Fundación Ciencias de la Documentación Implícate | Contactar  
 
La Fundación | Fines | Actividades | Publicaciones
     
  FIRMAS: JOSÉ MARÍA GRIS CD
 
  La Fundación no se identifica necesariamente ni se hace responsable de las opiniones vertidas en la sección FIRMAS.  
Carrera profesional
Publicado el 11 de Diciembre de 2006
 

Que quiero ser de mayor …

José María Gris
Gerente
OpenWired, S.L.

José María Gris Hace muchos años, cuando empezaba a sentir que dejaba atrás mi tierna infancia, mi padre me empezó a preguntar ¿Ya has pensado lo que quieres ser de mayor?, lo cierto es que no tenía palabras para contestarle, pero por dentro pensaba “Sea Vd. amable y déme el catálogo de lo que se puede ser de mayor” .

La dichosa pregunta se fue acentuando cuando terminaba los estudios primarios y notaba un tono de cierto apremio. Yo continuaba con mis dudas internas “¿Podrán pagar mis padres la carrera?, ¿Costará mucho esfuerzo y dinero?, ¿Acertaré?”. Sencillamente me perdí, porque no buscaba el fin, sino los medios, no atiné a ser yo mismo.

Para ser sincero, me sentía como persona limitada cuando no sabía responder a la pregunta de marras. Acabé teniéndole miedo. Me sentí fracasado en este punto.

Más mal que bien realicé mis estudios, sencillamente porque no tenía un objetivo, en cambio más bien que mal realicé mi carrera profesional, tenía un trabajo que realizar, unos objetivos que cumplir y por ello recibía un salario. Pero además, mi carrera profesional tenía un regalo, ya no me preguntaban la pregunta que odiaba.

Siguiendo con mi carrera laboral, fui escalando, ganando puestos, respeto y salario, hasta que alguien me dijo “ten en cuenta que el siguiente ascenso dejas el área técnica y ahora pasas a tener responsabilidades ejecutivas, pasas de hacer a hacer hacer.” Primero no lo entendí, pero bueno, continué y me fue bien.

En el camino, dentro de una multinacional, encontré un compañero que me dijo “acabo de rechazar un puesto ejecutivo”. ¿Por qué? le pregunté. Como él era estadístico, la respuesta fue en su estilo “Si divides el nuevo salario por las horas de preocupaciones que asumes, verás que el nuevo salario es menor”, pura flema inglesa.

“Cualquier excusa es válida para el que se ha acobardado o está cansado”, pensé para mí. Formulismos aparte, hoy entiendo perfectamente el mensaje, gracias Keith, siento haberte entendido mal o mejor dicho, no haberte entendido.

Siguiendo dentro de la misma multinacional, en una reunión de colegas, conocí un compañero de Luxemburgo. Era bastante mayor que yo y le quedaban diez años para la jubilación. Me hizo una confesión: “Estaba decidiendo como quería acabar su carrera profesional”. Con cara de compresión, le comenté lo serio de la decisión, pero por dentro no entendía nada. “Pues terminarás jubilándote en la empresa, como todos” pensé para mis adentros. Aquello me sonó como que aquel hombre había sentido lo que sienten los salmones para ir río arriba para desovar y morir…. No entendí nada, no recuerdo tu nombre, pero te agradezco que compartieras tu sentimientos más íntimos conmigo y te pido perdón por no haberte comprendido, aunque quizás debería pedir perdón a mí mismo.

Pero todo tiene su fin en esta vida. Una fusión con otras cuatro empresas a la vez (cuando nos ponemos, nos ponemos), tras un proceso duro lejos de mi hogar durante un año, opté por no cambiar de lugar de residencia, dando con mis huesos en la Oficina de Empleo. En ese momento no me di cuenta, pero en el fondo estaba empezando un cambio importante en mí. Estaba decidiendo hacia donde quería ir, si mas no, donde no quería ir. Algo es algo.

Con cuarenta años, con un salario y un cargo considerado alto, se te considera “Parado de difícil reinserción”. Me dieron muchas razones y explicaciones “Vd. debe querer estar con su familia”, “Vd. se siente cansado”, “Vd. puede hacer que su jefe se siente amenazado en su puesto”, etc.…

Me sentía abatido. La traducción de estos mensajes de la sociedad, era, sencillamente, “Vd. ya ha dado lo que tenía que dar, fuera de juego”. Todo ello a veinte o veinticinco años de mi jubilación, no entendía nada. ¿Qué voy a hacer?. Tengo una familia que mantener.

Y en ese momento entendí que ese era el primer día de mi nueva vida, e inicié el camino que cada vez más empleados en la actualidad van a tener que comprender e iniciar en un futuro breve, el autoempleo, sencillamente puse mi experiencia a disposición de empresas que no pueden plantearse tener a tiempo completo un profesional, ya sea porque no hay suficiente necesidad o por poder pagar ciertos estipendios.

Y me volvió a ir más bien que mal. Empecé a tener clientes, empecé a tener compañeros de camino e inicié nuevos proyectos, hasta que un día vi que las horas no me daban más de sí. Pregunte por Bancos de tiempo para pedir un crédito de tiempo y me dijeron que “de eso no hay”, bueno, pues haré un curso de Gestión de Tiempo, siempre he sido hombre de recursos.

Me disponía a ser un aplicado alumno de Agendas y proyectos, de orden y cumplimiento, de efectividad y objetivos. Objetivos, ¿Qué tipo de objetivos, personales, profesionales? ¿Qué es Vd.? ¿Quién es Vd.? ¿Qué quiere ser Vd. de mayor?. Me sentí mal, muy mal.

Confundía Profesional con Persona, labor con relación, Profesión con Vida, y sencillamente estaba pasando por ella, de la vida, usándola con una despreocupación y una inconsciencia digna de cualquiera de las drogas más duras.

Sin darme cuenta, la pregunta volvía a mí, ahora, felizmente pero duramente la entendía. Ya no me la hacían, me la hacía yo mismo. Para que quería un curso de Gestión de Tiempo si “Ningún viento es bueno sino sabes donde quieres que vaya tu barco….”, de nuevo…

En un intento entre algo de defensa y de búsqueda de entender lo que ocurría, revisé mi currículo. Interesante, bueno, pero la pregunta era ¿Qué me había motivado a efectuar los diversos cambios?. La respuesta, la verdadera, era muy dura, las circunstancias. Y me di cuenta que la mayoría de todos nosotros vamos por la vida aprovechando oportunidades y llevados por las circunstancias. Que pocos son los que ahora siendo cualquier profesional de renombre pueda decir “Yo de pequeño soñaba con ser lo que soy, y respondí correctamente la pregunta”. Menos son aún los que es cierto lo que dicen, créeme.

La conclusión a la que llegué fue que “en el fondo, la mayoría de los mortales, somos victimas de las circunstancias”. Fleta y Gayarre eran pastores hasta que alguien los oyó cantar y “los convirtieron” en tenores, en una versión primitiva del programa concurso de la Televisión. Nadie ha escrito si algún día D. Julián Gayarre hubiera vuelto a su Roncal natal si hubiera podido.

Pero no todo está perdido, amigo que has llegado hasta aquí, leyendo esta historia. Mientras hay vida, hay esperanza. Como mi excolega de Luxemburgo acabo de decidir como quiero terminar mi vida profesional, respondiendo, con ilusión, a la pregunta temida por mi. Las vueltas que da la vida.

Comenta Francisco Limonche, Vicedecano del COITT, en su artículo “La responsabilidad de pensar en positivo” sic. “Se confunde a veces culpa con responsabilidad. La culpa es un concepto moral. La responsabilidad es una evidencia cotidiana.” sic. “Y los pensamientos positivos ¿están reñidos con la sensatez? Evidentemente, no. Si apenas se consiguiese que un uno por ciento de los pensamientos que me piensan o pienso no me llevase por atajillos y quebradas que me descubren las carnes vivas de las ronchas, ya habría aportado valor al plano o mapa de destino que día a día dibujo en mi vida.”

No soy culpable de lo que soy, soy responsable de ello. Sí, soy Hijo de las circunstancias, que no Víctima de las mismas, porque no acepto continuar asumiendo que las circunstancias sean la guía de mi vida, sencillamente porque es mía, solo tengo una y la quiero compartir con los míos.

Me he planteado unos objetivos de vida y otros profesionales subordinados y coordinados con los primeros. Los he discutido con mi familia, los cuales se han sorprendido de que yo aún tuviera tiempo para mi parte humana, y he empezado ya mi camino hacia mis objetivos, con paso trémulo y con algún bastón.

Cada vez me cuesta menos tomar ciertas decisiones, sencillamente porque sé donde voy, y porque entiendo y asumo, que muchas veces en que digo un “Si”, estoy diciendo un “No” a otros y no por ello “se hunde el mundo”. Tengo un leitmotiv, vivir tratando de vivir cada día con mayor plenitud, y vivo cada vez más encantado con mi nuevo entorno.

Amigo que has llegado hasta aquí, no tengas miedo a plantearte esta pregunta, porque nunca la vas a contestar con la cabeza, no es una pregunta de raciocinio, es una pregunta que has de contestar a bocajarro, con el corazón, o mejor aún, como dice Manolo, mi gran amigo Manolo, “desde las entrañas”, porque es una pregunta vital, emocional, sentimental, la vida ya se ocupará de que la pases por el tamiz del raciocinio.

Ahora, a mis 47 años, sé lo que quiero ser de mayor, y estoy en ello.

Subir Subir

 
  ARCHIVO  
     
  Que quiero ser de mayor ...  
  11 de Diciembre de 2006  
     
  Ver otros columnistas  
Su click nos ayuda a seguir trabajando ¡¡¡GRACIAS!!!

 

 
             
 
 
© 2008. Fundación Ciencias de la Documentación