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| Bibliotecología |
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| Publicado el 31 de Enero de 2008 |
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La industria cultural
Leslie Villanueva Flores
Bibliotecóloga del Centro de Estudios y Documentación de la Universidad Gabriela Mistral, en Santiago de Chile.
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Una característica impuesta por los Estados en nuestros días es sumergir a sus pueblos en una cultura de masas como una descripción globalizante. Pensando en esto, las empresas destinadas a realizar productos culturales tienen y desarrollan un gran mercado organizándose industrialmente. |
Esto nos dice que la cultura en la cual vivimos “es una sociedad de la comunicación”, es decir, estamos en un mundo cada día más mediático en donde la producción se especializa, realizando cada vez productos culturales de mayor calidad en industrias de esta misma índole. Con ello, “…las tecnologías basadas en la comunicación audiovisual, la electrónica y la telemática han inducido la aparición de la sociedad informacional…” (Castell, 1998).
Como base a estas situaciones es que la cultura esta siendo producida por medios industriales permitiendo la creación de nuevos nichos de mercados como lógica industrial y financiera de otros ámbitos de la economía (atendiendo a sus particularidades), como nos aporta Iñaki López (2000): “…Las industrias de la cultura, han pasado por varias fases, viviendo los últimos años cambios derivados del impacto de la crisis económica vivida en los años setenta.-que atrajo nuevos capitales al sector en una creciente propensión a la terciarización económica-, los avances tecnológicos-que aumentan la tecnificación del consumo cultural-, la evolución de las tendencias sociales-un aumento del ocio que incrementa la demanda de productos culturales- y el cambio en la orientación de la intervención estatal al respecto”.; lo que provoca una amplitud de mercados, consumidores y ámbitos, en sociedades más exigentes a causa de la metamorfosis que ha tenido la cultura entrando directamente a los hogares y formando parte de la cotidianidad más pura. Con esto, las industrias culturales se mueven en el contexto actual de cinco formas:
Las nuevas relaciones entre el sector público y privado, debido a la crisis fiscal de los Estados como factor para empujarlo hacia posturas menos intervencionistas.
La acentuación de la concentración e internacionalización, producto de la aglomeración de los poderes económicos que maneja el ámbito de la cultura.
El impacto de la tecnocultura, la tecnologización hoy en día ha permitido grandes avances que ayudan en nuestra vida cotidiana.
Un sector, por encima de todo, rentable. Hoy la producción cultural al ocuparse de las necesidades del consumo doméstico, esta inscrita en la producción de capital.
La hegemonía de nuevos grupos transnacionales, los países más industrializados están interviniendo trayendo consecuencias a mediano plazo.
Además, científicos analizan el punto de vista de una política cultural para medir las consecuencias más reseñables de la industrialización de la cultura que son:
El descenso en la práctica de la cultura tradicional, refiriéndose que el consumo cultural industrializado, ha sustituido y en otras veces arrinconada a las practica de actividades culturales tradicionales.
La privatización en el consumo cultural, es decir, que frente a una cultura tradicional o de salida, de espectáculo de público, contacto comunitario y relación social en espacios compartidos, se impone hoy una cultura privatizada y de apartamento, en el hogar y con la mediación de aparatos electrónicos.
La creciente segmentación y estratificación en el consumo cultural, las diferencias de posición económica y cultural marcan diferentes posibilidades de acceso al equipamiento o a programas culturales, pero es más profunda en lo meramente económico debido a que se encarna en gustos o pautas de consumo transmitidas por la educación, es decir, “…caminamos hacia una separación entre un consumo de masas para el sector mayoritario de la población y otro para públicos especializados preferentemente de pago…” (Iñaki López, 2000).
Con esto, la industria cultural por su disparidad tecnológica y económica, en algunos casos ayuda enormemente a la creación y realización de actividades culturales en la región y en el mundo, contribuyendo al desarrollo económico de estos países que han sabido utilizar este cambio comunicacional, para J.J Brunner ( 1995) “ el gran desafío para nuestros países será el desarrollar las capacidades necesarias en estas corrientes tecnológicas e incorporarse en ese nuevo entorno cultural, junto con mantener, al mismo tiempo, su cohesión social.
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