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| Archivología |
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| Publicado el 13 de Octubre de 2006 |
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Día del Archivista Boliviano
Luis Oporto Ordóñez
Historiador, archivero diplomado en España
Director General Biblioteca y Archivo Histórico del H. Congreso Nacional
Docente de la Universidad Mayor de San Andrés (La Paz)
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En muchos países existe una fecha específica para conmemorar el día del archivero, aquel profesional que tiene la delicada misión de sistematizar, custodiar y accesibilizar uno de los bienes más preciados de su sociedad: la memoria, resultante de las actuaciones de las personas físicas y naturales, tanto en el plano privado como público.
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En Bolivia, cada 18 de octubre se celebra el Día del Archivista, pero ¿desde cuándo se instauró tan magna fecha para la archivística boliviana? ¿Cuáles las circunstancias y motivaciones? ¿Quiénes propiciaron la idea? Estas y otras interrogantes son respondidas en este breve artículo.
EL PROYECTO DE GABRIEL RENÉ MORENO
La historia del Archivo Nacional de Bolivia se asemeja, en parte, al lento desarrollo que ha experimentado la archivística en otros países. En el caso de Bolivia, la organización del repositorio oficial del Estado se concreta a finales del siglo XIX, cuando se logra constituir el Archivo General de la Nación, fusionándose posteriormente con Biblioteca Nacional para constituir en un servicio único.
Los antecedentes de creación del Archivo Nacional de Bolivia se remontan a la hazaña archivística de Gabriel René Moreno, quien se fijó como misión la recolección exhaustiva de la documentación colonial y republicana de importancia histórica. Entre 1874 y 1875, levanta un minucioso censo archivístico en la capital de la República, identificando los diezmados archivos coloniales, a la par de los malhadados archivos de la Guerra de la Independencia, la desgraciada suerte de los archivos republicanos y las causas de la destrucción documental.
En su dramático informe denunció que los archivos fueron relegados a parajes donde yacían hacinados, asemejando una gran bodega de papeles coloniales. El insigne Moreno sentenció: “si el dinero es el nervio de la guerra, bien pudiera añadirse que las cuentas son el nervio de la verdad histórica”. Caracterizó aquella falta de conciencia de la sociedad como “el sublime desdén boliviano”; e identificó las causas principales de la destrucción: la violencia transitoria de los militares y el poder del Ancucu, ese dulce de maní que se comió gran parte de la memoria colonial.
Gabriel René Moreno desafió a la clase ilustrada y al gobierno afirmando, en 1876: “se equivoca mayestáticamente el soberbio desdén boliviano, si cree que aquí se está abogando por la formación del gran archivo nacional. Dios libre al suscrito de caer con ludibrio en tamaña extravagancia, por más que la hora sea oportuna para la empresa”. Lanzó nuevos dardos al centro mismo de la inteligencia criolla: “Un ministro que se llama Casimiro Corral y otro que se llama Daniel Calvo dieron dos pasos en este sentido que habrán de ser del todo perdidos sin la urgente cooperación de un tercero que viniese a completar la obra”.
La obra no era otra cosa que su proyecto archivístico, consistente en siete medidas necesarias para “la ejecución de un acto breve, fácil y barato: poner en salvo los restos de los archivos históricos contra el despilfarro y el aniquilamiento”: a) Destinar en Sucre, para depósito de manuscritos históricos de la República, una sala especial, bien segura y seca; bajo custodia, si es posible. b) Que allí se junten y acomoden en el mejor orden material, no tocando el suelo y sin confusión de procedencias, los archivos Republicanos. c) Que a ellos se alleguen todos los papeles, registros y libros que en las oficinas públicas se viere que corresponde a la época colonial, o sean pertenecientes a los gobierno—intendencias, Reales Cajas, de La Paz, Cochabamba, Potosí, etc., pudiendo, quedar en la respectiva localidad los archivos de su cabildo, curia y escribanías. d) Que al depósito general se trasladen todos los expedientes y papeles de la minería colonial, arrumbados en alguna oficina de Potosí; prescripción que debe extenderse a los libros y papeles del banco de rescates, casa de moneda y otros establecimientos nacionales en la misma época. e) Que en la forma especificativa más conciliable con la facilidad de estas medidas se levanten inventarios de los diversos legajos que se formaren del depósito general; y que, por el funcionario a cuyo cargo corra dicho depósito, se lleve un libro donde se vayan anotando los donativos de manuscritos históricos que en adelante se hicieren. f) Que se sienten a favor del depósito cortapisas precautorias y sanciones penales contra el abuso de autoridades, de sacar piezas de los archivos a título de ministro, diputado, etc., o socapa del servicio público, y que se obligue al particular que necesitare un documento, a sacar copia en el local mismo y bajo custodia, como es de uso común fuera de Bolivia en establecimientos de esta especie. g) Que este depósito esté a cargo o bajo la vigilancia de un funcionario superior, el cual podrá diputar con calidad de custodio, para el caso muy raro de consulta, copia o de muy calificada y responsable sustracción de pieza, a un empleado de su dependencia y confianza. En todo caso se procederá dejando constancia de cualquiera operación o acto verificado en el depósito.
LA LEY DE CREACIÓN DEL ARCHIVO GENERAL DE LA NACIÓN 1883
El guante fue recogido seis años más tarde. En 1882, Demetrio Calvimontes presentó el proyecto de ley elaborado por instrucción del Gobierno, al Congreso Nacional para la organización de un repositorio que conserve ordenadamente los papeles oficiales del Gobierno de la Nación: “relativos al problema del Chaco, para la explotación y estudio del establecimiento de puertos sobre el río Paraguay y para poner en orden y clasificar todos los documentos públicos de la República coleccionando en sección especial los que directa o indirectamente se refieren a límites nacionales, departamentales o provinciales”. Con los papeles de la época Colonial, procedentes de la Real Audiencia de Charcas con topes cronológicos fijados en 1537, “se declara Archivo General de la Nación, el de la antigua audiencia de Charcas”.
El Archivo fue organizado por Ley de 18 de octubre de 1883. A partir de su creación, el Gobierno le asigna la importancia necesaria a la función de Archivo General, dependiente, del presupuesto del Tribunal Nacional de Cuentas (hoy, Contraloría General de la República). La ley autorizó invertir hasta Bs. 40.000 en poner en orden y clasificar el archivo nacional de la República, coleccionando en sección especial todos los documentos.
El Decreto Reglamentario del 5 de mayo de 1884, le exigía al Archivero Nacional competencia en la materia, llevar un índice en que se consten todos los papeles, legajos y libros del archivo con expresión de su procedencia y numeración, así como una constancia documentada de todo lo que se saque del archivo así como de los que se devuelvan. Era responsable de conservar el archivo con orden y método de modo que cada legajo tenga su carátula por orden cronológico en el lugar que le corresponden a cada una de las oficinas de su procedencia. Constituir el Archivo General de la Nación, era imperativo para evitar la desorganización y destrucción de la memoria histórica nacional.
RESOLUCIÓN DE JULIO DE 1982 "DÍA DEL ARCHIVISTA BOLIVIANO"
Pasó casi un siglo desde que Demetrio Calvimontes presentó el proyecto de ley de creación del Archivo Nacional de Bolivia al Congreso de la República, pero tan importante fecha del calendario archivístico pasaba generalmente desapercibido, a excepción, claro está, del propio Archivo Nacional, que recordadaza tal acontecimiento en medio de la penuria y la soledad en la que se encontraba, soterrada como estaba en la lejana ciudad de Sucre, capital histórica de la República.
El histórico año de 1982, Gunnar Mendoza, emblemático archivero boliviano, en su condición de Director del Archivo y Biblioteca Nacionales de Bolivia, convocó desde Sucre a la Segunda Reunión de Consulta de los Archivos de Bolivia, para sesionar en Cochabamba entre el 5 y el 7 de julio. Para ello contó con el auspicio del Archivo Histórico de La Paz, la Asociación de Archivistas Ex becarios de la OEA, y el apoyo económico del Centro Cultural y Pedagógico “Portales” de la Fundación Patiño. La ciudad de Cochabamba, enclavada en un tranquilo, apacible y fértil valle, cuya generosidad en proveer frutos de la tierra al país todo, le valió el título de “El Granero de Bolivia”, fue la anfitriona del histórico encuentro.
De esa manera, en julio de 1982, un grupo de archivistas exbecarios de la OEA, entre ellos Elvira Cárdenas, Roberto Choque, Gonzalo Aguilar, Marcela Inch, el autor de estas notas, reunido en la ciudad de La Paz acordaron presentar un proyecto de resolución a la II Reunión de Consulta de los Archivos de Bolivia, planteando la celebración del Día del Archivista Boliviano, el 18 de octubre, en conmemoración al día de creación del Archivo General de la Nación, tal como fue bautizado el repositorio histórico en esa lejana fecha.
Durante sus sesiones, había recibido el informe de Gunnar Mendoza de las tareas ejecutadas como parte del Programa sobre el Desarrollo de los Archivos y Documentos Públicos de Bolivia (iniciado en 1976 por Gunnar Mendoza y Alberto Crespo Rodas).
La plenaria final del el 7 de julio, analizó, en primer término, cuatro aspectos:
(a) Proyecto legislativo. Medidas para detener la destrucción incontrolada de documentaciones de entidades públicas y privadas. (b) Organización. Acciones para la organización de las Asociaciones Departamentales y Nacional. (c) Censo. Bases para un estudio objetivo de la situación económica y profesional del archivista boliviano. (d) Otros problemas. Declaración de Principios del Archivista Boliviano.
A su turno, el delegado de la Asociación de Archivistas Exbecarios de la OEA, presentó el proyecto de Resolución que se había elaborado en la ciudad de La Paz, el mismo declaraba (en su primer punto) a Gunnar Mendoza Maestro e Impulsor de la Archivística Boliviana y (en el segundo), reconocía el 18 de octubre, como el Día del Archivista Boliviano, en homenaje a creación del ABNB en 1883.
Grande fue la sorpresa del Dr. Gunnar Mendoza, quien desconocía en lo absoluto el contenido del proyecto de resolución. Daba la casualidad que el ABNB cumplía los 100 años de creación el año 1983, lo que constituyó un doble motivo de alegría para el meritorio maestro.
Desde entonces, en nuestro territorio nacional, se celebra el 18 de octubre de cada año, el Día del Archivista Boliviano. Al principio fueron los discípulos y allegados de Gunnar Mendoza quienes celebraban el acontecimiento. Incluso podríamos afirmar, que ni en el propio ABNB se lo consideraba puntillosamente. Paulatinamente, otros archiveros se sumaron a la iniciativa, entre ellos menciono a Martín Quispe Laruta, quien en solitario, desde su fuente de trabajo en el Archivo del Ministerio de Agricultura, elaboraba un afiche que, multicopiado en algunas decenas, hacía circular ente los archiveros del Poder Ejecutivo. Un par de años organizó un acto público, al que asistieron las máximas autoridades de aquel Ministerio. Desde el Archivo Etnológico del Museo Nacional de Etnografía y Folklore, casi de manera ritual, se organizaron actos conmemorativos. Más tarde fue el Archivo Histórico de La Paz que continuó con esta labor, congregando a los estudiantes y docentes universitarios que rendían homenaje discreto al archivero boliviano. También desde el Archivo del Banco Central de Bolivia se emitieron mensajes alusivos, y uno de sus funcionarios, René Santos, hacía circular un impreso relativo a la fecha.
La fecha se institucionalizó al interior de la Carrera de Bibliotecología y Ciencias de la Información, y coincidentemente a nivel nacional, el año 2005, en ocasión de las Jornadas Paceñas de Bibliotecología y Archivística, oportunidad en la que se presentó una crónica de la origen del Día del Archivista Boliviano.
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