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| Archivología |
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| Publicado el 18 de Febrero de 2008 |
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La moderna biblioteca de la Universidad Católica Boliviana
Luis Oporto Ordóñez
Historiador, archivero diplomado en España
Director General Biblioteca y Archivo Histórico del H. Congreso Nacional
Docente de la Universidad Mayor de San Andrés (La Paz)
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El 14 de febrero, la Universidad Católica “San Pablo” de la ciudad de La Paz (Bolivia) inauguró su moderno edificio construido y equipado para uso exclusivo de su Biblioteca Central. Es un acontecimiento poco usual en nuestro país, lo que motiva estas líneas para compartir la grata experiencia. Entre los numerosos invitados estaba representantes de varias bibliotecas de nuestra ciudad, como la del Museo Nacional de Etnografía y Folklore, la del Banco Central de Bolivia, de la Universidad de La Salle, entre otros. |
La UCB cumplió el pasado 2006 40 años de existencia. Fue la primera universidad privada que se fundó en Bolivia, merced al Decreto con fuerza de Ley 7745 del 1 de agosto de 1966, cuando gobernaba en el país el General Alfredo Ovando Candia, en su condición de Jefe de la Junta Militar. Tiene sus orígenes en el Instituto Superior de Economía de Empresa, pues no había autorización para su funcionamiento como universidad. Es más, recién se incorporaría la disposición legal en el texto constitucional reformado de 1967, inserto en el capitulo referente al Régimen Cultural.
Los nombres de los fundadores han sido recogidos por Manuel Palenque en su artículo “Primeros pasos de la UCB, 1964-1980”, publicado el 2006. Entre ellos el Nuncio de aquella época, Carmine Rocco, tiene un sitial privilegiado, pues según ese testimonio fue una especie de ‘dinamo’. Otro impulsor fue el Arzobispo Abel Antezana. Monseñor Armando Gutiérrez fue el Gran Canciller, seguido de Genaro Prata, primer Rector; Francisco Nadal, Decano; y los profesores fundadores, Jorge Siles, Manuel Palenque, Salvador Romero P. y Luis Cáceres.
La UCB, en sus cuarenta años de existencia atesoró 40.000 ejemplares que hoy pasaron a formar parte de las colecciones de esta moderna biblioteca que atenderá no solamente a la comunidad universitaria propia sino a ajenos, previa acreditación, hecho destacable pues no es usual que estas bibliotecas se abran a la sociedad. No es la única novedad, pues han señalado sus organizadores que se ha implantado el servicio de estantería abierta, compartiendo el servicio indirecto o de estantería cerrada. Tercer punto de relieve es la decisión de conectar en línea las universidades del “sistema” de la Católica (Vg. La Paz, Cochabamba, Santa Cruz, Tarija).
Haciendo una digresión, esperamos que la portentosa Biblioteca Etnológica que organizó Hans van den Berg, ingrese en esta moderna ‘base de datos’ bibliográfica.
Luego de los actos protocolares pudimos visitar sus instalaciones, gentilmente atendido por el personal a cargo del edificio y los servicios. Como es ya una tradición en la UCB, son apoyados por estudiantes becarios que pagan de esa forma los costos de su educación. Se observa que tienen amor a su trabajo y vocación de servicio. Antes de empezar nos tropezamos con una agradable sorpresa. El Dr. Salvador Romero P. (quien en su columna en el periódico La Razón dedica muchos de sus escritos a las bibliotecas y librerías) esperaba ansioso a ocasionales visitantes, para mostrarles una selección de obras antiguas, raras y curiosas, todas ellas obras de arte d altísimo valor, ya sea por las guardas, por la época en que fueron impresas, o por la tipografía. Tuve a S. Romero como profesor de Sociología en la UMSA (universidad Mayor de San Andrés), y en sus clases se notaba que tenia una buena biblioteca de respaldo, pero al ver las joyas que selecciono para esta muestra, veo que no solamente era buena, sino muy, pero muy valiosa. Tiene, por ejemplo, obras que en vida pertenecieron al Dr. Víctor Paz Estenssoro (cuatro veces presidente de Bolivia) y de Augusto Céspedes, entre otros. De la biblioteca de Hans van den Berg, se pudo ver una edición original de la Recopilación de Leyes de Indias y la edición facsimilar del Vocabulario (Diccionario) de la Lengua Aymara de Ludovico Bertonio (edición de 1953), publicada originalmente en 1612.
La moderna Biblioteca fue diseñada por el arquitecto urbanista Ramiro Muñoz Moyano. Si bien es un proyecto de data antigua, las obras se iniciaron el 2005. La parte final estuvo a cargo de una joven profesional, Ing. Karla de la Gálvez. esta dispuesta en dos sótanos y cuatro plantas, con 200 puestos para consulta en sala, incluidos estaciones audiovisuales y 50 equipos de computación. La obra tuvo un costo de 1.400 dólares. Cada usuario tiene un tiempo suficiente gratuito para navegación en Internet. Donde se vea, existe innovación, por ejemplo, las salas de reuniones, donde grupos de jóvenes pueden discutir temas sin ‘molestar’ a los lectores. Quizá por ello no vi. letreros de ¡Silencio! aunque si están los que prohíben el uso de celulares. En otros espacios se han dispuesto salas para grupos de trabajo. De esa manera los estudiantes que tengan la obligación de desarrollar trabajos de grupo pueden hacerlo con amplia libertad y sin perturbar la paz que debe reinar en una sala de lectura. Y como ya lo dijimos, esta la sala de acceso directo, y en esta los mismos estudiantes se sirven con los materiales a su disposición.
Uno de los sótanos alberga la colección de tesis de la UCB (La Paz), desde la primera hasta la última. Y, lo más importante: están al servicio público. Notable esfuerzo, pues con la consulta que se ha facilitado, ya no se repetirán inútilmente muchos esfuerzos. Además en esas colecciones reside lo más destacable de la investigación de noveles profesionales habilitados para el ejercicio de su especialidad. Es cierto que el acervo es modesto, pero el edificio esta previsto para responder un crecimiento sostenido para muchos años, quizá hasta 40 o más, pues ya muchos de los libros vienen ahora en formato digital o electrónico. DE hecho, parte de las ‘colecciones’ son ya virtuales.
Celebro en lo personal este ejemplo de voluntad política de las autoridades de la UCB, y espero fervientemente que el ejemplo cunda y sea emulado por nuestras ya numerosas casas de estudio superior y que le presten la atención que requieren las bibliotecas. Estoy seguro que esta será la década de despegue de la infraestructura bibliotecaria y archivística en nuestro país, pues las instituciones responsables de su desarrollo (obligadas a hacerlo por ley) tienen recursos suficientes que provienen del ya celebre ‘impuesto directo a los hidrocarburos’ y por si fuera poco, tienen los recursos de la coparticipación tributaria. En otras palabras, ya no es un problema de recursos económicos, sino mas bien de voluntad política que traduzca un nivel de concienciación sobre la importancia de contar con instituciones bibliotecarias y archivísticas, fortalecidas y modernas al servicio de la sociedad.
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