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  FIRMAS: J. ALEXANDER PARRA MALDONADO CD
 
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Medio ambiente
Publicado el 17 de Julio de 2007
 

El suelo desde una perspectiva ecológica

Julio Alexander Parra Maldonado
Licenciado en Educación y Promotor Comunitario
Integrante de la Cátedra de la Paz y Derechos Humanos "Mons. Oscar Arnulfo Romero" de la Universidad de Los Andes
Docente en instituciones de Educación Media, Diversificada y Profesional, y en Educación Básica para Adultos. Mérida. Venezuela.

Julio Alexander Parra Maldonado Suelo es el material suelto y “desmigable” en la superficie de la tierra, capaz de producir y sostener la vida de las plantas. Este suelo es el resultado de fuerzas constructivas y destructivas; su formación sobre la superficie terrestre responde a las interacciones del clima y los organismos vegetales y animales, con la roca madre y el relieve a lo largo del tiempo.

Es necesario destacar que el suelo es más que la materia mineral, en su origen y conformación interviene la materia orgánica o viviente, dando así su valor productivo para la sociedad humana. La riqueza del suelo está en sus nutrientes y componentes vivos. El suelo es un recurso indispensable, complejo y estrictamente limitado. Por ello los suelos “productivos”, y no solo el de uso agrícola, deben ser atendidos con estrategias de conservación y desarrollo.

Venezuela tiene una amplia variedad de suelos. Debido a su condición intertropical con diversos ambientes naturales: la cordillera andina, los llanos, la región amazónica, la costa caribeña y atlántica hasta los valles altos y medios intermontanos, la cuenca del lago de Maracaibo y el delta del Orinoco. Esta característica es muy favorable, pues permite una amplia diversidad de cultivos y usos. Al mismo tiempo exige un inventario de suelos para asignarle el empleo y manejo más apropiado, garantizando su utilidad y provecho a las generaciones futuras.

El suelo está sujeto a múltiples usos humanos. La producción agrícola, de madera, extracción de materias primas como minerales o hidrocarburos; también sirve de soporte a infraestructuras (edificaciones, vialidad) y como sitio de disposición final de desechos. La intervención inapropiada del hombre degrada los suelos. Esto mediante prácticas de agricultura intensiva, depósito de emisiones industriales, aumento de la salinidad, disposición de afluentes industriales y domésticos; dando origen a la degradación y contaminación de este recurso, particularmente por la incorporación de contaminantes y dioxinas, compactación y pérdidas por erosión.

Las políticas del Estado Venezolano plantean el adecuado uso y ocupación del territorio; propiciando mejores condiciones para un desarrollo armónico y sustentable, incentivando actividades económicas en los lugares apropiados, con tecnología adecuada y la inversión necesaria para no comprometer el ambiente y ocasionar daños irreversibles en los sistemas naturales. Así está reseñado en la Constitución Nacional. Pero del dicho al hecho... Vale decir que sólo una justa valoración de la vocación de las tierras y los suelos, puede llevar a una justa ordenación y ocupación del territorio, con estricto apego a la normativa ambiental vigente, donde se tiene algún avance importante.

En varios sectores de la geografía venezolana, preocupa la tendencia a las “ocupaciones espontáneas” por poblaciones en aumento, desasistidas, por motivación propia o incitadas por terceros. Estas invasiones de tierras han generado caos y agravado los problemas de ocupación territorial, particularmente en terrenos supuestamente improductivos o utilizados para actividades "no estratégicas", afectando inclusive a algunas ABRAE (Áreas Bajo Régimen de Administración Especial), tales como Parques Nacionales y Refugios de Fauna Silvestre, destinados a la protección de los recursos naturales.

También hay intencionalidad desde algunas instituciones del Estado, y de iniciativas privadas, de ampliar la frontera agrícola a zonas prístinas o no utilizadas por otras actividades económicas aún; la necesidad de recursos económicos hace perder de vista la necesaria conservación de suelos. Se suman proyectos de explotación minera y forestal en áreas bajo régimen especial ABRAE: Imataca, Cuenca de El Caura, Sierra de Perijá, entre otras. Hay que acotar acá que el Ministerio de Ambiente en la actualidad ha tenido pronunciamientos valientes, se han tomado medidas acertadas, aunque polémicas. Espero se mantengan en el tiempo y se conviertan en políticas de Estado. Esta demanda, si no es atendida integralmente, llevará al debilitamiento del recurso suelo, y a la larga al éxodo de pobladores de las zonas erosionadas. Situación contraria a la que dice atenderse.

La no atención a este tipo de “crecimiento” afecta directamente el suelo productivo del país; hay que prever que es agotable y lo necesitamos para sostener áreas que amortigüen el impacto de las actividades humanas sobre el ambiente en general.

Se debe garantizar la conservación de suelos en el país; evitando su sobreexplotación y garantizando áreas vírgenes estratégicas, dada su importante relación con la producción de agua proveedora de vida, y de la vegetación reguladora del clima.

La respuesta debe atender los problemas sociales que tienen las poblaciones que pueden favorecerse temporalmente de la explotación de suelos prístinos; mejorando la explotación, y conservación, de los suelos que actualmente se utilizan.

En resumen, falta concretar los planes, programas y proyectos acordes a las políticas nacionales planteadas en las leyes, y que se cumplan. Es la razón de la existencia de un Estado Nacional.

La riqueza de recursos de un país es efectiva para la felicidad de su pueblo, de acuerdo a la apropiada utilización y conservación que se de a estos recursos.

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