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| Archivología |
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| Publicado el 28 de Agosto de 2008 |
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Alberto Crespo Rodas, Historiador y Archivista
Luis Oporto Ordóñez
Historiador, archivero diplomado en España
Director General Biblioteca y Archivo Histórico del H. Congreso Nacional
Docente de la Universidad Mayor de San Andrés (La Paz)
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El sábado 23 de agosto de 2008, Tertulias Archivísticas realizó una sesión en el domicilio de Alberto Crespo Rodas, quien se halla ya retirado de la vida pública. En esta memorable oportunidad, leyó algunas fichas de su archivo personal, concretamente de aquella lejana época de su formación universitaria en la Carrera de Historia en la Universidad de San Marcos (Lima, Perú). Es menester una breve noticia de la vida y obra del insigne historiador, controversial y paradigmático Maestro, antes de continuar con la descripción de esta Tertulia. |
Vida
Nació en la ciudad de La Paz el 21 de septiembre de 1917. Desde muy joven trabajó en el Ministerio de Relaciones Exteriores, siendo designado como secretario de una legación boliviana en Europa. Vivió en el exilio europeo desde 1952. Posteriormente estudió Historia en la Universidad Nacional de “San Marcos” en Lima (Perú). A su retorno a Bolivia (después de la caída del régimen del MNR) al margen de desempeñar puestos públicos, se dedicó a la enseñanza de la Historia en la Facultad de Humanidades de la Universidad Mayor de “San Andrés”, formando varias generaciones de historiadores profesionales y especialistas en archivos históricos. En su trayectoria compartió la cátedra, la investigación histórica, la bibliotecología y la archivística. Fue Director de la Ilustre Biblioteca Central de la UMSA, docente de la Carrera de Historia y Director fundador del Archivo Histórico de La Paz (07/04/1970); fue Coordinador General del Programa de Desarrollo de Archivos y Documentos Públicos de Bolivia (1976). Fundó la Sociedad Boliviana de la Historia; fue Presidente de la Academia Boliviana de la Historia y es miembro de las de la Lengua y Ciencias de Bolivia; es correspondiente de la Academia de la Historia del Perú. Premio Nacional de Cultura (1989), condecorado con la Orden del Cóndor de los Andes (2004), y Premio a la Cultura del Club de La Paz (2006). Fue también Embajador de Bolivia en el Ecuador (1989-1993).
Obra
Su contribución a la historiografía fue notable. Destaca por un estilo narrativo puro y preciso, bien documentado, haciendo gala del dominio del idioma, por lo que la lectura de su obra se hace atractiva, amena y al mismo tiempo, como resultado del análisis historiográfico, la obra es profunda y aleccionadora. Ha publicado varias obras: El Corregimiento de La Paz (1548-1600); Historia de La Paz (Siglo XVII); La Guerra entre Vicuñas y Vascongados; Fundación de la Villa de San Felipe de Austria; La Mita de Potosí; Esclavos Negros en Bolivia; Los Exiliados Bolivianos (Siglo XIX); Tiempo Contado; Recuerdo Crepuscular (autobiografías) y más recientemente un opúsculo sobre su padre Luis S. Crespo, en colaboración con su hermano Alfonso y su esposa Alicia Quintanilla. Como pocos docentes, ha involucrado en la labor investigativa a estudiantes universitarios, con los que escribió y publicó La Vida Cotidiana en La Paz durante la Guerra de la Independencia; y, Siporo, Historia de una Hacienda.
Tertulia Archivística
La cita empezó a las 10:00 de un sábado soleado y de atmósfera agradable, con 15 contertulios. Luego de un preámbulo animado, el Maestro exhibió un pequeño archivador, del cual extrajo sus fichas mecanografiadas, con profusas notas manuscritas, que lo transportaron a las aulas de la ilustre Universidad de San Marcos. La Teoría archivística, especialidad del Maestro, fue abordada desde su preferencia bibliográfica y reflexiva personal. Tucídides, Tito Livio; Hegel, Nietzche, Marx, Engels; Croche, Bloch, Toynbee, Collingwood, fueron invocados para darle contenido al pensamiento historiográfico, su método, sus técnicas, sus fines. La pasión por el documento no pudo ser reprimida, como toda su generación, reivindica la importancia del documento: “la historia empieza con la escritura. La prehistoria, se interpreta con los monumentos”, sentenció.
La relación intrínseca, umbilical de la historia con las fuentes, explican esa otra pasión legítima del Maestro: la organización de los archivos. La Carrera de Historia y la Sociedad Boliviana de Historia fueron los instrumentos que empleó para la concienciación de la elite intelectual que ‘escribía’ historia, primero, y de los gobernantes después, para organizar los archivos históricos, como se puede ver en las Recomendaciones de la II y IV Reunión de la Sociedad Boliviana de Historia de Santa Cruz (1976) y Oruro (1978), sobre los archivos históricos de esas regiones. Alumnos de la primera y segunda generación empezaron a mostrar resultados, expresados en inventarios y guías de numerosos archivos históricos. Solo por citar algunos ejemplos, menciono los archivos de Condo Condo (F. Ballivián), Corque (F. Cajías), Catedralicio de Santa Cruz (F. Cajías, C. López), San José de Chiquitos (J. Cortés), Parroquiales de La Paz (T. Rossaza y M. Inch), San Agustín (S. Arze et al.), Radio Nacional de Bolivia (L. Escobari) o la Guía de Fuentes para la Historia de la Iglesia en Bolivia (R. Arze).
Al término de su intervención, sus antiguos pupilos expresaron sus testimonios. M. Money y C. Soria (primera generación), M. Paredes (segunda), F. Chuquimia, J. Saravia y J. C. Fernández (tercera), R. Fernández (cuarta), M. Montecinos (quinta). V. Silva, aun estudiante, le dijo al Maestro: “para mi usted era inalcanzable; mis profesores me hablan de su trabajo, pero ahora tengo la oportunidad de conocerlo personalmente”. Edgar “Huracán” Ramírez, notable archivero; C. Campos, R. Quispe y L. Quiñones (profesionales de Bibliotecología y Archivología), expresaron su testimonio desde la experiencia emblemática del archivo minero.
Alicia Quintanilla de Crespo, su solícita esposa, me alcanzó una hoja que Alberto Crespo había desechado. El suelto, leído a la audiencia, a la letra relata en primera persona un testimonio que nos retrotrae a Tiempo Contado o a Recuerdo Crepuscular:
“Alguien me dijo que siempre ando en pos de frases. Tal vez tenía razón porque me impresiona la fuerza de una síntesis en pocas palabras de todo un discurso y entonces no me cuesta asimilarlas y retenerlas. De la misma manera por épocas largas o cortas mi vida ha sido dominada por alguna obsesión literaria. Apasionarme por un libro o por un autor, releerlo, aprender párrafos de memoria, hablar a los amigos, discutirlo a veces con vehemencia”.
“No podría negar que estoy influido por el mito de las palabras, como si las cosas no sucedieran si no son escritas. Será porque por mi oficio de historiador lo que hago es leer testimonios, relatos, memorias, informaciones que son la única manera de conocer a los hombres con quienes trato y que ya no existen”.
“No concibo una obra de arte que no llegue a generar emoción. Si me gustan es porque me emocionan. Será por mis inclinaciones a escribir que hallo en la literatura la mayor fuente emocional. Me parece también cierto que solo el drama, lo patético, la tristeza hacen surgir la emoción, ese vehículo mágico entre las cosas y la conciencia”.
En esas tres frases, sintetiza su doble vocación intelectual: las bellas letras y la historia. La historiografía de Alberto Crespo es una conjunción de ambos géneros, magníficamente articulados y expuestos. Se puede afirmar que al interior del historiador serio subyace un gran cultor de la literatura.
Hombre de pocas palabras y menos expresivo aun, sorprendía con ciertas actitudes. R. Fernández contó que cuando defendió su tesis, el Maestro le entregó una tarjeta personal instruyéndole que pase por la Biblioteca Central. Allí recibió a cambio una impresionante donación: la colección de las Obras Completas de los Hermanos Humberto y Alberto Vásquez Machicado. A otros les obsequió una copia (emblemática en las salas de varios historiadores) de la Visita del Virrey Morsillo a la Villa Imperial de Potosí, detalle de una obra original del célebre Melchor Pérez de Holguín, que lleva su autorretrato).
Alberto Crespo pronto cumplirá 91 años. La visita reconfortó su espíritu, recibió muestras de afecto de todos los participantes. Notó la falta de algunos de sus discípulos y se emocionó notablemente cuando le informamos que J. Jáuregui le escribió por email desde Quito. La anfitriona destacó por su amabilidad y cordialidad, obsequiándonos con sabrosas salteñas, muy propias de la ínclita ciudad de Nuestra Señora de La Paz.
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