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  FIRMAS: FRANCISCO LIMONCHE VALVERDE CD
 
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Pensamiento positivo
Publicado el 23 de Noviembre de 2006
 

La responsabilidad de pensar en positivo

Francisco Limonche Valverde
Ingeniero Técnico de Telecomunicación
Vicedecano COITT

Francisco Limonche Hay caminos que conducen a un mismo lugar, veredas y atajos, altillos y descensos que nos llevan al destino que nos hemos propuesto. Todos los seres humanos disponemos de un trazado para llegar del origen al final. Pero no todos los seres humanos somos conscientes de ello. Dormidos en la penumbra inducida o asumida que proporcionan nuestros propios miedos, apenas si acertamos a elevar el párpado apesadumbrado y vislumbrar el arco iris del cielo que nos aguarda.

Hay mucho ruido afuera. Con ruido es difícil de pensar, sentir o elevarse. El edificio que nos acoge dispone de infinitas ventanas. Hay quienes ven por todas ellas a un tiempo. Empero los hay también que carecen de la menor visión o siendo esta borrosa e incluso viendo no llegar a creer lo que están viendo.

Surge entonces la distancia que acompaña al más profundo de los temores: el de sentirse único y diferente a los demás. Profeso mi religión, mis creencias y todas las demás no son tan ciertas como las mías. Siento y mi sentimiento es el más auténtico de todos. Los demás no tienen tanta verdad ni tantos sentimientos como tengo yo.

Y es cierto. Cuando uno vive su propia verdad desde la honestidad que implica haber alcanzado el centro de sí, su verdad es LA VERDAD. Lo que ocurre entonces es que las demás lo son también, aunque no sean iguales a la nuestra.

Desde la experiencia vital de cada cual existen evidencias sobradas de que hay algo más que se pueda hacer que caminar sin el desasosiego de no entender las señales. Pensar, por ejemplo, desde la compasión, respecto del hermano, que no es contrario a mí, ni me tiene inquina o envidia sino que ve la vida desde alguna de sus otras ventanas y que por tanto su visión no puede ni probablemente deba de ser como la mía. Sentir que el respeto por los demás comienza por el propio respeto que me debo. Entender que la conciencia es la ciencia más elevada -con "ciencia" es que como se entienden las cosas -. Que cuando hay algo que se me escapa, que no entiendo o que me bloquea, es porque ha habido un descentramiento desde mi pensamiento a mi palabra y desde esta a mi acción.

Se puede y se debe de aprender a pensar en positivo. El subconsciente se moldea desde el consciente. Las repeticiones son útiles, pese a que en nuestra enseñanza primera el profesor haya sido tan o más ignorante que nosotros. No obstante, pensar en positivo implica otra responsabilidad: la de asumir la certeza de que soy el responsable principal de todo cuanto experimento. Podrían incluso quitarme la vida física; sin embargo, la capacidad de experimentar pensamientos, emociones, sentimientos y trascendencia seguirían siendo míos.

Se confunde a veces culpa con responsabilidad. La culpa es un concepto moral. La responsabilidad es una evidencia cotidiana.

¿Debe por tanto uno aceptar todo cuanto le venga? Cada cual puede aceptar lo que entienda o sienta que debe de aceptar. ¿Ello implica que cuando venga el golpe no te apartes? Al contrario. La responsabilidad no está reñida con la sensatez. Uno debe de asumir lo que desde lo más profundo de su conciencia sienta que deba. Si viene el golpe, lo más razonable y prudente parece que sea apartarse y no buscarlo más.

Y los pensamientos positivos ¿están reñidos con la sensatez? Evidentemente, no. Si apenas se consiguiese que un uno por ciento de los pensamientos que me piensan o pienso no me llevase por atajillos y quebradas que me descubren las carnes vivas de las ronchas, ya habría aportado valor al plano o mapa de destino que día a día dibujo en mi vida.

Plano o mapa que, desde el momento en el que he sido consciente que caminar es un ejercicio de experiencia, y que abrir los ojos del alma es ante todo disfrutar y no asustarse ante los aparentes precipicios, es conveniente trazarse para saber si deseo llegar al destino con la felicidad de saberme participe de mis propias decisiones.

El ser humano es un ser radiante y emisor. Emitimos palabras, emociones, sentimientos… y ruido. Aquietar lo que nos perturba y elevar lo que nos eleva, es quizá la mayor de las contribuciones que se puedan hacer en estos instantes de parto extenso. Salvar al mundo sin haberse salvado a uno mismo, además de un sin sentido no parece muy honesto.

Emitamos pensamientos de luz para que la luz nos brille desde los adentros. En esas nos vemos.

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