| Libros |
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| Publicado el 10 de Noviembre de 2006 |
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Las ferias del libro en Bolivia
Luis Oporto Ordóñez
Historiador, archivero diplomado en España
Director General Biblioteca y Archivo Histórico del H. Congreso Nacional
Docente de la Universidad Mayor de San Andrés (La Paz)
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El mes de septiembre se celebró la Primera Feria Nacional de Libro, versión Cochabamba. Este evento fue organizado por la Dirección de Cultura (Oficialía Mayor de Cultura) de la H. Alcaldía Municipal de Cochabamba, agradable valle central de la República de Bolivia, famosa por su benigno clima y sus fértiles tierras, que en el pasado le valió la denominación de “El Granero de Bolivia”. |
Un viejo luchador por la lectura y el libro, Don Werner Guttentag, comentó en una correspondencia personal, a propósito de dicho evento librario:
“…cuyo programa en la práctica no tuvo (el) éxito deseado. La asistencia del público era escasa por la falta de carteles y publicidad en los medios de comunicación”.
El hecho que la primera feria nacional de libro de Cochabamba no hubiese logrado alcanzar las metas que los organizadores se hubiesen trazado, no significa dejar de lado este esfuerzo, sino todo lo contrario. El próximo año se deberá fortalecer esta iniciativa, aprovechando la circunstancia negativa para realizar un balance que permita superar los errores organizativos.
Efectivamente, abrir un espacio de lectura es una empresa azarosa, consolidarlo constituye una hazaña. El libro ha sido un huésped huraño para el común de las gentes, y por ello, adquirir sistemáticamente un ejemplar, era una utopía. Los hábitos de lectura son difíciles de insertar en una sociedad que tiene necesidades básicas de alimentación y vestuario, por ejemplo. El libro no tendrá un espacio privilegiado por sí mismo, sino que para ese propósito debe construirse un pacto entre tres actores, fundamentalmente: el autor, el librero y el bibliotecario. Este pacto o gran acuerdo permitirá incorporar en la cadena de lectura (uso y acceso del producto intelectual), al libro, la librería y la biblioteca pública.
El libro sigue siendo protagonista, a pesar de los nuevos vientos que surcan el ciberespacio, impulsando cada vez con mayor fuerza el libro digital, y más allá, en versiones revolucionarias de tinta digital.
Sin embargo, tal es el protagonismo del viejo libro impreso en tinta, que dos polos de promoción de lectura han surgido y se han consolidado en el país: la Feria Internacional del Libro de la ciudad de La Paz, declarado patrimonio cultural de esta ciudad en 2003, y la Feria Internacional del Libro de Santa Cruz de la Sierra, que busca ansiosamente emular, superar y desplazar a la primera.
También ha surgido una versión contestataria de la Feria formal. Me refiero a La Otra Feria que trae el sugerente título Del libro, su Preste. Esta otra Feria, tiene en el joven iconoclasta, su principal protagonista, y al mismo tiempo que es su debilidad (vg. por la falta de un “aparato promocional”), viene a significar su fortaleza, pues todo en él es vitalidad, idealismo, apertura, inclusión, etc., etc., aspecto que no vemos con todo ese dinamismo en la Feria formal del libro.
El escenario que hemos descrito, antes que antagonismo, nos muestra la fortaleza del libro, y por ende la importancia del autor, la librería y la biblioteca pública. Sobre esta tríada se yergue la majestuosidad del libro impreso en tinta, pues a partir de esta base puede llegar al usuario, quien la usa y disfruta, de acuerdo a sus necesidades.
La Feria del Libro de Santa Cruz, cada año se yergue remozada y competitiva, pero a diferencia de la Feria Internacional del Libro de La Paz, le faltan visitantes, pues como se ha establecido en las frías estadísticas, la de La Paz congrega a 50 mil o más visitantes, y la de Santa Cruz no llegó este año a los 30 mil que se había propuesto.
Lo anterior no debe ser asumido como un síntoma de debilidad, sino más bien como parte del arduo proceso de introducir el libro a la comunidad, a la sociedad, sobre todo en esta actual coyuntura, en la que el libro digital va cobrando fuerza y a su vez trata de desplazar la tinta impresa por la tinta digital. Y vaya que tiene sus adeptos y fans, por decirlo de manera coloquial. Hay quienes apuestan por la desaparición del libro impreso en poco tiempo. La vía es la digitalización y la creación de la biblioteca virtual, donde ya estarían accesibles al menos el 10% de la totalidad de libros editados en el mundo.
Sin embargo, el espacio que abre la Feria del Libro, cualquiera sea su alcance o su ubicación geográfica, tiene su impronta que la hace invulnerable al cambio tecnológico: el coloquio con los autores, el intercambio de libros, el olor de la tinta impresa, el detalle de las cubiertas, el arte de la diagramación, y en muchos casos, el arte de la encuadernación.
Gracias a la Feria, hoy están de fiesta el libro, las librerías y las bibliotecas, que rinden su ofrenda al autor y al lector, al creador y al usuario del producto intelectual que se plasma en ese curioso objeto que ha sido venerado y vituperado. No olvidemos que así como han existido gobernantes que han apostado a la edición del libro y la promoción de la lectura, otros la han conculcado, destruido e incinerado en vía pública.
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