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| Medio ambiente |
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| Publicado el 13 de Junio de 2007 |
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Agua: ¡a tomar una decisión!
Julio Alexander Parra Maldonado
Licenciado en Educación y Promotor Comunitario
Integrante de la Cátedra de la Paz y Derechos Humanos "Mons. Oscar Arnulfo Romero" de la Universidad de Los Andes Docente en instituciones de Educación Media, Diversificada y Profesional, y en Educación Básica para Adultos. Mérida. Venezuela.
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El desarrollo civilizatorio ha estado unido inexorablemente a los grandes cursos de agua. Su utilización como vía de transporte, fuente de alimento, recurso agrícola y generador de energía es factor fundamental para el surgimiento de las civilizaciones humanas desde la aparición del hombre en el planeta. Pero también amenaza hoy con ser factor de la destrucción del planeta tal como lo conocemos. La transformación del clima nos la quita y morimos de sed, o la da con tanta fuerza que nos ahoga. |
El agua es elemento fundamental en nuestra vida. Podemos vivir un mes sin comer, pero solo un par de días sin tomar agua. Necesitamos de agua tanto para hidratar nuestro organismo (que es compuesto en 70% de este liquido), como para realizar las más básicas acciones de la vida cotidiana, asearnos, cocinar, construir. Según la OMS cada individuo necesita de 50 litros diarios de agua para mantener una vida digna.
Pero la disponibilidad del agua potable sobre la tierra es limitada. 2/3 del planeta son recubiertos de agua. Pero solo el 1% de esta cantidad es agua dulce potable, localizada en ríos, quebradas y lagos al alcance de los seres humanos; un 2% está congelada en los polos, mientras que la mayoría (el 97%) es agua salada de los océanos y mares.
Además, esta cantidad ya limitada, se va reduciendo cada día. Bien sea por la población mundial que crece continuamente (nada menos que se dobló en el siglo XX), con un incremento en la demanda de agua; y por otro lado, porque la cantidad de agua disponible disminuye como efecto de la contaminación agrícola e industrial. ¡Y no solo la necesita el hombre!
En el caso de Venezuela, el país tiene abundantes recursos hídricos. El problema es su distribución. De hecho, la mayoría de estos recursos están en el Sur del País, donde la población es más escasa , mientras que el 80% de los venezolanos vive en el Norte, en el cual se encuentra solo el 5% de las fuentes hídricas. Además, un gran numero de estas fuentes están contaminadas y, como tal, no pueden ser utilizadas. El ejemplo tristemente más conocido es el caso del Lago de Maracaibo, completamente contaminado por la producción de hidrocarburos y los derrames de la industria petrolera. La lista de ríos y otros acuíferos contaminados es larga.
La situación empeora cada año. El último lustro ha sido especialmente seco en el país. Por causa del cambio climático, se ha reducido el nivel de precipitación y la cantidad de agua en los embalses. A esto se le suma la falta de una política seria que garantice el aprovechamiento sustentable y la protección de las cabeceras de las cuencas hidrográficas de las cuales tomamos aguas en las ciudades. Resultado: falta de agua en cantidad y calidad. Como nos recuerdan nuestros amigos ecologistas “el agua que bebemos sale por las tuberías, pero viene de las montañas”.
Ya hay amenazas serias de conflictos geopolíticos por el control de las regiones del mundo donde aún hay agua. Grandes desarrollos para utilizar agua del mar, tras su costoso y destructivo tratamiento. También hay proyectos para el aprovechamiento del agua que seguramente hay en otros mundos. Y no es ficción.
Las Naciones Unidas han advertido que en el 2025 habrá 2.7 de millardos de personas sin agua, de mantenerse la situación igual. Sin embargo aumenta la deforestación, contaminamos el aire y la tierra, emitimos gases de efecto invernadero, utilizamos energías altamente contaminantes, minería destructiva, agricultura erosiva, industrias sucias, basura a montones, no cambiamos nuestra forma de producir, ni de consumir. Olvidamos que dependemos de los recursos difícilmente renovables y limitados que tenemos en el planeta, entre ellos el agua. Seguimos irrespetando nuestra casa, que además es prestada, porque en realidad es de las generaciones venideras.
Estamos frente a una encrucijada, tenemos que decidir entre ser la generación del derroche que destruirá la tierra, o la generación que, cambiando sus malas costumbres, salvará el planeta de la ruina. ¡Debemos tomar una decisión ya!.
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