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| Sociedad de la Información |
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| Publicado el 11 de Septiembre de 2006 |
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Autopistas, carreteras y caminos de cabras de la información
Raquel Gómez Díaz
Profesora - Facultad de Documentación
Universidad de Salamanca
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En esta época en la que tanto se habla de la sociedad de la información, muchas veces llega a mi cabeza la imagen de los lugares escondidos, de aquellos paraísos ocultos a los que todos alguna vez hemos llegado al perder la pista de nuestro camino en el mapa.
Así es una parte de nuestro mundo, el mundo escondido, el que no aparece en los canales habituales de comunicación. Ese mundo al que las autopistas no llegan, al que solo podemos acceder a través de los caminos de cabras de la información. |
Desde los años noventa venimos utilizando el símil de las autopistas para referirnos a los canales por los que la información nos llega de manera casi instantánea. Muchos en esta época dependemos del correo electrónico, gracias al cual nos llegan noticias de nuestros amigos y colegas dispersos por múltiples lugares. Estamos tan acostumbrados a tener la información requerida en el momento que la necesitamos, que cuando perdemos la cobertura del móvil o una carretera no aparece en el GPS nos sentimos perdidos.
Hace años, cuando empezábamos a conocer las bondades de Internet, nos parecía que iba a ser la panacea, que se iban a poder saltar las barreras del espacio y el tiempo, y en cierto modo así es, aunque sólo para algunos. Gracias a Internet para muchos las distancias se han acortado, incluso podemos decir que para unos la vida es más fácil y cómoda, mientras que para otros, para muchos otros que no disponen ni de las infraestructuras ni de los medios para crearlas, la no utilización de las tecnologías de información y comunicación les está haciendo quedarse cada vez más atrás.
Hablamos de la brecha digital que hay entre aquellos que vemos que pierden el tren de la tecnología y aquellos que la utilizan. Los gobiernos de los países desarrollados ponen los recursos económicos en las escuelas para que los niños aprendan a manejar los medios tecnológicos y nos asombramos de cómo el nieto enseña al abuelo lo fácil que es encontrar información a través de la red. Los ordenadores en nuestro entorno han dejado de ser un artículo de lujo para convertirse en un electrodoméstico y herramienta de trabajo imprescindible en el mundo de hoy, y mientras nos preocupamos de que los que están a nuestro alrededor tengan toda la información necesaria a su alcance, otros crecen alejados de esa tecnología que consideramos imprescindible para el aprendizaje y desarrollo de nuestra sociedad, serán analfabetos tecnológicos y así la brecha digital se convierte en abismo, en un abismo que crece constantemente, que cada vez será más difícil de salvar, y en este mundo, mientras unos viajamos por cómodas autopistas otros tendrán que hacerlo por carreteras llenas de baches y cortes o incluso ir a pie por sinuosos caminos de cabras para alcanzar la información deseada.
A veces me pregunto por qué la información parece que sólo tiene un canal de ida, parece que a donde llega no vuelve. A rincones escondidos del corazón de África llega información de que en otros lugares la gente tiene mejores condiciones de vida. Información, que con todos los matices que queramos y condicionada por ciertos intereses alguien les hace llegar. Saben cómo vivimos y piensan que sus condiciones sociales mejorarán si son capaces de llegar, aunque tengan que arriesgar su vida atravesando el desierto y cruzando el mar en inestables barcazas para alcanzar el sueño de estar en el lugar del que tanto han oído hablar o que han visto a través de la televisión. A África llega información y yo me pregunto si por el canal que les llegó a ellos no podría llegarnos aquí la suya. ¿Por qué la información de África nos llega siempre de manera tan parcial y sesgada? ¿Por qué tiene para nosotros tan poco interés lo que allí ocurra?
Parece un contrasentido que en aquellos lugares de donde se extraen las materias primas necesarias para las tecnologías de la comunicación apenas tengan acceso a ellas. Países como la República Democrática del Congo que tienen el 80% mundial del coltán (abreviatura de columbita y tantalita, mineral utilizado en la fabricación de los ordenadores, móviles, satélites…) y donde en 2004, según los informes del Banco Mundial tan solo un habitante de cada mil tenían acceso a Internet. Países en los que su nivel de desarrollo no permite invertir en las infraestructuras necesarias para alcanzar la sociedad de la información que nosotros tenemos. Ciudadanos que serán analfabetos tecnológicos y cada vez estarán más lejos del desarrollo que en pleno siglo XXI deberían tener.
La tecnología puede ser un medio muy bueno que facilite el crecimiento de los países más pobres, favoreciendo la información y formación de las personas. Cuando en el año 2000 se redactaron los objetivos del milenio, parecía que en quince años se lograría erradicar la pobreza extrema y el hambre; lograr la enseñanza universal primaria; promover la igualdad entre los géneros y la autonomía de la mujer; reducir la mortalidad infantil; mejorar la salud materna; combatir el VIH/SIDA, el paludismo y otras enfermedades; garantizar la sostenibilidad del medio ambiente y fomentar una asociación mundial para el desarrollo. Pero cuando casi se ha cumplido la mitad del plazo marcado por la ONU, los países más desfavorecidos ni tienen ni están en condiciones de acceder a las TICs. Como afirma Medeau, el debate no debe centrarse en cual será la forma de llevar las TICs a los países más pobres, sino en cual es la mejor forma de que esos países saquen ventaja de ellas. Son un medio necesario para acortar las diferencias entre el norte y el sur y debemos trabajar en la minimización de esta distancia.
Como indica el lema del movimiento de la alter globalización, otro mundo es posible. Sin duda habrá otro mundo cuando todos podamos viajar por autopistas y nadie tenga que hacerlo por caminos tortuosos para llegar a la información deseada. Habrá otro mundo, esperemos que más justo y solidario, cuando la sociedad de la información incluya a todos.
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