en vez de ser un agente pasivo y sólo contemplar la producción desde la óptica de “consumir” información; toda vez, que el empleo del desarrollo en base a un conocimiento sustentable se llegará al usuario como un modelo de la “sociedad del conocimiento”.
La antropóloga señala que en nuestro país se ha hecho todo lo contrario, esto es, “propiciar el subdesarrollo al bajar el presupuesto a la ciencia, a las universidades públicas y a la investigación” [4].
Dejemos claro que en nuestro país habrá proyectos técnicos que propongan penetrar a nuestra sociedad mediante el uso de tecnologías para establecer un “modelo de sociedad del conocimiento”. El asunto grave aquí, es que no hemos podido resolver siquiera nuestras abismales diferencias económicas, nuestras desigualdades educativas, culturales, políticas, esto es, con una clara visión multifocal. La sociedad oligárquica de los partidos políticos; de los empresarios y comerciantes; de la rectoría educativa pública, sigue empeñada en vivir del erario presupuestal de las arcas gubernamentales.
Siempre es lo mismo con los proyectos inacabados de la educación; siempre hay algo más importante que atender, más importante que valorar. Denise Dresser nos dice:”Otra alianza, otro pacto, otra ceremonia, otra revolución educativa anunciada entre aplausos y vítores. Ahora sí, nos dicen. Por fin lo logramos, nos aseguran. Lo que hemos acordado es trascendental, nos reiteran. Lo que hemos planteado es una de las iniciativas más importantes en la historia del país” [5].
Necesitamos nuevamente dirigir la mirada a nuestros gobernantes, exigiendo el cumplimiento de una vieja demanda revolucionaria: La Educación.

REFERENCIAS
[1] John M. Ackerman, “Transparencia Ciudadana”, Semanario de Información y Análisis (Proceso) No. 1647, 25 de mayo de 2008, p.54.
[2] Judith Amador Tello, “Red de Bibliotecas, sin red”, Semanario de Información y Análisis (Proceso) No. 1647, 25 de mayo de 2008, Pp.58-61.
[3] Ídem, p.58.
[4] Ibídem, p.58.
[5] Denise Dresser, “Educación para qué”, Semanario de Información y Análisis (Proceso) No. 1647, 25 de mayo de 2008, Pp.52-53.
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