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| Tecnologías de la información |
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| Publicado el 11 de Febrero de 2008 |
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Y la información, multimedia
José Enebral Fernández
Consultor de Nanfor Ibérica
Conferenciante de Káleidom ISB
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Así como podemos decir que el mundo es en color, parece que pronto será multimedia casi toda la información digital disponible, en beneficio de su traducción a conocimiento y aprovechando la creciente capacidad de los soportes. No es que el hecho de ser multimedia asegure su efectividad, pero sí que puede mejorar su potencial al respecto. |
Hay que recordar que, al comienzo de los años 80, en el panorama de la información, el conocimiento y la comunicación, podía hablarse por separado —como si no tuvieran todavía mucho que ver— de sectores de actividad tales como la Telecomunicación, la Informática, la Prensa, la Televisión, la Enseñanza, la Industria Editorial, la Electrónica doméstica, y quizá otros; pero el avance de la tecnología electrónica e informática iría abriendo expectativas de solape y desarrollo sinérgico de todos los mencionados sectores.
Fue en esos primeros años de la década cuando comenzó a popularizarse el PC —el ordenador personal— y el consiguiente concepto de interactividad o comunicación hombre-máquina (ya manejado entonces con grandes ordenadores); pero también en aquellos años las tradicionales redes de conmutación telefónica electromecánica habían previsto ya digitalizarse para dar respuesta a las emergentes necesidades de conmutación y transmisión de datos. Empezaban a sonar (mediados los años 80) términos como ofimática, red digital de servicios integrados, datáfono, fax…, y también recuerdo haber conocido entonces el buzzword “multimedia”.
Veinte años después, no sólo hablamos, en general, de la “industria multimedia”, sino que en toda Europa se trabaja ya en pro, y en pos, de una relación más efectiva entre las fuentes de información y sus usuarios; esto incluye nuevos elementos, tales como las herramientas multimedia que nos permiten incorporar audio, animación y vídeo, en nuestras presentaciones o localizaciones www. Además de manejarnos con las herramientas ofimáticas habituales, habremos de incorporar ciertamente a nuestro perfil profesional las nuevas destrezas multimedia.
Hay también otros muchos elementos desplegados en beneficio de la efectividad de la información; por ejemplo, las tecnologías semánticas. Sin duda, asignar el significado correcto a los significantes constituye un reto cardinal, pero tampoco olvidaría yo la semiótica particular de la pantalla que casi todos tenemos delante, en nuestro puesto de trabajo. Así como hablamos de la semiótica del cine, podemos seguramente hablar de la semiótica de la información multimedia.
Estuve hace casi un mes en una jornada organizada por el ICEX y oí decir, para mi satisfacción, que estábamos en la era de los contenidos. Conviene ciertamente recordarlo, porque a veces me parece que estamos en la de los continentes. He creído siempre que la tecnología debía poner al servicio de la comunicación, de la información y de su aprehendizaje, pero confieso que he percibido en alguna ocasión lo contrario.
Todavía recuerdo que, hará unos cinco años, en un libro sobre las mejores prácticas del e-learning, leí con cierto estupor cómo uno de los autores sostenía: “Los contenidos han sido magnificados durante estos tres o cuatro años pasados, sin que se entienda muy bien la razón. Es obvio que cuanto más atractivos sean y mejor se hayan desarrollado pedagógicamente, mayor será su aceptación por los alumnos; pero no está claro que ésta sea la clave del autoestudio”. Y continuaba: “Por tanto, los contenidos, en sus diversas formas, son necesarios (...) pero son sólo una parte, quizá no la más significativa del éxito”.
Parece que este autor no apostaba por una excelente calidad didáctica de los contenidos, y lo justificaba: “Quien más y quien menos se ha visto obligado a adquirir conocimientos complejos con medios precarios. Recordemos la universidad (…) con las fotocopias de los apuntes del más estudioso de la clase: contenidos más precarios, imposible”. Afortunadamente, en el mismo libro otros autores destacaban la importancia de contar con contenidos de calidad en los cursos on line, típicamente caracterizados por su interactividad y por su contenido multimedia.
Pero, se trate de información didáctica para nutrir conocimientos, o de información general para ser debidamente interpretada, ha de cuidarse algo más sin duda. Hace poco les relataba en esta misma sección otra experiencia propia: compré en unos grandes almacenes un humidificador de agua fría y comenté a la señorita que me atendió que no había tenido nunca uno (había utilizado los de agua caliente). “No se preocupe: viene una hoja de instrucciones”, me dijo. Al llegar a casa fui incapaz de hacerlo funcionar, aunque a la mañana siguiente tuve una señal intuitiva que me iluminó… (No digo que siempre haya que utilizar un vídeo para informar, pero sí puede resultar necesario incorporar fotos, dibujos, esquemas, etc., más allá de la mera información textual, a veces mal traducida).
En definitiva, preparémonos para acceder a información multimedia, y también para generarla; pero no olvidemos la calidad. Un falso aprendizaje o aprehendizaje puede resultar fatal, considerando que pertenecemos a la denominada economía del conocimiento.
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