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  FIRMAS: JOSÉ RAÚL VAQUERO CD
 
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Administración y Gobierno
Publicado el 27 de Octubre de 2009
 

Que me perdonen algunos políticos, pero yo no quiero una democracia sin ciudadanos

José Raúl Vaquero Pulido
Presidente de la Fundación Ciencias de la Documentación

José Raúl Vaquero Me tienen ustedes que perdonar, pero cada día entiendo menos esto de la democracia, a no ser, claro está, que para algunos políticos la democracia sea sólo eso de acercarnos a las urnas cada cierto tiempo para elegirles en el cargo y darles luz verde a lo que quieran hacer durante otros años, siempre en nuestro nombre, como no podía ser de otra manera; algo así como “todo para el pueblo pero sin el pueblo”, que mucho me suena a tiempos pasados … o que deberían ser pasados.

Hemos oído hasta la saciedad que la democracia es una forma representativa de gobierno que implica que tanto ciudadanos como autoridades ejerzan con responsabilidad sus derechos, sus libertades y sus obligaciones con apego a la legalidad y al respeto a los individuos, independientemente de su género, posición económica o etnia. Por ello la democracia requiere de ciudadanos activos, bien informados, comprometidos y partícipes de la vida política del país.

Y es en este punto, querido lector, donde empiezan a fraguarse mis dudas de incomprensión, pues ante sentencia tan lógica como la anterior, algunas sociedades se empecinan en seguir manteniendo una democracia sin ciudadanos, o mejor dicho, sin ciudadanos informados, que en el mejor de los casos alguna vez vota. Bien lo dice Federico Mayor Zaragoza, ex Director General de la UNESCO, cuando se refiere a que debemos pasar de súbditos a ciudadanos, lo cual sólo es posible desde dos ejes: educación en ciudadanía y formación en información.

La educación en ciudadanía favorece la reflexión personal, conocerse y respetar a los demás ciudadanos, lo que potencia la democracia, ya que está demostrado que países donde el respeto inter-ciudadanos es bajo las instituciones democráticas son débiles. La educación en ciudadanía se nutre de experiencias e información que conjugadas nos permiten analizar nuestro entorno y actuar en consecuencia evitando la uniformidad.

La formación en información nos aporta las habilidades necesarias para definir nuestros interrogantes, transformarlos en preguntas, utilizar las tecnologías para localizar sus respuestas, asimilarlas y convertirlas en conocimiento que podemos a su vez difundir nuevamente a la sociedad.

Por tanto, ambos ejes suponen todo un proceso intelectual, que nos definen como actores de nuestra propia vida y relación con nuestro semejantes en un modelo de estado participativo, verdaderamente de diálogo y entendimiento. No parece difícil pues entender que la democracia pasa por la participación activa del ciudadano, educado y formado en información, que como auditor de la gestión pública genera gobernantes responsables.

Frente a esto, nos encontramos con que muchas sociedades están desmovilizadas políticamente, en una situación de letargo y embobamiento potenciado por informaciones “sin interés” o partidistas – cultivadas en algunos casos desde el poder -, que desvían la atención de la ciudadanía de su responsabilidad e influencia para construir otra sociedad más justa. Es por tanto, una democracia sin ciudadanos, sin igualdad ni participación.

Y nuevamente me tienen ustedes que perdonar, pero yo no quiero una democracia sin ciudadanos; yo quiero que los ciudadanos tengan la información oportuna y pertinente que les permita tomar decisiones sobre su futuro personal y social; yo quiero que los ciudadanos me critiquen, me planteen preguntas constructivas que nos hagan avanzar hacia una realidad común mejorada; yo quiero ciudadanos que interroguen a los entes públicos demandando información y exigiendo transparencia en sus gestiones; yo quiero ciudadanos que en igualdad de condiciones – no me importa el género, raza, creencia, estatus social y económico, procedencia o localización – puedan acceder desde las tecnologías a los mismos servicios públicos; yo quiero ciudadanos que dispongan de los mecanismos oportunos para que se les tenga en cuenta, y no sólo se les cuente, independientemente del “momento” electoral en el que nos encontremos; … en definitiva, yo quiero ciudadanos educados e informados al servicio del bien común.

¿Sueño demasiado? Usted me sabrá perdonar.

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