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| Información y Conocimiento |
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| Publicado el 26 de Octubre de 2007 |
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Conexiones y analogías
José Enebral Fernández
Consultor de Nanfor Ibérica
Conferenciante de Káleidom ISB
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Al consultar documentación, al aprender, al construir nuevo conocimiento, podemos establecer conexiones, analogías y aun abstracciones, y en ello querría detenerme. Un filósofo se extendería saboreando sus pensamientos relacionados con estas operaciones mentales, de cuya cotidianidad e importancia no cabe dudar. |
Estamos continuamente estableciendo conexiones para ubicar y enraizar nuestros conocimientos, para aplicarlos, para explicarlos; encontramos igualmente a menudo paralelismos y analogías que facilitan nuestra comunicación, nuestro análisis, nuestra síntesis. Hemos de ser, desde luego, precisos en el manejo de conceptos, en beneficio de la solidez de las conexiones y analogías, que a su vez proporcionan solvencia a nuestro aprendizaje y nuestra creatividad. Sin duda el lector habría preferido un filósofo y ha de valerse, empero y en estas reflexiones, con este ingeniero que tratará de ser práctico:
- Los conocimientos recién adquiridos se ubican en nuestros “mapas” correspondientes como piezas de puzle, encajando en todo lo anterior.
- Estos mapas son multidimensionales: en cada nueva adquisición hay diferentes criterios de conexión o categorización y quizá no utilizamos todos.
- Los conocimientos se conectan entre sí para su consolidación, de cara a la aplicación, a las inferencias, a la abstracción…
- Un nuevo conocimiento puede venir a ampliar el mapa, o a modificarlo por sustitución de piezas ya obsoletas, sobrepuestas o mal encajadas.
- La conexión puede tener efecto sinérgico, de modo que, por decirlo así, un conocimiento más otro no sumen dos, sino quizá tres.
- Se pueden producir valiosas conexiones de conocimientos fruto del análisis racional, y también, por ejemplo, de la intuición o de la casualidad.
- Las conexiones pueden ser de corto recorrido o de largo alcance, llegando a relacionar campos distintos del saber.
Cuando un biólogo encuentra una nueva especie, trata enseguida de conectarla; cuando recibimos una noticia, conciente e inconscientemente la conectamos; cuando leemos un libro de gestión empresarial, conectamos los mensajes con la realidad de nuestro entorno profesional… En definitiva cada percepción, cada nueva información, se conecta en nuestra memoria mediante diferentes ejes, y así se va construyendo el conocimiento. En esta intención, la analogía constituye una conexión especial, que nos permite, por ejemplo, relacionar soluciones en el caso de problemas que presentan similitudes, y a menudo contribuir así a la innovación.
Si Edward Jenner consiguió hacernos inmunes a la viruela en el siglo XVIII, también (análogamente) cabía concebir vacunas contra otras enfermedades, y así lo hicieron luego investigadores como el francés Louis Pasteur o el español Jaime Ferrán, en el XIX (el lector recordará, por cierto, que hay referencias muy antiguas de inmunización en Oriente, pero por entonces no estábamos todos tan comunicados). También, por referirnos ahora al avance técnico, se nos cuenta que Charles Duryea estaba tratando de resolver, en 1891, la llegada de carburante al motor del automóvil, cuando vio a su esposa perfumarse con un pulverizador: por ahí surgía una posible solución.
Sabemos, en efecto, que estas conexiones pueden ser casuales e intuitivas: en un momento dado, se conectaron la óptica y la astronomía, la electricidad y el magnetismo, la tecnología y la medicina. Spencer, creador del horno de microondas, conectó los efectos térmicos de la radiación con el guiso de alimentos, y enseguida probó con un huevo; Laennec, inventor del fonendoscopio, había jugado en su ciudad natal, Quimper, a comunicarse mediante canutos de cartón, y relacionó muy oportunamente esta experiencia con la auscultación; Hough supo que aquella sustancia resultante (la sucralosa) podría utilizarse como edulcorante acalórico, etc.
Howe, Kekulé y otros inventores y científicos relacionaron sus sueños con los problemas que les inquietaban; la analogía del Sistema Solar pareció ser útil al físico danés Bohr, o la de la fotografía al físico alemán Roentgen. Si repasamos, por cierto, los avances que fueron reconocidos con el Nobel, aparecen constantes conexiones. Guiándolos una íntima convicción, unos científicos se conectaron a las teorías o hipótesis desplegadas por otros, hasta demostrarlas y añadir más conocimiento; en ocasiones, la intuición de quienes dieron el segundo paso parecía ser incluso más profunda, más intensa, que la de quienes dieron el primero… Cuando describimos el perfil de los individuos creativos, destacamos su habilidad para advertir conexiones ocultas: estas conexiones constituyen puntos de apoyo desde los que desplegar los saltos cuánticos que caracterizan la innovación. Sin duda, el pensamiento conectivo resulta fundamental al consultar documentación y generar conocimiento.
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