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Cultura tecnológica
Publicado el 5 de Octubre de 2006
 

Entre la cultura y la tecnología: Entornos virtuales para el crecimiento corporativo en contextos inestables

Marcelo Manucci
Miembro Comité Ejecutivo de la Red DirCom Iberoamericana
Profesor de postgrado en Universidades Iberoamericanas
Director de Estrategika

Marcelo Manucci El desarrollo de las máquinas toma su auge con la modernidad donde el pensamiento científico instaura, a través de la física newtoniana, una concepción del mundo y de los procesos que durará hasta la mitad del siglo XX. La Filosofía de las Ciencias ubica el inicio del pensamiento moderno entre los siglos 1500 y 1700. En este período de tiempo se produce un cambio radical en la mentalidad de las personas y en la visión de la realidad.

La relación con las máquinas, desde la Revolución Industrial, ha formado parte de la vida de los hombres en la modernidad. Hoy en día, la irrupción de las computadoras en la vida cotidiana de las personas marca un nuevo espacio de análisis y problemáticas. ¿Cómo pensar la relación de los hombres con estas máquinas? En este artículo nos proponemos explorar una pregunta: ¿qué sucede entre los hombres y las máquinas?, entendiendo como máquinas a las computadoras o redes con las cuales las personas interactúan en su vida cotidiana y en la vida de las organizaciones con distintos fines. Es una pregunta amplia para la cual, en principio, no hemos definido ningún sustantivo que conecte máquinas y hombres (“comunicación, relación, interacción, construcción”); sólo nos estamos planteando “un suceso”. Es un sustantivo que marca un evento, algo que acontece, pero que no tiene aún para nosotros la claridad de otro tipo de definición. ¿Qué sucede entre máquinas y personas? O bien, ¿qué sucede entre computadoras y personas? Es nuestra intención a lo largo de este trabajo proponer una respuesta a este cuestionamiento o al menos intentar esbozar otro sustantivo más preciso que pueda conectar a hombres y máquinas para generar entornos de crecimiento en las organizaciones.

A partir del planteo inicial sobre la interacción entre máquinas y personas trazamos una hipótesis en la cual consideramos que: del encuentro entre la computadora y las personas surge una realidad emergente, un espacio conceptual con una estructura de significación propia que no pertenece ni al sistema técnico, ni al sistema cognitivo de las personas, sino que es producto del encuentro y su estructura de significación está determinada por la relación entre las personas y las máquinas. Al respecto, pensamos que ampliando la mirada y el análisis sobre el encuentro entre máquinas (o red de máquinas) y personas, la comunicación puede cambiar su rol de mero transmisor de datos a un espacio de encuentro y construcción.

Generalmente la literatura ha denominado entornos virtuales a las plataformas de simulación digital, que presentan un mundo construido con bits para distintos fines. Este concepto contrapone virtualidad a realidad. Este punto de vista está basado en una concepción de que existe una realidad objetiva por un lado y una realidad construida (virtual) por otro. En este trabajo consideramos que son los modelos mentales (sistemas cognitivos individuales y colectivos) los que construyen la realidad en las organizaciones y por lo tanto no existen mundos paralelos (reales o virtuales). La realidad de la organización es lo que la organización percibe como su realidad. La realidad corporativa es una trama de significación dinámica construida por sus miembros. Esta consideración tiene implicancias importantes en el diseño de acciones colectivas a través de entornos digitales. Las plataformas digitales son proyecciones de percepciones corporativas de la realidad y por lo tanto representan el modelo corporativo de la realidad. Los entornos digitales y la información que contienen, no reflejan la realidad, sino lo que la organización percibe como su realidad.

El encuentro entre el hombre y la máquina es el encuentro entre dos sistemas, cada uno compuesto de determinados componentes, relaciones y modos de organizar esas relaciones y sus componentes. La computadora es un sistema cerrado al aprendizaje (aún esta vieja ilusión que comenzara con Turing y von Neuman no se ha podido cumplir), que organiza sus recursos a través de un lenguaje de programación. Los hombres son sistemas mucho más complejos que organizan sus recursos a través de patrones que se adquieren por interacción y aprendizaje. El espacio entre máquinas y personas podríamos pensarlo, de acuerdo con Maturana y Varela, como una estructura emergente que se va redefiniendo permanentemente en la interacción (Fig. 1).

Fig. 1

En el caso de la estructura de una máquina, no podríamos hablar de identidad, pero sí podríamos hablar de operatividad del lenguaje de programación que permite el procesamiento de determinada información y una utilización de las otras unidades de la máquina. Las máquinas no deciden, sólo procesan en función de una tabla de instrucciones. En cambio los sistemas vivos deciden si incorporan o no la información, si incorporan o no la diversidad de su entorno. En una máquina no hay decisión sobre la diversidad porque no opera bajo autopoiesis, sólo responde a una programación, lo cual puede ser más o menos complejo, pero hasta el momento no es autopoiético.

El encuentro entre computadoras y personas es el encuentro de dos sistemas, cada uno con un modo de procesar información, sólo el hombre tiene la posibilidad de crear nuevos significados a partir de la interacción. En este sentido lo que consideramos una realidad emergente, no tiene relación con una autonomía técnica, sino con lo que se produce como sistema de símbolos en la interacción entre la máquina y las personas. En este sentido, cuando pensamos en el encuentro entre una máquina y personas estamos pensando en el encuentro de una estructura técnica, con sus diferentes recursos (datos, programas, memoria operativa y lenguaje de programación), y una estructura subjetiva que produce observaciones (y que significa a través de un sistema cognitivo).

A modo de conclusión de este recorrido podemos considerar que entre máquinas y personas, cualquiera de los sustantivos mencionados anteriormente puede reemplazar al “suceso”. Entre computadoras y personas puede haber interacción, puede haber contacto, puede haber construcción, o simplemente puede haber transmisión. El espacio emergente entre máquinas y personas no es un espacio cerrado, no se limita a las certezas, sino muy por el contrario es un espacio abierto a las posibilidades. No está limitado, si bien los componentes y los patrones de relación entre los componentes (programación o sistema cognitivo) condicionan lo que sucede, pero aquello emergente de la interacción toma cualidades propias de un espacio que no se puede reducir, ni tampoco se puede deducir, tal como Morin planteaba al definir las “tres virtudes de una cualidad nueva”.

El espacio emergente entre máquinas y personas es un campo de abordaje multidisciplinario. Por lo tanto el lugar que toma la comunicación en este campo es sumamente importante, porque no se trata meramente de transmisión señales sino de construcción y circulación de significados. La credibilidad en la computadora depende la calidad de la interacción, no sólo de las propiedades de la máquina sino también de la carga significativa que pone la persona en esa interacción. En este sentido el espacio emergente entre máquinas y personas, es un espacio que se puede gestionar para generar un campo de posibilidades en diferentes contextos.

Al trascender un modelo de transmisión, las posibilidades de la comunicación se expanden cuando es posible pensar que la emergencia de lo cotidiano entre máquinas y personas es un universo multidimensional, que no se agota cuando alguien presiona una tecla a modo de las órdenes de las máquinas de la era industrial, sino por el contrario puede ser el principio de nuevos significados, de nuevos sustantivos que conectan a las computadoras con las personas. Esto depende lo que suceda entre máquinas y las personas.

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