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| Publicado el 16 de Agosto de 2008 |
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Historiografía y Archivos en Cobija, "La Perla del Acre"
Luis Oporto Ordóñez
Historiador, archivero diplomado en España
Director General Biblioteca y Archivo Histórico del H. Congreso Nacional
Docente de la Universidad Mayor de San Andrés (La Paz)
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A raíz de un viaje oficial para la presentación del libro digital Legislación Boliviana. Compilación de leyes 1825-2007, organizado por la Vicepresidencia de la República y la Fundación de Apoyo al Parlamento y a la Participación Ciudadana, tuve la oportunidad de conocer la bella ciudad fronteriza de Cobija, enclavada en el noroeste del país. |
En el recorrido del aeropuerto hasta el hotel, se veían numerosos carteles anunciando obras emprendidas por la Alcaldía Municipal, que muestra una ciudad en pleno desarrollo urbano, hecho destacable en esta época de gran expectativa para las 372 alcaldías de Bolivia, pues estas obras se financian fundamentalmente con recursos del impuesto directo a los hidrocarburos.
I. VIAJAR A COBIJA, UN PRIVILEGIO DE POCOS
Cobija, capital del departamento Pando, está ubicada en el Noroeste de la República, en la frontera con el Brasil. Es la ciudad que históricamente menos apoyo recibió en el pasado del poder central, motivando una especie de ‘frustración social’ en sus habitantes.
Creo firmemente que debiera ser una obligación para todo boliviano conocer este confín del territorio nacional, pero por esas peculiaridades propias de nuestro país, todavía sigue siendo un privilegio. Viajar a esa región sigue siendo una aventura, pues el medio más usual son pequeños aviones Fairchild, turbohélices Focker y jets. Los viajes interprovinciales se realizan preferentemente en frágiles avionetas, al mando de audaces pilotos que arriesgan su vida diariamente.
Por otra parte existe una deuda histórica de Bolivia hacia este jirón patrio. Cobija simboliza en su más alto grado el concepto de defensa de la heredad nacional. Fue precisamente en esa región que se suscitó el alzamiento armado de los filibusteros Luis Galvez (1899) primero y Plácido de Castro después (1902), para crear la ‘República del Acre’, simple excusa histórica pues el conflicto contó con el abierto apoyo del Brasil. Ante esa trágica coyuntura, el magnate de la goma Nicolás Suarez organizó y armó la célebre columna “Porvenir”, con la que enfrentó a los alzados en armas y logró detener el avance enemigo. Este puñado de milicianos derrotó a las huestes separatistas en la batalla de Bahía el 11 de octubre de 1902.
Posteriormente, Percy H. Fawcet encontró a Castro con el grado de coronel y gobernador del Acre, premio otorgado por Brasil. Castro tuvo un fin dramático, pues murió asesinado en 1906.
Recuerdo un hecho acaecido en octubre de 1988, cuando un grupo de jóvenes estudiantes protagonizaron la Caravana de Integración Boliviana, partiendo desde Cobija rumbo a la ciudad de La Paz. Entre ellos se encontraba Luis Adolfo Flores, entonces adolescente. Hoy es el Alcalde de la ciudad de Cobija.
II. HITORIA ÉPICA DEL NOROESTE BOLIVIANO
La región fue invadida por migraciones Arawac-Pano, que bajaron desde el norte, lograron adaptarse y dominar el medio ambiente. No eran desconocidos para el Incario (que los denominaban como Antis) pues se ha establecido que tenían acceso a la cuenca del Madre de Dios por la vía de Paucartambo y ruta de Carabaya por el Este, y en época de Inca Yupanqui (siglo XV), sus ejércitos incursionaron a lo largo del Amaru-Mayu. Diversas etnias amazónicas la poblaron, como los Capaheni, Iñapari, Araonas, Pacahuara, Caripuna y Toromona. En 1994, el primer censo de población indígena empadronó únicamenente a Tacanas, Cavineños y Chama (Ese Ejja). Los Araona, Machineri y Yaminawa subsisten en población muy disminuida. Carlos Saavedra, historiador pandino señala que el resto “ha sido brutalmente borrado de la faz de la tierra por enganchadores y empresarios en el tiempo de la goma”.
El Estado imperial español, en la época colonial, organizó varias ‘entradas’ para sentar soberanía ante el avance portugués, tales como los de Pedro de Candia y Pedro Anzures de Campo Redondo (c. 1539), quien logró contactar a los Tacana. En 1567 Alvarez Maldonado fundó un pueblo en territorio Toromona, en tanto que Miguel Cabello de Balboa (1593), alcanzó a llegar hasta Ixiamas y Tumupasa, y en 1621 Fray Gregorio de Bolívar contactó a los Tacanas, en las inmediaciones del río Manutata (Madre de Dios).
El estereotipo del salvaje irreductible y bárbaro fue una constante en la intelligentsia de la época. En 1794 el científico Tadeo Haenke se refería a ellos como “multitud de naciones bárbaras que viven en los bosques”, coincidente con el criterio de John B. Pentland (1826) en su informe se refería a esta región como hábitat de “raras tribus nómadas de indios salvajes”. En pleno siglo XX era común y no asombraba a nadie que los caucheros cazaran a los indómitos Pacahuaras como si fueran bestias salvajes.
El Estado republicano envió a José Agustín Palacios (1844-1845), a explorar la región por primera vez, secundado por los norteamericanos Hardoy y Gibbon (1851), que siguieron su ruta por encargo de Washington. Los ingenieros brasileros José y Francisco Keller (1861) y el italiano Jesualdo Machetti (1861), estudiaron las cachuelas del Madeira. Por su parte, James Orthon e Ivon Heath (1876) recorrieron el curso desconocido del río Beni, y Edwin Heath siguió ese trabajo por encargo del Cnl. Church y del empresario Vaca Díez. Una importante exploración fue realizada por el fraile franciscano José Cardús (1864) quien hizo una descripción de los caminos y las “tribus salvajes”. El cura español Nicolás Armentia (1881-1882); y el científico italiano Luigi Balzán (1890-1892), complementaron valiosa información.
Los militares también realizaron diversos trabajos exploratorios, como el brasilero Antonio Labre, pero sin duda las más importantes fueron las exploraciones hidrográficas del Cnl. José Manuel Pando (1893-1894), las del Mayor inglés Percy H. Fawcett (1907), quien exploró la hidrografía de la región por encargo del gobierno boliviano, en trabajos de demarcación fronteriza.
Luego del abandono de la quina varios empresarios atraídos por el valor del caucho, incursionaron en la región desde muy temprano, tal el caso de Santos Mercado, un verdadero precursor, pues explotó desde 1844 el siringal “El Paraíso” sobre el río Madera. En 1870 los cruceños Angel y Félix Arteaga y Angel Cortés, explotaron las barracas pandinas “Sagnacepere” y “Todos Santos”, cuya goma fue reputada en Europa “de mejor calidad que la del Madera”. Numerosos y anónimos pequeños industriales les siguieron, antecediendo a la mayor proeza empresarial que emprendió Antonio Vaca Diez (1881), quien compró el siringal “Naruru” de Angel Arteaga; y Víctor Mercier (1887) realizó varios trabajos de exploración fluvial. El gigante de la goma fue Nicolás Suarez, quien opacó al resto levantando un vasto imperio mundial.
Sin duda estos pioneros tuvieron que enfrentar dificultades sin nombre propias de la época, como el transporte desde los siringales hasta el Mamoré que se hacía en 30 días de marcha lenta y fatigosa, empleando vías fluviales.
A mediados del siglo XIX, una corriente migratoria procedente del Ceará (Brasil), huyendo de una fatal sequía se asentó en el actual territorio de Pando. El Delegado Nacional Lisímaco Gutiérrez, informa que en 1896 esta región se hallaba poblada por 60.000 súbditos brasileros y 6.529 bolivianos, de los cuales el 48% eran mujeres. Esta cifra incluye a 4.244 indios y 48 negros (65% del total), sometidos a un régimen esclavista en los siringales. Solo 784 habitantes tenían algún grado de instrucción. Finalmente, censaron a 172 extranjeros no brasileros.
Pando fue poblada con aguerrida gente de diversos departamentos de la república que impulsaron el desarrollo industrial (cruceños, fundamentalmente) y el comercio de este departamento con inmensas riquezas naturales renovables y no renovables. Actualmente el comercio local está en manos de paceños, cochabambinos, orureños y de otros departamentos. Un grupo de familias explota la ganadería y la agroindustria forestal.
III. BIBLIOGRAFÍA AMAZÓNICA Y PANDINA
El análisis de la producción bibliográfica en Cobija, muestra una producción intelectual notable y al mismo tiempo invisible, pues existe un notable vacío para valorar en su justa dimensión el aporte pandino a la literatura boliviana.
La notable Bibliografía del Noroeste boliviano, que compiló Jean Claude Roux para su obra Les orients boliviens, conformada por 282 títulos, constituye una visión muy amplia, mas no completa sobre la Amazonía en general y Pando en particular, existente en 10 repositorios y cuatro colecciones particulares. Una rápida revisión muestra un total de 129 títulos para el siglo XIX y 206 referencias para el siglo XX. 11 títulos no llevan referencias de fecha.
El significativo dato para el siglo XIX demuestra el interés de los intelectuales hacia la amazonía y Pando. Sin embargo, no podemos afirmar lo propio para el siglo XX y el XXI, pues la muestra es menor y al parecer no sería representativa de lo que se ha estado produciendo en los últimos tiempos por intelectuales pandinos y no pandinos. Un aspecto muy importante es que la relación de Roux solamente consigna obras del campo de la historia, la economía, la política y la sociología, muy poco de cultura, y prácticamente nada de literatura en sus diversos géneros (novela, cuento, poesía).
Los propios intelectuales pandinos han tratado de llenar ese sensible vacío. Al respecto mencionamos el trabajo de Teddy Farrachol Arzabe, que recoge la bibliografía beniana y pandina. En el capítulo referido a Pando identifica 66 títulos para el periodo 1944 a 2004, de un total de 19 autores, de los cuales uno sólo es citado, parcialmente por Roux en su Bibliografía sobre el Noroeste Boliviano ya mencionado.
¿CUÁL LA RAZÓN PARA ESTA NOTABLE OMISIÓN?
Sin duda, el trabajo de Roux es referencial, pues la bibliografía pandina es mucho más amplia aunque se ha invisibilizado injustamente, pues no aparece en los repertorios oficiales de la Bibliografía Boliviana, por cuanto un gran porcentaje de la producción bibliográfica pandina carece del deposito legal.
Veamos algunos ejemplos concretos de obras sin depósito legal. Algunos importantes títulos de la autoría de Carlos Saavedra Pérez: Tradiciones, relatos y leyendas del Departamento Pando (1999); Cosas de mi ciudad (Una visión diferente de la Cobija de fines del siglo XX) (2000); Pando: el último paraíso (2001); Mi tierra y mi gente (El Departamento Pando en historias cortas), (2002). Como algo paradójico, la misma obra de Teddy Farrachol Arzabe, Bibliografía beniana y pandina, publicada en Trinidad el 2005, que trae una addenda del Prof. Oscar Guerrero Peñaranda, en una nota titulada “Rescatando memorias de Pando”, incluye datos de 16 referencias bibliográficas de igual número de autores que deben incluirse en cualquier bibliografía pandina.
Finalmente, no se ha considerado en ninguna de las obras mencionadas la extensa producción bibliográfica del Instituto Lingüístico de Verano, entre 1955 y 1985, fecha de su expulsión del país, que nos muestra la cara etnográfica y de conversión al protestantismo, de los pueblos indígenas de las tierras bajas, en las que han trabajado los llamados ‘lingüistas’ de la Universidad de Oklahoma.
IV. LA BIBLIOTECA DE CHELIO LUNA PIZARRO
Un grupo de intelectuales de Cobija, agrupados en la Sociedad de Escritores de Pando y el Comité Departamental de Clubes del Libro de Pando, han establecido una especie de cuartel general en las dependencias de la Unidad de Cultura de la Prefectura de Pando, en la Av. 9 de febrero. Allí uno observa el culto a la historia y la literatura pandina.
En esa institución encontramos la Biblioteca de Chelio Luna Pizarro, emblemático defensor de la capitalía de Cobija y notable ejemplo de la entrega a la historia regional.
Chelio Luna Pizarro nació en la ciudad de La Paz el 21 de agosto de 1917, donde pasó su educación formal. Muy joven hizo su conscripción militar en Cobija, donde formó su hogar. Su aporte a las letras de Pando se vierten en sus obras La Capital de Pando (La Paz, Don Bosco, 1952); Ensayo Monográfico del Departamento de Pando (Premio Franz Tamayo, 1975, publicado por Amigos del Libro en 1976), Primeros destellos de la historia de Pando (1989). En 1975 obtuvo el premio en el Concurso Departamental de Literatura de Pando, con su obra Misterio en Santa Rosa del Abuná. Como periodista fue redactor en La Verdad, órgano prefectural (1965), fue fundador y director de Voz Pandina (semanario cobijeño, 1947-1956), y de Opinión (Semanario cobijeño, 1968-1969).
La biblioteca de Chelio Luna Pizarro, donada a la ciudad de Cobija, constituye una de las colecciones más importantes para la historia regional. Allí se encuentran obras únicas y raras, rarísimos periódicos que coleccionó con vocación de papelista y numerosos manuscritos que son fuente indispensable a la hora de indagar sobre la historia de Pando y la Amazonía. Entre los diversos materiales documentales y bibliográficos, encontramos también los diplomas, reconocimientos y certificados propios de Chelio Luna Pizarro. La biblioteca está instalada en la Unidad de Cultura de la Prefectura de Pando, y es accesible a la comunidad lectora de esa ciudad. Está a cargo de la escritora Carmela Pinto, que cuenta con el apoyo del joven intelectual Lizardo Melgar Lera.
V. COMITÉ IMPULSO DEL ARCHIVO HISTÓRICO DE PANDO
Las fuentes primarias para la historia colonial de Pando simplemente no existen y la republicana adolece de grandes vacíos. Para muestra un botón: en la década del 70, durante la dictadura del general Hugo Bánzer, un prefecto del departamento Pando ordenó la incineración de la documentación total producida por la Delegación Nacional de Colonias en el Noroeste. Con esa acción depredadora, tan común en épocas pasadas, se borró la memoria histórica de aquella Delegación que es el antecedente que explica la fundación de Bahía (que luego cambió por Cobija) y la creación del Departamento Pando, en 1938.
Hoy las instituciones de Pando y su ciudad capital, experimentan un despegue sin parangón en su historia, y sus intelectuales han reparado en la necesidad de organizar su memoria administrativa e histórica, considerado como el más grande desafío del siglo XXI para Pando.
En aquella memorable sesión del 17 de julio, propiciada por la Unidad de Cultura de la Prefectura de Pando, el grupo de intelectuales expresó su vivo interés en organizar los archivos administrativos públicos y privados y por ende, como un resultado natural, el Archivo Histórico Departamental de Pando, anhelo sobre el cual se han elaborado varios proyectos, incluyendo el de la Secretaría de Desarrollo Humano de la Prefectura de Pando, a cargo de la socióloga Guadalupe Vacallanos Cuéllar.
En sus conclusiones, los intelectuales pandinos han determinado constituir el Comité Impulsor del Archivo Histórico del Departamento Pando, cuya directiva está conformada por la Lic. Guadalupe Vacallanos Cuellar (Presidenta), Elsy Alpire Vaca (Vicepresidenta), Prof. Carmela Pinto Hassan (Secretaria General) y varios vocales.
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