| |
La Fundación no se identifica necesariamente ni se hace responsable de las opiniones vertidas en la sección FIRMAS. |
|
| Libro y lectura |
 |
| Publicado el 23 de Abril de 2007 |
| |
Exégesis del libro antiguo y raro*
Luis Oporto Ordóñez
Historiador, archivero diplomado en España
Director General Biblioteca y Archivo Histórico del H. Congreso Nacional
Docente de la Universidad Mayor de San Andrés (La Paz)
 |
 |
Disertaciones, conferencias, tertulias literarias, exposiciones, jalonan el mes de abril, en una agenda colectiva desplegada por más de 22 instituciones bibliotecarias y culturales de La Paz, para conmemorar el Día Mundial y Nacional del Libro, que se celebra cada 23 de abril. Ese colectivo, se agrupa en torno al Comité Impulsor de Apoyo a las Actividades de la UNESCO, como respuesta al cierre de su oficina en Bolivia. Fue constituido en abril de 2003 y posesionado precisamente por Ives de la Goublaye de Menorval, ex Representante de ese organismo en Bolivia. |
Hoy la celebración se ha extendido a la mayoría de las ciudades bolivianas, como Cochabamba, Oruro, Santa Cruz de la Sierra, todas ellas con numerosas actividades propiciadas por instituciones como bibliotecas, cámaras departamentales del libro y Asociaciones de Bibliotecarios.
En ese contexto, este año la Biblioteca y Archivo Histórico del H. Congreso Nacional y la Unidad Nacional de Bibliotecas, organizaron una exposición de libros antiguos y raros, en la que se exhibieron preciados tesoros bibliográficos, que posee la Biblioteca del Congreso, heredados de su época de oro.
Día Nacional del Libro. En Bolivia los antecedentes se remontan a la iniciativa de la Unión Boliviana de Clubes del Libro (UBCLI), que solicitó declarar el 23 como Día Nacional del Libro, reconociendo en el libro una función social invalorable e imprescindible como promotora de la dignidad, la libertad y la comprensión humanas. De esa forma, el Ministerio de Educación sancionó la solicitud con la Resolución Nº 1146 de 2 de abril de 1990, el 23 de abril como Día Nacional del Libro, aniversario de la muerte de Miguel de Cervantes Saavedra. El 18 de abril de este año, aprobó la Resolución Ministerial No. 271/07, que declara al 23 de abril como Jornada Nacional de Lectura, con cumplimiento obligatorio en las unidades educativas de toda la República, encargando su cumplimiento a los maestros del sistema educativo nacional y a las entidades e instituciones del sector público y privado relacionadas con el libro y la lectura, debiendo realizar actividades en pro de la lectura en todo el país.
Día Mundial del Libro. En España se celebra este acontecimiento desde 1930 y coincide con la entrega que hace el rey Juan Carlos I del Premio Miguel de Cervantes. En 1964 quedó instituido oficialmente como el Día del Libro para todos los países de lengua castellana y portuguesa. La rica tradición Cataluña de obsequiar el 23 de abril una rosa con cada libro vendido, fue la base de universalizar la costumbre, conmemorando de esa manera la memoria de grandes escritores como Miguel de Cervantes, William Shakespeare y el Inca Garcilazo de la Vega, que nacieron o murieron en esa emblemática fecha.
A principios de los 90, la Unión Internacional de Editores (UIE), planteó por primera vez la idea de designar al 23 de abril, como Día Mundial del Libro. Por su parte, la Comunidad Europea, lo proclamó como Día Europeo del Libro en 1993.
España planteó el proyecto definitivo a la UNESCO, coincidiendo con la propuesta de incluir el Derecho de Autor a la celebración, a moción de la Federación Rusa. De esa manera, en 1995, la 28 Reunión de la Conferencia General de la UNESCO, aprobó la Resolución 28 C/3, XVIII, proclamando el 23 de abril de cada año como Día Mundial del Libro y del Derecho de Autor, buscando generar conciencia en los Estados miembros sobre la importancia del libro para la difusión del conocimiento, por ser portador de información y cultura, es decir instrumentos para el cambio.
El libro, historia apasionante. En 1611, el célebre dramaturgo, William Shakespeare, mencionaba en su obra La Tempestad, que el libro tiene “el poder mágico de transformación de la realidad”.
¡QUÉ TREMENDA VERDAD ENCIERRA ESA AFIRMACIÓN!
El libro tiene esa virtud, pues es el principal medio de transmisión de conocimiento, enseñanzas, experiencias, que ha generado la humanidad y la ha inmortalizado por medio de su impresión en un soporte blando por antonomasia, el papel. No interesa si trata de temas reales o imaginarios, pero el libro transforma la realidad, la decodifica, la hace social, la humaniza.
El libro fue privilegiado, en todo tiempo y lugar. En cuanto nació fue expropiado por los grupos de poder. Qué sublime experiencia habrá sido la impresión del primer libro en planchas y tablas de barro y arcilla, hazaña alcanzada por antiguos pueblos sumerios de Babilonia y Mesopotamia, que de esa manera perpetuaron la experiencia de su cultura y civilización. Luego vino el papiro, material blando procedente del reino vegetal, caracterizado por su excesiva fragilidad, a la que le sucedió el pergamino, otro soporte blando, esta vez provisto por el reino animal.
La introducción del libro en papel provocó una primera crisis en la administración del conocimiento, pues significó la extinción de arcaicos soportes. El libro manuscrito de factura rústica, desplazó rápidamente a los primigenios libros, con el concurso de pacientes copistas y amanuenses. A su vez, Guttentag propició la revolución tipográfica, eliminando a la copia manuscrita, pues ahora se imprimían en serie –y en serio— cientos de ejemplares de un mismo título. Empezó el largo reinado del libro real impreso en papel, obnubilando toda otra forma de transmisión de conocimiento. Mas tarde, la aparición de la radio y el cine, complementó sus alcances.
El libro se resintió por primera vez con la aparición de la televisión, que atrapó a jóvenes y viejos, mujeres y hombres, quienes dejaron de acudir a su biblioteca de barrio, para pasar las horas de ocio pegados a la intrusiva pantalla chica. El golpe más fuerte, provocó la segunda crisis estructural que llegó rauda e imponente con la realidad virtual: películas interactivas, libros electrónicos, libros digitales, sumados a la radio, la televisión y el cine, que se pasaron rápidamente a esta nueva cultura. La multimedia provocó una especie de golpe de gracia contra el viejo libro físico: la disminución de su protagonismo cultural para transformar la realidad, aunque dista todavía mucho de desaparecer.
Sin embargo, el espíritu del libro, antiguo o moderno, no fue alterado, pues todas las formas posibles de transmisión de conocimiento --incluyendo las novísimas-- buscan por igual la accesibilidad del conocimiento, de las experiencias didácticas y el disfrute del ocio. El conocimiento llega hoy a todos los confines del planeta, a precios accesibles. Busca transformar la realidad, en suma, mejores días para la sociedad.
El falso debate generado alrededor del libro físico versus el libro virtual, no es sino una discusión bizantina, pues estas múltiples formas de transmisión del conocimiento, comparten espacios y gente; en el fondo son complementarios, no contradictorios.
EXÉGESIS DEL LIBRO ANTIGUO Y RARO
Como toda biblioteca que se precie, la Biblioteca del Congreso Nacional de la República de Bolivia atesora antiguas obras que en sí mismas constituyen la síntesis de la cultura y la civilización, los más de ellos valen porque son obras de arte, ya sea por su contenido, factura o por su encuadernación. Estas obras hacen a la historia misma de nuestra ilustre Biblioteca, que está avocada al servicio de la sociedad, a pesar de haberse creado en 1912, inicialmente como una biblioteca “destinada exclusivamente al servicio del Congreso Nacional”, por iniciativa del Senador por Oruro Moisés Ascarrunz. Apoyaron la campaña iniciada en septiembre de 1911, prominentes políticos como Macario Pinilla, Juan M. Saracho, Aníbal Capriles, Ismael Montes, Ignacio Calderón, Ricardo Mujía, Casto Rojas, Eduardo Diez de Medina, Manuel Ordóñez López y el bibliotecario municipal Justo Varela. Con quince mil bolivianos se adquirieron libros de Europa y otros países, por su parte las brigadas parlamentarias de varios departamentos de la República, contribuyeron para adquirir costosas enciclopedias. Además en encargó a los EE. UU. de Norteamérica, “estantería consagrada a guardar un verdadero tesoro bibliográfico”. Con el transcurso del tiempo se la dotó de una hemeroteca bastante completa, que constituye una valiosa fuente complementaria para la investigación. Poco a poco se fue abriendo al servicio público, hasta que en 1998, se fusionó en una sola entidad, junto al Archivo Legislativo de la H. Cámara de Diputados, transformándose en una de las bibliotecas más modernas, con tecnología de punta, servicios automatizados, página web en la que se puede consultar el catálogo en línea y las leyes nacionales.
Estos preciados tesoros culturales tienen una importancia mayúscula pues constituyen el patrimonio de todos los habitantes y estantes de Bolivia, pero para concienciar a la sociedad sobre el valor e importancia del Patrimonio Bibliográfico de la Nación, es preciso accesibilizarlos, pues consideramos que los únicos libros útiles son aquellos que se consultan, que se ponen al servicio de la sociedad, que se entregan a sus titulares, es decir que sirven con sus valiosos datos a quienes tengan necesidad de ellos.
Entre los numerosos libros antiguos y raros, menciono las Siete partidas del Sabio Rey Alfonso el Nono, que no es otra cosa que el Código Penal colonial, cuya primera edición fue mandada a imprimir en 1555; la Recopilación de Leyes de los Reinos de las Indias (Madrid, Imprenta de Jvlian de Paredes, 1681), recoge las leyes que normaron nuestra vida durante la administración española. El Itinerario para Párrocos de Indios, compuesto por el Obispo de Quito, Alonso de Peña y Montenegro (mandada a imprimir por la Orden de los Franciscano en 1681), contiene instrucciones precisas para el ejercicio sacerdotal de los curas de indios en las colonias españolas. El Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española edición oficial de 1732, permite conocer la visión de Europa sobre los habitantes originarios de las colonias españolas en América.
La magnífica edición de Mapas españoles de América (Siglos XV-XVII) rara edición de 312 ejemplares, publicado en Madrid, en edición facsimilar de 1951, trae la Descripción de la Audiencia de los Charcas de 1601, con las primigenias ciudades coloniales de Potosí, La Plata (hoy Sucre), Paria y La Paz y las posesiones de la Audiencia en el Litoral, como la Bahía de Santa Clara, Punta de Farallones, Punta de Mejillones y Punta de Motela. La edición original de la Real Ordenanza para el Establecimiento e Instrucción de Intendentes de Exército y Provincia en el Virreynato del Río de La Plata (Madrid, Imprenta Real, 1782), señala con claridad la pertenencia de la Provincia de Atacama a la Intendencia de Potosí, y con ella las poblaciones de su costa.
La obra titulada Sesiones Secretas de la Asamblea de Representantes (reunida en Sucre, el 10 de julio 1825), expone el debate sobre el destino del territorio de la Real Audiencia de Charcas, entre tres posibles derroteros: anexarse al Perú, a las Provincias Unidas del Río de La Plata, o declararse Nación independiente. El Atlas Histórico, Genealógico, Cronológico, Geográfico, etc., de Lesage, escrito por el Conde de Las Casas, traducido, corregido y aumentado por un Español Americano (París, Librería Hispano-Francesa de Bossange, 1826), que incluye por primera vez una referencia oficial de Bolivia con el nombre de Alto Perú, con datos oficiales de 1824, obra ésta atribuida a Vicente Pazos Kanki. El Voyage dans l’Amerique Meridionale, de Alcides D’Orbigny (París, Chez P. Bertrand, 1846. Once tomos), recoge las impresiones de su monumental viaje (1826-1833) por Brasil, Uruguay, Argentina, Chile, Bolivia y Perú, e incluye cartografía y grabados de su Litoral. El Atlas Universel de Geographie Ancienne et Moderne (París, Imprenta P. C. Lehuby Librarie, 1841) de M. La Pie, muestran las poblaciones del Litoral boliviano, que documental el acceso libre y soberano al mar de la República de Bolivia en aquella época.
El Informe del Secretario del Senado Nacional (Moisés Ascarrunz) en la Solemne Inauguración de la Biblioteca del Congreso (La Paz, Imp. Velarde, 1912), describe la historia de la Biblioteca del Congreso y expone el listado de los primeros libros que se adquirieron. La Historia de los Juicios de Responsabilidades 1828-1947 (La Paz, H. Congreso Nacional, 1948), de León M. Loza, curiosa edición mimeografiada que describe y analiza minuciosamente los juicios de responsabilidades en nuestra historia.
Pese al alto valor histórico y librario que tienen estos volúmenes, no puede privarse de su uso a los miembros de nuestra sociedad que tienen el derecho legítimo a usar esta información, pero al mismo tiempo adquieren la obligación de coadyuvar en su conservación, protección y salvaguarda, de cualesquier fenómeno natural, social, político, económico, que atente contra ellos.
Los custodios, no somos sino mecanismos para garantizar esos nobles propósitos que nos guían, por cuanto las leyes nos señalan esa misión en nuestra calidad de servidores públicos.

23 de Abril: Día Mundial y Nacional del Libro, del Derecho de Autor y del Idioma.
Subir |
|
|
|