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Outsourcing
Publicado el 27 de Septiembre de 2006
 

Mi historia del Outsourcing

Manuel Aranda
Director Comercial en Libertas Consultores

Manuel Aranda

Todo empezó casi de rebote, todavía en edad de estudios, cuando una muy joven y desconocida, llamada entonces “informática”, llamó a mi puerta (1975).

Ahora observo que, sobre todo al principio, formé parte de un grupo de privilegiados que empezamos a utilizar el outsourcing como medio de trabajo habitual. Bueno, era lo más moderno.

Resulta que la compañía en la que trabajaba (sector seguros), movía una cantidad de información espantosa, que con los medios de la época, debía periódicamente poner de manifiesto los resultados de su funcionamiento.
Nosotros en la empresa nos dedicábamos a cumplimentar una serie de documentos interminables (se llamaban “documentos base”), que, más o menos una vez al mes, alguien como yo cargaba manualmente en unas cajas de cartón y trasladaba (también manualmente) durante aproximadamente unos 400 metros. Transcurrido ese desplazamiento vislumbraba lo que mi jefe llamaba “el centro de cálculo” (la primera vez que lo oí, pensaba que se trataba de unos tíos que estaban todo el tiempo calculando no sabía bien qué…).

Al cabo de un mes aproximadamente, recibíamos las mismas cajas, pero ahora con unos listados en papel “pijama”, que supuestamente contenían la información del movimiento de la compañía.

Cuando yo veía el resultado, se confirmaban mis pensamientos: los tíos del llamado “centro de cálculo” eran unos monstruos. No sólo habían entendido todo lo que ponían los documentos, sino que además, lo habían plasmado en unos listados (con una, dos, tres y hasta cuatro copias), ordenando todas las informaciones de varias formas, haciendo cálculos malabares y todo con letra de imprenta y sin errores.

Realmente las cajas, para el que las llevaba pesaban lo suyo, pero el resultado era impensable, inimaginable.

Quizás no se trataba de un servicio “Express” que diríamos ahora, pero normalmente nunca escuché quejas con respecto al servicio.

Pero todo empezó a cambiar vertiginosamente cuando la llamada “informática” empezó a crecer a mi alrededor. Rápidamente a alguien en la compañía se le ocurrió la brillante idea de adquirir un ordenador: ahí empezó a cambiar mi ciclo del outsourcing inicial.

Recuerdo que era una máquina muy similar a las actuales máquinas “tragaperras”, aunque con dos alerones (a izquierda y derecha) a su alrededor. Aquello funcionaba a base de indicaciones que le llegaban mediante unos pulsadores de colores que tenía en el frontal, y mediante la lectura de unas tarjetas que contenían algunas instrucciones, que aquella máquina en ocasiones era capaz de interpretar.

Aquella máquina no vino sola, se acompañaba de dos “lavadoras” en las que giraban lo que empezaron a llamarse discos (que se rallaban muy frecuentemente). Y como aparejo final apareció una impresora, cuyo ruido al abrir la tapadera era insoportable (ríete de los riesgos laborales…). Aunque no puedo olvidarme de las máquinas de escribir gigantes (perforadoras), que producían los efectos necesarios para que las tarjetas pudieran ser leídas posteriormente.

No tardó ni un año en quedarse totalmente obsoleta y ser sustituida por un superordenador que ya era capaz de comerse cien tarjetas de instrucciones por minuto. Al que se le incorporaron unos terminales que permitían dialogar directamente con la máquina. Ahí murió el lector de tarjetas y por consiguiente las máquinas perforadoras.

Al nuevo ordenador sólo le faltaba hablar. La impresora avisaba cuando se le acababa el papel y el ordenador te saludaba cada mañana al encenderlo: ¿how are you? era lo primero que escribía en la consola al encenderlo (lo sé porque era yo quien lo encendía).

Con él llegó el escándalo. Mi compañía empezó a ser la envidia de las de su entorno, y algunas empezaron a hacer outsourcing con nosotros. Afortunadamente empecé a alejarme del movimiento de cajas con información, que se seguía produciendo. Ahora entre nuestra compañía y alguna otra.

Quién me lo iba a decir, en muy poco tiempo había pasado de estar en la “cara” del outsourcing a estar en la “cruz” del mismo, y nunca mejor dicho. Porque por aquel entonces empezaron todo tipo de prisas para satisfacer al “cliente”, que yo como solicitante del servicio jamás había provocado.

Aquel ordenador enseguida exigió nuevas inversiones que no tardaron en llegar: nueva impresora – la repera -, nuevos armarios de discos, nuevos terminales y ampliaciones de memoria, de procesador…
No lo he dicho, pero dicha máquina ocupaba una sala de unos 90 metros cuadrados aproximadamente, y requería de suelo falso y unas características de acondicionamiento muy rigurosas.

Este proceso fue el seguido por numerosas empresas de todos los sectores en nuestro país. Progresivamente las empresas fueron adquiriendo personal y medios materiales para la gestión de su informática, con lo que algunas fueron desnaturalizando sus principios básicos. Algunas sin darse cuenta empezaron a convertirse en empresas de informática, en lugar de dedicarse a su propio negocio. Por aquel entonces parecía que el outsourcing había desaparecido.

Durante algunos años se propició una batalla importante en el seno de las empresas por intentar consolidar y controlar los gastos de sus áreas de informática. Muy pocas consiguieron salir victoriosas de la pugna.

EL PÉNDULO INICIÓ EL CAMINO HACIA SUS ORÍGENES

Las empresas hicieron balance del coste de sus áreas de informática y empezaron a observar que era desorbitado, y que además difícilmente podían reducirlos. Llegado este punto algunas empresas deciden externalizar algunos de sus servicios. Afortunadamente la tecnología ha avanzado de forma espectacular y ahora el outsourcing tiene numerosas ventajas: ya no hay que cumplimentar documentos en papel, no hay que desplazar las cajas, y sobre todo los tiempos de respuesta son inmediatos. Además podemos disponer de outsourcing a la carta, elegir el nivel de outsourcing que más nos interesa, y podemos estrangular a nuestro proveedor con un acuerdo de nivel de servicio favorable.

Ahora los que potencian este concepto de outsourcing, están reinventando los conceptos para que cada vez sea más atractivo: outsourcing del inmueble, de los servicios de mantenimiento del inmueble, de las aplicaciones informáticas, de las comunicaciones, del personal informático, del personal operativo, etc…

Y en breve con la ayuda de la tecnología pasaremos a no saber si vamos o venimos, es decir, en qué lado del outsourcing estamos. Ahora en algunas empresas tienen que identificar a los que trabajan en la empresa, porque la mayoría es personal externo.

A esta situación la tecnología hace sus propias aportaciones, como por ejemplo lo que se denomina ahora virtualización, que según cuentan los expertos, nos va a permitir disponer en una máquina física de ‘n’ entornos lógicos; o el nuevo chip anunciado por Intel, que dicen permitirá transmitir datos a la velocidad de la luz.

¿Cuál será el siguiente paso del ciclo del outsourcing? ...

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