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  FIRMAS: JOSÉ ENEBRAL FERNÁNDEZ CD
 
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Formación online
Publicado el 4 de Diciembre de 2007
 

De la calidad de la formación online

José Enebral Fernández
Consultor de Nanfor Ibérica
Conferenciante de Káleidom ISB

José Enebral Acabo de entrar en Google con los términos “e-learning” y “calidad”, y he observado que la búsqueda genera un millón y medio de resultados. Quería ver qué se decía en este final de 2007 sobre la calidad atribuida a los cursos on line, es decir, sobre la efectividad del aprendizaje generado por esta modalidad de formación. Hacía tiempo que no leía ni escribía yo sobre el e-learning corporativo, pero mi interés viene de tiempo atrás: hace 20 años, me dedicaba al diseño de cursos (off line) servidos por ordenador y también escribía guiones para vídeo interactivo.

Ya por entonces, e identificando la Enseñanza Asistida por Ordenador con la tradicional enseñanza programada impresa, me inquietaba la satisfacción del usuario, tanto en lo referido al “manejo” del curso como a lo fluido y significativo del aprendizaje perseguido. Había que conseguir que el usuario fluyera en su aprendizaje, sin atascos o discontinuidades; que percibiera sus progresos y que nutriera su adhesión al nuevo método.

Cuando, en torno al año 2000 y coincidiendo con la etapa on line, empezamos todos a utilizar el término “e-learning”, volví a percibir que la urgencia en dotar de contenidos las plataformas desplegadas por grandes empresas ponía en riesgo la calidad (eficacia didáctica) de los cursos. Parecía entonces que íbamos a asistir a un rápido crecimiento del e-learning corporativo, y los proveedores se asociaron en Madrid (Apel) y Barcelona (Aefol) para encarar el reto y defender su negocio.

Como ejemplo de las expectativas de crecimiento, recuerdo que uno de los principales proveedores envió notas de prensa anunciando que su facturación se iba a cuadruplicar en dos años; sin embargo, en vez de facturar en 2003 los 30 millones de euros anunciados, se quedó en la quinta parte (unos 6 millones), tras cosechar importantes pérdidas en 2002.

Las cosas no cambiaron tan rápido como habían previsto algunos proveedores, y aquí podría quizá hablarse de previsiones demasiados optimistas y de alguna insatisfacción de los usuarios. Creo, en efecto, que por entonces los usuarios no vieron satisfechas sus expectativas de aprendizaje y que preferían la tradicional formación en sala. De hecho, en 2002 ya empezó a hablarse del blended-learning, como una idónea combinación de la formación en sala y las sesiones on line. Parecía admitirse que el e-learning, por sí solo y en determinados casos, podría resultar insuficiente para colmar expectativas.

El lector tendrá su opinión al respecto, pero yo, en 2003 y 2004, y sin dejar de pensar en la calidad, ya me preguntaba qué debíamos entender por e-learning y por blended-learning, y al respecto publiqué algunos artículos en Internet. Por cierto, entre los diez primeros resultados de la búsqueda en Google de que les hablaba, he encontrado un texto mío de 2003 que quizá hoy escribiría con mayor precisión, aunque básicamente diría lo mismo: se ha de cuidar que el usuario aprenda, con la mayor fluidez, lo que necesite aprender para hacer mejor su trabajo; se han de cuidar, en definitiva, los contenidos.

Curiosamente, me pareció que algunos proveedores y clientes relativizaban en 2003 la importancia de la calidad en los contenidos, o hablaban quizá de los mismos refiriéndose más a las formas (diseño gráfico, animación, etc.) que a los fondos. También había entonces quienes consideraban exitoso un programa de e-learning en función del end rate y sin hacer referencia al aprendizaje aplicable generado; de modo que, en esos casos, podría bastar con estimular el seguimiento de los cursos (sistemas de créditos, puntos canjeables por obsequios, etc.), para asegurar el éxito. Pero déjenme insistir, si el lector asiente, en que se trata de proporcionar al usuario la información que necesita para generar un sólido y valioso conocimiento aplicable.

¿Ha mejorado hoy, al final de 2007, la satisfacción de los usuarios de sesiones de aprendizaje on line? Lo que yo he detectado es que hay insistente preocupación por el aseguramiento de la calidad del e-learning, y ello me hace pensar que pueda seguir habiendo deficiencias al respecto. Creo que todos debemos aprovechar las posibilidades de las Tecnologías de la Información y la Comunicación, TIC, también para el aprendizaje permanente; es decir, el e-learning resulta incuestionable en la denominada Sociedad de la Información. Otra cosa es que la información que se nos ofrezca, en soporte impreso o electrónico, en lineal o en interactivo, resulte fácilmente traducible a conocimiento valioso y aplicable.

No creo que esté en cuestión el e-learning como método de aprendizaje; lo que parece estar en cuestión es la calidad de algunos productos y servicios ofrecidos a los usuarios. Dicho de otro modo, no importaría tanto si el material didáctico (la información a traducir a conocimiento) nos llegara impreso o en pantalla, como que fuera realmente de buena calidad; pero hay al menos un par de factores, la interactividad y la combinación de medios (multimedia) que, idóneamente utilizados, darían ventaja al ordenador.

En cuanto a la mencionada preocupación por asegurar la calidad, temo que algún producto goce de la aquiescencia de algunos de los controles desplegados, pero que luego los usuarios vean, no obstante, insatisfechas sus expectativas. Si esto ocurriera, habríamos de revisar nuestra concepción de la calidad: a mí, por ejemplo —el lector podrá tener otras experiencias—, me parece que determinados electrodomésticos son cada vez de peor calidad, aunque vengan con una etiqueta de certificación… En definitiva, me cuesta hablar de calidad sin hacerlo de la satisfacción del usuario, aunque el tema resulte más complejo de lo que parece; quizá habría que hablar menos de calidad y más de efectividad del aprendizaje.

En el tiempo que vivimos, por una parte el ordenador nos procura acceso a muchísima información, más o menos sencilla de traducir a conocimiento, y por otra, la necesidad del aprendizaje permanente resulta incuestionable; además, el PC constituye un sólido canal para la comunicación, síncrona y asíncrona, entre quien ya sabe y quien desea aprender. Al respecto, no sé si podríamos en rigor hablar de e-learning o b-learning, en el caso de un curso tradicional en aula en que profesor y alumnos se comunicaran además por correo electrónico; o en el caso de la tradicional formación a distancia, utilizando ahora Internet en vez del teléfono o el correo postal… Al gusto.

Realmente, y para constatar las nuevas realidades de la tecnología y de la economía, nos venimos refiriendo tanto a la Sociedad de la Información como a la del Conocimiento, la del Aprendizaje o la de la Comunicación; pero querría insistir en la distancia entre la información, que reside en soportes físicos, y el conocimiento, que reside en personas. Un buen material didáctico on line ha de facilitar la correspondiente conversión, porque el diálogo usuario-ordenador se ve sensiblemente reducido en comparación con la comunicación viva docente-discente en un aula.

Si contáramos con un sistema síncrono y on line de comunicación alumno-profesor, yo hablaría más de comunicación que aprovecha el avance tecnológico, que de e-learning; pero ya sugiero que caben diferentes lecturas o interpretaciones del e-learning y del blended learning. Lo importante es que haya learning (aprendizaje) valioso, producido de modo que satisfaga al usuario del curso. La economía del conocimiento y la innovación exige una rigurosa, ágil y satisfactoria conversión, a conocimiento aplicable, de la mucha información disponible.

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