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  FIRMAS: LUIS OPORTO ORDÓÑEZ CD
 
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Archivología
Publicado el 18 de Febrero de 2009
 

Víctor Hugo Arévalo Jordán, un archivero boliviano notable

Luis Oporto Ordóñez
Historiador, archivero diplomado en España
Director General Biblioteca y Archivo Histórico del H. Congreso Nacional
Docente de la Universidad Mayor de San Andrés (La Paz)

Luis Oporto Víctor Hugo Arévalo Jordán es un boliviano notable, aunque injustamente ignorado en Bolivia. Nuevamente pareciera que el viejo refrán tiene mucho de verdad: “Nadie es profeta en su propia tierra”.

Víctor Hugo Arévalo frisa los 63 años. El tiempo ha hecho mella en su humanidad, pues un mal le afectó el sentido del oído. En lugar de desanimarlo, el percance le llevó a perfeccionar otra destreza: la lectura de los labios, aunque ciertamente oye si se le habla fuerte. Llegó a La Paz, procedente de la Argentina, de la ciudad de Santa Fe de la Vera Cruz (como le gusta mencionar), donde ejerce la docencia universitaria.

VITA

Nació en Cochabamba el 23 de diciembre de 1946. En las pocas líneas que escribió para introducir uno de sus libros recientes (Cif. La descripción colectiva de los archivos, 2005), señala que fue maestro rural en Umala, célebre comunidad aymara, prestigiosa y paradigmática por la creatividad innata de sus artesanos.

Allí desempeñó --afirma con orgullo-- “el cargo de Alcalde por elección popular”.

Tiene muchas facetas además de profesor rural y funcionario de aduanas, pues fue actor de teatro y cultiva hasta hoy la poesía. El 2008 la Revista Khana publicó varias de sus poesías, lo que quiere decir que nunca abandonó esa vena literaria.

Como muchos archiveros ’empíricos’ de su tiempo, estudió en el célebre curso de Administración Archivística y Paleografía que dictaron Gunnar Mendoza, Manuel Vásquez, y otros docentes de la Escuela de Archiveros de la Universidad de Córdoba (Argentina), en el ya lejano julio de 1976, en el auditorio de la Biblioteca Municipal de La Paz. Allí se organizó la primera Asociación de Archiveros de La Paz, que se disolvió a inicios de los 80’s, de la que formó su mesa directiva, como recordó la noche de la Tertulia.

Con justicia se reclama discípulo de Gunnar Mendoza y Joaquín Gantier.

Igualmente como muchos otros, se formó en los Cursos de Administración de Archivos, que se dictaban en el Centro Interamericano de Desarrollo de Archivos (CIDA), en la Escuela de Archiveros de la Universidad Córdoba.

Por ello reivindica –también merecidamente-- ser discípulo de Aurelio Tanodi y Elsa Fajardo.

“Allí obtuve el diploma de archivero”, señaló durante la Tertulia del 13 de febrero, ante una audiencia que colmó las instalaciones de la Sala de Lectura de la Biblioteca del Congreso Nacional.

TERTULIA ARCHIVISTICA

Cuando emitimos los avisos sobre el trabajo de los voluntarios de la Primera Brigada, Victor Hugo escribió un mensaje en el que expresaba su adhesión al carácter solidario del voluntariado. Fue entonces que me anunció su llegada al país para la segunda semana de febrero, más no para enrolarse en la Brigada, sino para visitar a su familia. Por el correo privado le consulté –no obstante esa aclaración—si nos honraría con su presencia para una Tertulia, en el marco de las actividades de la Primera Brigada.

Aceptó encantado, concretándose de esa manera su presencia en la Tertulia Archivística del 13 de febrero.

Llegó –a esa memorable velada nocturna-- escoltada por dos de sus hijas y una de sus nietas. “Vuelvo periódicamente a la patria, por ellas”, me confió. Recientemente perdió a un ser querido, hecho que provocó tremendo dolor en su ser sensible.

Como es ya tradición, a la Tertulia asistieron directores de archivos, estudiantes universitarios, docentes y los voluntarios de la Primera Brigada que concluyeron su trabajo. Se lo vio, después de muchas lunas a Juan Carlos Fernández, aunque siempre nos acompañó desde la Lista Archivistas_Bolivia.

A Víctor Hugo Arévalo lo conocí cuando era funcionario del Archivo de la Aduana Nacional, hacia 1979. Hablamos, en aquella oportunidad brevemente. No cambió mucho en su fisonomía desde entonces, pero sobre todo no cambió en su sencillez, virtud que lo acompaña hasta hoy.

Víctor Hugo Arévalo habló esa noche de su vida en Bolivia (no olvida su trabajo en la Aduana Nacional), su viaje y radicatoria en la Argentina, a finales de 1982; recuerdos de su esposa y sus proyectos de juventud. Trajo a su memoria duros momentos que viven los bolivianos emigrantes, acuciados por la falta de oportunidades para construir un futuro promisorio. Recordó la hora decisiva en la que dirimió la disyuntiva de obtener un trabajo digno o retornar al país, pues “debía cumplir mis obligaciones de hombre con la familia”, rememoró.

Decidió presentar un proyecto de creación de la Carrera de Archivología, al gobierno de la Provincia de Santa Fe, y en una segunda oportunidad, al gobierno de Paraná (Provincia de Entre Ríos). Felizmente ambas carreras universitarias se concretaron en 1985 y 1986, respectivamente.

En aquella época trabajó febrilmente con archiveras de la talla de Catalina Pistone, Ana María Cecchini de Dallo (Santa Fe) y Elsa Bertozzi (Entre Ríos). Entre sus méritos cabe destacar la organización del Primer Congreso de MERCOSUR.

LA DOCENCIA UNIVERSITARIA

En su desempeño como docente universitario en la Escuela de Archivología de la Universidad de Córdoba, tuvo a su cargo las cátedras de Teoría de la Archivística y de la Archivología. “Hay mucha diferencia entre ambas, siendo la primera la que se ocupa de la técnica y la segunda de la ciencia”, sentenció durante la Tertulia.

Mas tarde enseñó, como profesor titular, en la Universidad Católica de Santa Fe, las asignaturas de Metodología de la Investigación Histórica, Paleografía y Diplomática Americana (esta dos las dicta también en la Universidad de Entre Ríos), Historia Americana y Seminario de Tesis.

Continuó su trabajo docente en la Universidad Nacional del Litoral (Santa Fe), con el Curso de Introducción a la Archivología, de igual manera y de manera innovadora, la Tecnicatura y Licenciatura en Archivística (modalidad a distancia).

Hoy es profesor titular en las cátedras de Paleografía y Diplomática, Metodología de la Investigación Archivística y Seminario de Tesis en la Facultad de Ciencias de la Gestión de Paraná y en la Carrera de Historia de la Concepción, Uruguay.

Víctor Hugo Arévalo bebió de las sabias clases impartidas en la vieja Escuela de Archivología de Córdoba, y pasó a ser un destacado catedrático universitario. Es un gran autodidacta, pues tardíamente obtuvo el bachillerato de Ciencias en Tecnologías de la Información y mas tarde aun, el Master (curso a distancia) en Dirección de Sistemas de Información, en la Universidad de Canterbury, Reino Unido, como reza su sintética vita.

SU OBRA INTELECTUAL

Su obra intelectual es amplia, pues se plasma en 33 libros. Alguien le preguntó como inició tan fructífera y notable labor. “Cuando planteé crear la carrera y empecé a impartir docencia, no había bibliografía. Solo teníamos Tanodi y Vásquez. Me dije a mi mismo: tengo que escribir uno. Y así nación Teoría Archivológica”, recordó.

Batalló en esa época heroica, como muchos otros noveles editores, con el ya casi olvidado esténcil a tinta de alcohol, y posteriormente la mimeografíadora automática, la antecesora del ofset.

“No es muy complicado escribir una obra, cuando uno ya domina el tema. Lo complicado viene en la fase de la edición, es un via crucis encontrar editor. Si publicas 1000 ejemplares, estos no se venden y puedes fracasar, quedarte con grandes remanentes estocados”, ejemplificó, para luego señalar que “la solución es trabajar on line, de manera virtual. Así tienes la obra y esta no se pierde, incluso puedes imprimir un ejemplar por seguridad. Luego, procedes a imprimir los ejemplares en función de la demanda”, sabia lección de este notable archiveros boliviano, de quien la Biblioteca del Congreso adquirió 11 ejemplares, que expuso el autor durante el IV Congreso Internacional de Bibliotecología, Archivística y Documentación que organiza el Colegio de Profesionales en Ciencias de la Información, en la ciudad de La Paz, en 2007.

Habló brevemente de la historia de sus obras más preciadas, entre ellas su Teoría Archivológica y su Diccionario de Terminología Archivística, recordó que éste último surgió como una misión autoimpuesta en la Primera Reunión de la RIBEAU. “Se publicó antes que el Consejo Internacional de Archivos acometiera su propia tarea”, acotó.

La Tertulia podría haberse prolongado muchas horas más, pero habrá oportunidades en el futuro para continuar conversando sobre Archivística y Archivología, Historia y Metodología, la Patria y la familia.

LA PRIMERA BRIGADA INTERNACIONALISTA

A la tertulia asistió como invitado un grupo de voluntarios procedentes de Argentina y Chile, que cumplieron su misión el viernes 13. Llegaron a principios de febrero a La Paz por diversos medios:

* Por tierra desde Argentina siguiendo la ruta Villazón-Potosí. Para quienes conocen ese largo trayecto, sabrán que es un viaje que puede calificarse de aventura, tanto por las condiciones de la carretera como por el peculiar servicio que brindan las flotas de transporte automotor.
* Dos grupos distintos llegaron por tierra, conduciendo desde Santiago.
* Una de las brigadistas se costeó el pasaje de avión.
* Todos usaron sus vacaciones para trabajar en Bolivia.

El grupo que terminó su trabajo, se instaló en el Archivo Histórico de la Minería Nacional, situado en la Calleja de los Archiveros, donde se constituyó el cuarte general de la Brigada. Ni el frío extremo, o la lluvia intensa, impidieron su trabajo, acompañados por los brigadistas bolivianos y los compañeros archiveros-mineros de la COMIBOL, con quienes empezaron a construir sólidos puentes de amistad. La casualidad quiso que varios de los brigadistas celebraran sus cumpleaños en ese ambiente peculiar, lo que le dio un tono especial a su trabajo, pues celebrar tan importante fecha en tierras lejanas, se convierte en algo inolvidable.

Vinieron a cooperar voluntariamente en el trabajo de las bibliotecas y archivos bolivianos, pero es indudable que todos llegaron para observar la revolución cultural y democrática que se gesta en Bolivia. “Es paradigmático para todos nosotros”, mencionó uno de los jóvenes. “Esperamos que se de algo semejante también en nuestros países”, acotó una de las jóvenes voluntarias. Una ya mayor, con mucha experiencia, rememoró épocas de gloria del movimiento popular: “nos arrebataron nuestros sueños con Allende, en Chile, en 1973”, afirmó con nostalgia y al mismo tiempo con esperanza.

Ese deseo interno explica que todos estos voluntarios estuvieran en el histórico acto de promulgación de la Constitución Política del Estado, el 7 de febrero, en la ciudad de El Alto, junto una multitud nunca antes vista en un acto político. Participaron en el desfile, y al pasar por el placo oficial, saludaron con entusiasmo y emoción a los primeros mandatarios.

A su manera estos voluntarios se sienten protagonistas de una pequeña parte de esta gran historia que tejen día a día hombres, mujeres y niños de Bolivia, hoy Estado Unitario Social de Derecho Plurinacional, como reza el artículo 1º de la Constitución Política del Estado, aprobado por el Soberano en el histórico plebiscito del 25 de enero, y promulgado por el Presidente Evo Morales el 7 de febrero.

Un intenso trabajo caracterizó la corta pero fructífera estancia de los voluntarios en La Paz. Esa noche la Corporación Minera de Bolivia les extendió certificados de trabajo a Damián Marcote, Miriam Graff, Natalia Sturm, Carolina Góngora y Manuel Illia de la Argentina (que trabajaron en El Alto); Julia Martínez, de Chile, excelente bibliotecóloga que trabajó en el Centro de Documentación de la COMIBOL; Mario Urquiola, Verónica Muñoz, Manuel Urquiola y Daniela Toledo (Chile). Los dos primeros tuvieron a su cargo talleres y cursos de capacitación en diversas instituciones de El Alto y La Paz.

También entregaron diplomas a voluntarios que permanecen todavía en Bolivia. Javier Gimeno Perelló de España (Organizador de las Brigadas), María Antonieta Calabacero, Karin Ballesteros y Miguel Zamora (Chile); Cecilia Gutiérrez, Mariano Cantoni y Carolina Contino (Argentina), Oscar Yassu, Camilo Rivera y Camilo Valencia, (Colombia). Los últimos cinco voluntarios trabajan en Oruro.

Fue emotivo el discurso de Edgar “Huracán Ramírez”, que entregó los diplomas en nombre de la COMIBOL. En esa elocuente intervención explicó la importancia estratégica de los archivos para el desarrollo nacional. “Los documentos de la COMIBOL, pese a que fueron creados desde fines del siglo XIX y por ello se tipifican como “históricos. Son papeles de vigencia permanente y con ellos se está potenciando la economía del Estado”, sentenció.

Evidentemente, como ya se ha demostrado ampliamente, en los hechos estos recursos documentales son empleados cotidianamente para dos fines: a) defensa de la COMIBOL y el Estado; b) para el desarrollo de la minería nacional.

COLOFÓN

Las tareas que han desarrollado hasta hoy los voluntarios de la Primera Brigada, les han posibilitado desde la transmisión de conocimientos hasta el aprendizaje de una nueva realidad, como mencionan en sus intervenciones públicas. Además del silencioso trabajo que realizan en las instituciones beneficiarias, los voluntarios participan en conferencias, seminarios, talleres, tertulias, que se han ido realizando en diversos auditorios de las ciudades de El Alto, La Paz, Cochabamba y Oruro.

Muchas gracias, Víctor Hugo por ese momento tan especial que nos prodigaste en la Tertulia Archivística, espacio de diálogo que permitió que las nuevas generaciones conozcan tus aportes intelectuales, hasta hoy inmerecidamente ignorados en Bolivia. Gracias por llevar --allende la frontera-- en alto el nombre de la Patria, y el tesón y conocimiento de los bolivianos.

Muchas gracias, amigos, compañeros y hermanos voluntarios de la Primera Brigada Internacionalista de apoyo a las bibliotecas y archivos de Bolivia, por su solidaridad con los archivos y la patria boliviana.

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