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  FIRMAS: JOSÉ ENEBRAL FERNÁNDEZ CD
 
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Innovación
Publicado el 08 de Febrero de 2010
 

El único aprendizaje realmente valioso

José Enebral Fernández
Consultor y conferenciante

José Enebral Ya lo han dicho numerosos expertos bien conocidos, incluido Arie de Geus: el único aprendizaje valioso para una empresa es el realizado por personas que lo pueden aplicar, que tienen poder para actuar en consecuencia. En verdad se habla mucho del aprendizaje permanente en la economía del conocimiento, pero al final el profesional puede verse a menudo ante el dilema de aplicar lo que sabe, o seguir las instrucciones recibidas de su superior jerárquico, quizá menos experto en determinados temas.

Todo es desde luego más complejo y cada empresa es distinta, pero es verdad que el aprendizaje continuo (lifelong & lifewide learning) de los trabajadores expertos —su conocimiento— no siempre se valora debidamente, ni se aprovecha. Todavía, a veces, parece valorarse más la obediencia que la inteligencia, la sumisión que la iniciativa; todavía hay ejecutivos que ven a sus trabajadores como recursos de carne y hueso, y no como portadores de capital humano; todavía hay empresas que parecen instaladas en la Teoría X de McGregor, y no en su Teoría Y.

Creo que hay que decir lo anterior, por duro que parezca, en reconocimiento de las empresas que catalizan la expresión de su capital humano, y cuya productividad y competitividad se benefician de ello. Cada empresa es soberana al respecto, pero los expertos en inteligencia de las organizaciones, incluidos ejecutivos que atesoran experiencias muy valiosas, apuntan al máximo aprovechamiento del potencial de las personas, en sintonía con los valores y objetivos de la empresa.

Hoy se despliegan grandes esfuerzos de formación en nuestro país, a la vez que se denuncia que tales esfuerzos son poco rentables. Hace apenas una semana leíamos en RRHHDigital: “Si ponemos cien empleados en un programa típico de formación corporativa, menos del 20% acabará utilizando lo que ha aprendido”. Por otra parte, se orquestan numerosos programas de formación para desempleados, sin que se reduzca el número correspondiente. No, no podemos pensar que el nivel de paro se deba a falta de formación, aunque sí resulte aconsejable el aprendizaje intensivo cuando, lamentablemente, no se tenga otra actividad.

Temo que a menudo se sigan cursos en busca del certificado correspondiente, tal como estudiábamos en la universidad tras la consecución del título. Yo me titulé en Electrónica Industrial y me enseñaron el triodo y el transistor, mientras la industria se hallaba en los circuitos integrados. Por otra parte, luego me pedían un título, entre varios posibles de distintas facultades, para incorporarme al puesto de trabajo a que accedí en ITT. Fue entonces cuando empecé a aprender lo que debía aplicar.

No cabe negar que todo aprendizaje es bueno y aun probablemente valioso; pero es más útil aquel que aplicamos profesionalmente. Si mi empresa, por razón de urgencias o prioridades, me instara a preterir los criterios de calidad y profesionalidad, me sentiría frustrado. No parece que haya hoy gran espacio para la objeción de conciencia, pero sí al menos para la frustración. Obviamente, hay muchas empresas en que la profesionalidad impera y el aprendizaje permanente se cultiva.

Las necesidades de cada trabajador o directivo pueden ser muy específicas y no siempre se resuelven en una acción formativa de carácter colectivo. Por eso cabe seguramente esperar un crecimiento sensible del autodidactismo y el aprendizaje informal, aunque no vayan seguidos de diplomas. El trabajo nos exige cada día documentarnos bien, buscar información valiosa y traducirla debidamente a conocimiento aplicable. No dejemos de documentarnos y aprender, en beneficio de la productividad individual y colectiva.

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